Everybody Wants Some!! (2016)

everybody_wants_some-posterLa anterior película Richard Linklater, la celebrada Boyhood (2014), sigue a su protagonista durante la mayor parte de su infancia, terminando cuando el joven entra a la universidad. En Everybody Wants Some!!, su nuevo trabajo, el director hace una especie de continuación de aquel viaje, pese a que se trata de otro personaje y está ambientada tres décadas antes. Puede que en términos concretos ambas cintas no tengan muchas similitudes, debido a las épocas en la que transcurren y a las circunstancias específicas que las rodean, pero en su espíritu existe un vínculo que las une y permite relacionarlas entre sí. Si en la anterior obra veíamos la transición de la niñez a la adultez, en esta somos testigos de los primeros pasos de independencia de su protagonista, de una persona que comienza a crear sus propias reglas.

Esta película ha sido relacionada además con otro título de Linklater, Dazed and Confused (1993), siendo publicitada como una “sucesora espiritual” de aquel trabajo que lo hizo famoso. El seguimiento que el director realizó de un grupo de personajes de una escuela secundaria es reemplazado esta vez por la experiencia de unos jóvenes en la universidad. Como en el caso de Boyhood, tampoco existe una sucesión directa entre ambas películas, aunque la diferencia temporal no es tan grande, ya que la anterior tenía lugar en 1976, mientras que ésta en 1980. La relación nuevamente se produce respecto de los temas tratados y la atmósfera que se quiere transmitir.

Existen también similitudes en términos narrativos, ya que la trama de ambas películas es minimalista, privilegiando los momentos individuales y las interacciones entre sus personajes por sobre los conflictos y los sucesos excesivamente elaborados. Everybody Wants Some!! parte tres días antes del inicio de clases en una universidad de Texas. De vez en cuando aparece un texto que nos indica cuánto falta para que comiencen las clases, pero esa cuenta atrás es simplemente referencial, ya que no existe un suspenso asociado a la llegada de ese momento. Cuando ocurre, es tratado con la misma sobriedad que cualquier otra escena, ya que el director no teme abrazar la cotidianeidad de sus historias.

Dentro de su filmografía existen relatos con un estilo y estructura más convencional, como School of Rock (2003), pero sus obras más características demuestran su talento para lidiar con los aspectos más ordinarios de la vida, como ocurre por ejemplo con su trilogía Before…, que básicamente muestra a sus dos protagonistas conversando. Con obras como esas, Linklater asume el desafío de probar que vale la pena contar incluso las historias más sencillas, ya que lo importante no es aquello que cuentan, sino cómo son contadas. Una película como Dazed and Confused funciona porque los personajes son interesantes y el ambiente en el que se desenvuelven es lo suficientemente llamativo para que nos entretengamos junto a ellos. Lamentablemente, esto no ocurre con el mismo nivel de efectividad en Everybody Wants Some!!

Una de las razones es que el grupo de personajes en torno al cual gira la trama no es tan diverso como en Dazed and Confused ni produce la misma empatía que el protagonista de Boyhood. El personaje principal, Jake (Blake Jenner), acaba de ingresar a la universidad gracias a una beca deportiva debido a su talento para el béisbol. La casa donde vivirá está llena de otros jugadores del equipo, cada uno más competitivo que el anterior, y todos con el mismo interés por las mujeres, las fiestas y el deporte. Es difícil identificarse con un grupo de jóvenes que son vistos como la elite de la universidad, que han sido considerados la mayor parte de su infancia como los mejores deportistas de sus respectivas escuelas, y cuyo estatus les permite gozar de ciertos privilegios que el resto de los estudiantes no tienen.

Hacer una película sobre este círculo de personas no es algo negativo per se, ya que la perspectiva desde la cual son retratados puede modificar el resultado final. Sin embargo, la cinta no hace demasiado por hacer comentarios sobre el exceso de testosterona ni los deseos de alcanzar un determinado ideal de masculinidad de los protagonistas, ni mucho menos por verlo a través de un lente más satírico o irónico. Salvo un par de ocasiones donde se reconoce lo extraña que es la competitividad que se produce entre estos compañeros de equipo, la obra opta por una visión más indulgente de sus personajes, dependiendo finalmente de cada espectador si se van a sentir identificados por lo que ven en la pantalla. No es que Jake y el resto de los personajes sean unos imbéciles, pero la falta de profundidad con la que son tratados evita que los veamos como personas con más de una dimensión.

Los rasgos distintivos de cada personaje se limitan a peculiaridades más bien superficiales, restringiéndolos así a una caracterización muy elemental. Aunque hay ciertos intentos por parte del director de crear conversaciones algo más profundas entre ellos, con diálogos que tratan de replicar los tipos de divagaciones filosóficas que están presentes en sus demás obras, éstas se notan algo forzadas y las ideas que surgen a través de ellas se acercan al lugar común. La película transcurre en una etapa intermedia en la vida de los personajes, quienes están aprendiendo a vivir como personas independientes, capaces de escoger las decisiones que marcarán su futuro, pero la falta de pretensiones de la cinta llega a jugarle en contra, al desaprovechar la oportunidad de explorar algunas de las interrogantes que pueden surgir durante esa edad.

Y no es el único tema interesante que es omitido. La historia narrada por la película permitía unos caminos muy atractivos, los que desafortunadamente se quedan en nada. Algunos son formulados, otros son insinuados, pero ninguno es desarrollado con la detención que se merece. Uno de los aspectos que más me gustó de la película es el romance entre Jake y una estudiante de teatro llamada Beverly (Zoey Deutch), sobre todo porque el entorno donde ella se desenvuelve es más interesante que el del protagonista. Además, las interacciones entre ellos resultan más agradables que las que tiene con sus compañeros de equipo, donde los intentos por transmitir un sentimiento de camaradería no terminan de convencer.

Everybody Wants Some!! se siente como una obra menor dentro de la filmografía de Richard Linklater. Puede que su ambición respecto de la película no haya sido muy grande, prefiriendo hacer algo más sencillo que profundo, pero aún así no existe el mismo encanto que en otros de sus trabajos. No está esa conexión humana que se nota al ver sus anteriores películas ni esa habilidad para hacer que lo mundano se convierta en algo fascinante. Los elogios que ha recibido por parte de la crítica parecen estar más inspirados por la reputación y trayectoria del director que por los méritos de este trabajo en particular.

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