Baskin (2015)

baskin-posterPara quienes disfrutan del cine de terror, puede ser difícil encontrar películas que los sorprendan y salgan de la norma. Como ocurre con todo género cinematográfico que goza de buena popularidad, el terror tiende a ocupar fórmulas e historias ya probadas, prefiriendo recurrir a lo conocido en vez de arriesgarse, lo que da como resultado una homogeneidad que puede llegar a ser monótona. ¿Cuántas películas sobre espíritus y exorcismos se estrenan cada año? Afortunadamente, aún existen lugares donde las ansias por intentar algo nuevo son más poderosas que la estrategia vacía de seguir la moda del momento. Si no es la escena indie de Estados Unidos, la respuesta la podemos encontrar fuera de las fronteras de aquel país, como en el caso de Baskin.

Proveniente de Turquía, una nación que no se caracteriza por el cine de género, menos aún por el de terror, la cinta es el primer largometraje del director Can Evrenol, siendo la historia una adaptación del cortometraje homónimo que había estrenado un par de años antes. La película parte con una secuencia a modo de prólogo, que nos muestra a un niño que se despierta en medio de la noche a examinar unos sonidos que vienen de otra habitación. Lo que encuentra es la presencia de un siniestro ser, del cual solo alcanzamos a ver su mano, que se extiende hacia el niño tratando de atraparlo. Un punto de partida como ese nos sumerge de inmediato en el tipo de atmósfera que la obra trata de transmitir y funciona como un recordatorio de que algo acecha y terminará atacando a los personajes.

Ya adentrados en la película descubrimos la identidad del niño del prólogo, quien años después se convierte en un joven policía llamado Arda (Gorkem Kasal). El personaje se encuentra junto a otros compañeros en una cafetería, pasando el rato. Las conversaciones no tardan en subir de tono, cambiando de apuestas sobre fútbol a chistes sobre sexo. Después de un altercado con el hijo del dueño del local, los policías se van para continuar con su turno de noche, recibiendo una petición de refuerzos de otra patrulla. El llamado proviene de una zona rural, a la que arriban de manera accidentada, tras haber perdido el rumbo y estrellar su vehículo en una laguna. Al llegar se encuentran con un edificio a mal traer, aparentemente abandonado, con una arquitectura laberíntica en la que es fácil perderse. Aunque entran al lugar guiados por el deber, los personajes se encuentran dentro de sus paredes con un espectáculo macabro que desearían no haber hallado.

Al llegar a este oscuro edificio, la película experimenta un notorio cambio en su intensidad. Hasta aquel momento el ritmo era más pausado, centrándose en la dinámica que se da entre sus personajes, limitando los elementos más tenebrosos del relato. Lo que se busca durante esos primeros minutos es mostrarnos los rasgos de la personalidad de los policías, los que si bien no llegan a ser más que arquetipos, al menos nos permiten diferenciarlos entre sí. Así, por ejemplo, tenemos a Arda, el novato que viene de la gran ciudad y está aprendiendo el oficio de sus compañeros más experimentados; Yavuz (Muharrem Bayrak), el miembro más impulsivo del grupo, que es tan deslenguado como violento; y Remzi (Ergun Kuyucu), el jefe de policía que actúa como una especie de mentor de Arda.

En esa primera mitad del metraje predominan las conversaciones y las interacciones entre sus personajes, mostrando incluso una escena donde los policías comienzan a cantar en el automóvil, un momento que les otorga humanidad y hace que la relación entre ellos resulte genuina. Este tono más aterrizado es reemplazado por una explosión de violencia gráfica cuando los protagonistas entran a investigar el edificio al que son llamados. Lo que ocurre a partir de ese punto es una mezcla de gore, sadismo, crueldad, repulsión, sexo, sangre, canibalismo y abominación. Es un descenso –posiblemente literal- a los infiernos, donde cada rincón de este lugar es peor que el anterior. La obra ha sido comparada con Jacob’s Ladder (1990), debido a la espiral de locura y tormentos a los que son expuestos sus personajes, y a The Texas Chain Saw Massacre (1974), por la manera en que sus protagonistas se encuentran de manera imprevista con un lugar de inimaginable maldad.

Un punto de comparación más reciente puede ser Bone Tomahawk (2015), el western dirigido por S. Craig Zahler que posee unas siniestras secuencias ligadas al cine de terror. Ambas películas tienen una primera mitad de ritmo tranquilo, que sufre un brusco y violento giro cuando los protagonistas llegan a un determinado lugar. Sin embargo, en Baskin la combinación de ambas piezas resulta más efectiva, ya que su preámbulo de combustión lenta no se siente como algo que debemos tolerar antes de llegar a lo rescatable del relato. Tanto la primera como la segunda mitad del metraje presentan sus respectivas virtudes, creando un interés que se extiende a lo largo de la cinta.

A eso también contribuye el estilo ocupado por Can Evrenol en esta obra. Elementos como la iluminación, el diseño de sonido, la dirección artística, la ubicación de la cámara, la composición de los planos, van dando forma a una atmósfera capaz de cautivar al espectador. Hay algunas referencias al cine de terror italiano de los años 70 y 80, especialmente al de Dario Argento y Lucio Fulci, así como a tendencias más contemporáneas como el brutal terror francés de la última década, desde Alexandre Aja hasta Pascal Laugier. Algo destacable de la película es que si bien recurre a escenas muy violentas y repulsivas durante su clímax, éstas no alcanzan el sensacionalismo burdo de un género como el torture porn, donde se utiliza cualquier método posible para choquear al espectador.

La importancia del estilo y la atmósfera permite además que la trama pueda prescindir de cierta lógica. Las líneas entre realidad y fantasía se difuminan en Baskin, haciendo que todo parezca una constante pesadilla, en la que uno no está del todo seguro cuándo está despierto y cuándo no. El relato juega con el orden cronológico de ciertas secuencias, introduce sueños dentro de otros sueños, y una narración que tiende más al misterio que a las explicaciones. Aunque la ambigüedad es una herramienta totalmente válida al momento de contar una historia, hay ciertos aspectos cuya presencia no queda del todo clara, como unas referencias a la predestinación de un par de personajes que no son debidamente desarrolladas.

Tampoco queda muy claro si la cinta está tratando de decir algo más que lo que termina mostrando. ¿Hay algo detrás del horror que sufren sus personajes y el pesimismo que rodea estas situaciones? Si examinamos con mucha detención podemos sacar algunas interpretaciones e ideas, pero eso puede ocurrir con cualquier tipo de películas que sea analizada en exceso. Personalmente, creo que la película no aspira a más que crear una experiencia para el espectador, la que no necesariamente debe ser entendida, sino que sentida. Sus pretensiones pueden no ser demasiado elevadas en cuanto a su contenido, pero no se puede negar la osadía que tiene para intentar algo fuera de lo común en términos estéticos. La cinta no se encuentra limitada por los géneros cinematográficos que ocupa, sino que los moldea según lo estima conveniente.

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