Kubo and the Two Strings (2016)

kubo_and_the_two_strings-posterSi bien no está basada en un mito en particular, la película Kubo and the Two Strings (Kubo y la búsqueda del samurai) posee una atmósfera que la asemeja a ese tipo de historias. Ambientada en el Japón feudal, la cinta presenta seres sobrenaturales, monstruos, espíritus y magia, los que se encuentran integrados al resto de los elementos presentes en el relato. A diferencia de obras como The Wizard of Oz (1939), donde se produce una distinción entre lo que es real y ficticio, en esta película los aspectos fantásticos forman parte del mundo que habitan sus personajes, llegando incluso a ocupar algunos espacios cotidianos de sus vidas, lo que hace recordar al trabajo de Studio Ghibli.

El estudio a cargo de la película es Laika, la compañía de animación estadounidense con sede en Portland que se especializa en la técnica del stop motion, responsable de cintas como Coraline (2009) y ParaNorman (2012). Puede resultar curioso que una historia tan ligada a la cultura japonesa haya sido realizada por una empresa norteamericana, con animadores y actores de raza blanca, especialmente en una época donde el whitewashing se ha transformado en una preocupación para Hollywood. Sin embargo, la meticulosidad demostrada por los responsables de la obra, así como la calidad del resultado final, permiten que nos centremos más en sus virtudes que en aquellos aspectos potencialmente cuestionables. La película, consciente de la capacidad evocativa del arte, aprovecha de explorar temas complejos, sin subestimar la inteligencia de los espectadores más jóvenes a través de unas efectivas metáforas.

En términos generales, la trama gira en torno a Kubo (Art Parkinson), un niño tuerto que se ve envuelto en una aventura tras ser atacado por sus tías maternas (Rooney Mara) por órdenes de su abuelo, el Rey Luna (Ralph Fiennes). Kubo es salvado por su madre, quien ocupa lo último que le resta de magia para enviarlo a otro lugar, embarcándolo en la misión de encontrar las partes de una poderosa armadura que perteneció a su desaparecido padre, un samurái llamado Hanzo. En su viaje será ayudado por Simio (Charlize Theron), un amuleto que cobró vida gracias a la magia de su madre, y Escarabajo (Matthew McConaughey), un guerrero que fue convertido en mitad insecto tiempo atrás.

Pese a ciertos detalles algo enredados, en lo medular la trama de la película es bastante sencilla, debiendo el protagonista emprender un épico viaje para poder obtener un determinado tesoro que lo ayude a derrotar a su enemigo. Para algunas personas el desarrollo del argumento puede ser hasta predecible, con ciertas revelaciones que en vez de sorpresas resultan en la confirmación de algo que ya se sospechaba. Pero ese no es el énfasis de la cinta, ya que sus esfuerzos no van encaminados a crear algo totalmente inesperado, sino que a tomar algo conocido y a contarlo de tal manera que resulte humano y resuene en el espectador, objetivo que se cumple.

La virtud más notoria de la obra se encuentra en la destreza técnica de los artistas involucrados, algo ligado íntimamente a la técnica del stop motion, que de por si requiere una dedicación especial, pero que en el caso de Laika ha alcanzado nuevas alturas. La fluidez de la animación, el nivel de los detalles, la textura de los materiales utilizados, el diseño de los personajes, lo intrincado de su funcionamiento, todo eso que ya estaba presente en sus anteriores trabajos es incrementado debido a la escala del tipo de historia narrada. Una aventura de esta envergadura requería de paisajes imponentes y diferentes entornos que la hicieran sentir importante, y el director Travis Knight así lo entendió. Una de las secuencias de acción más llamativas de la película involucra a un esqueleto gigantesco que no solo resulta impresionante en la pantalla, sino también en su proceso de ejecución, ya que los animadores debieron construir efectivamente una marioneta de enorme tamaño para que el efecto resultara convincente.

Pero Kubo and the Two Strings no solo es un enorme logro técnico, ya que es en su corazón donde encontramos su mayor virtud. La cinta funciona como una carta de amor al arte en general y a la narración en particular, gracias a la importancia que se le da a los relatos como medios para mantener viva la memoria y los valores de los pueblos. Una de las actividades que el protagonista desarrolla durante el día es contar historias en las calles de la aldea cercana, con la ayuda de su shamisen mágico que les otorga vida a las figuras de papel que crea a través del origami. El proceso consistente en darle movimiento a objetos inanimados puede ser visto incluso como una referencia al arte de la animación, lo que en caso alguno resulta excesivamente autorreferencial o autoindulgente por parte de los creadores de la película, sino que en una genuina muestra de afecto hacia el medio en el que trabajan.

Gracias a sus dotes como cuentista, Kubo no solo es capaz de cautivar a los habitantes de la aldea con sus historias, sino que contribuye a conservar esos relatos a lo largo del tiempo. La memoria es tratada en la cinta como una aliada fundamental de la identidad de las personas, transmitiendo ideas y lecciones por varias generaciones. Esta idea también es relacionada con la pérdida de un ser querido y cómo a través de nuestros recuerdos podemos mantener vigente su legado. Es justamente en el recuerdo de sus padres donde el protagonista encuentra el origen de su fuerza. Se trata de cuestiones difíciles de explicar en palabras, pero que la película logra desarrollar gracias a imágenes y sensaciones, permitiendo que sean comprendidas por la audiencia.

Como ocurría con los anteriores trabajos de Laika, esta cinta mezcla diversos tonos. Ligados a la misión en la que participa Kubo, la acción y la aventura están presentes a lo largo del metraje, pero también hay muestras de comedia e incluso de terror. Si bien la trama no está relacionada con elementos de ese género en particular con el mismo grado que Coraline o ParaNorman, hay momentos en los que se opta por una atmósfera más oscura, sobre todo en las escenas donde aparecen las tías del protagonista. Algo positivo de la visión del estudio es que reconoce la importancia de que las películas dirigidas al público infantil no sean demasiado inofensivas, sino que también incluyan aspectos menos agradables.

Y ese pensamiento no está limitado solo a imágenes que puedan producir miedo, sino que abarca ideas incómodas pero necesarias, como la manera en que lidiamos con la muerte de un ser querido. En vez de ser un simple elemento de la trama, como un episodio traumático en la vida del protagonista, el fallecimiento de un familiar se convierte en algo con lo que Kubo debe aprender a relacionarse. La película no aboga por la negación de este tipo de hechos, ni por mantenerlos ignorados; Kubo and the Two Strings busca reconocerlos y honrar el recuerdo de aquellas personas que ya no están con nosotros. La historia de Kubo es una historia de maduración, en la que debe aprender a valerse por sí mismo en un mundo que no necesariamente será fácil de explorar.

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