Midnight Special (2016)

midnight_special-posterDentro de la nueva generación de cineastas estadounidenses, aquellos que han desarrollado sus carreras durante los últimos 15 años, Jeff Nichols ocupa uno de los lugares más destacados. Las películas del oriundo de Little Rock, Arkansas, reflejan una especial conexión con la tierra donde creció, transmitiendo la particular atmósfera de las zonas rurales del sur de su país. Y aún más importante que eso, presentan un gran interés por sus personajes y la manera en que se relacionan entre sí, privilegiando la humanidad por sobre las tramas demasiado artificiosas o el estilo pirotécnico al que recurren otros directores. Aunque su obra Take Shelter (2011) difuminaba de vez en cuando la línea que separa la realidad de la fantasía, su filmografía ha tendido a ser aterrizada, manteniéndose dentro de los confines de lo plausible, algo que es alterado en su nuevo trabajo, Midnight Special, que cruza decididamente hacia el terreno de la ciencia ficción.

La película cuenta con una de las introducciones más fascinantes que he visto en mucho tiempo, no tanto por la complejidad de la misma, sino por lo bien que está hecha, destreza que permite captar la atención de la audiencia de inmediato. Un reporte de televisión nos informa del secuestro de un niño llamado Alton, de quien no se ha proporcionado una fotografía para su búsqueda. La noticia está siendo vista por Roy Tomlin (Michael Shannon), el hombre que es identificado por las autoridades como el principal sospechoso del crimen. Roy se encuentra en la habitación de un motel junto al niño (Jaeden Lieberher) y a un hombre llamado Lucas (Joel Edgerton), y rápidamente emprenden un viaje nocturno a través de la carretera en un vehículo con las luces apagadas, con la prisa de alguien que está siendo perseguido y que debe llegar pronto a su siguiente destino.

Mientras esto sucede, el lugar del cual fue extraído originalmente el niño -una comunidad hermética con rasgos inequívocos de secta religiosa- es objeto de una redada del FBI, que también se encuentran en busca de Alton. El líder de la comunidad y padre adoptivo del niño, Calvin Meyer (Sam Shepard), le explica al analista Paul Sevier (Sam Driver) que Alton es una persona especial, poseedor de unas habilidades que escapan de la comprensión del ser humano. Sus poderes incluyen la capacidad de captar ondas satelitales, lo que le permitió descifrar mensajes secretos del gobierno, consistentes en una serie de números que fueron interpretados por los miembros de la secta como verdaderos mensajes celestiales. Estas cifras esconden en realidad las coordenadas de un lugar donde dentro de un par de días ocurrirá un misterioso acontecimiento.

Si bien Midnight Special es la primera película de Jeff Nichols producida por un estudio tan grande como Warner Bros., con un presupuesto de varios millones de dólares, esto no ha comprometido en modo alguno la visión del director, quien incluso se atreve a empujar los límites de lo que había hecho antes. Mientras otros representantes del género de la ciencia ficción recurren a extensos diálogos expositivos, tecnicismos y explicaciones sobreabundantes para que al espectador le resulte sencillo seguir la historia narrada, Nichols opta por un relato más minimalista, dejando varios de los aspectos que rodean a la trama en la ambigüedad, obligando a la audiencia a llenar los vacíos. La cinta se toma su tiempo para explicar la relación que existe entre Roy, Alton y Lucas, el objetivo que tienen que cumplir, y en qué consisten las habilidades sobrehumanas del niño. Es tanto así, que la introducción de un personaje importante dentro de la película, Sarah (Kirsten Dunst), no ocurre sino después de media hora.

Dado que la cinta parte en medio del viaje de sus protagonistas y no recurre a ningún tipo de flashback durante el resto del metraje, hay aspectos de sus vidas pasadas que quedan en la oscuridad. Hay ciertos elementos a los que se hacen breves menciones, lo que nos da una idea de quiénes son y de dónde vienen, pero la mayoría de las cosas deben ser inferidas a través de la forma en que interactúan entre sí y cómo los actores les van dando forma gracias a sus interpretaciones. Ni siquiera el pilar narrativo del relato, consistente en la misión de los personajes y sus motivos para hacerla, quedan completamente claros, lo que puede ser frustrante para ciertas personas que exigen explicaciones de todo, pero el misterio está tan bien construido que se basta a sí mismo para hacer que la obra resulte cautivadora.

Hablar de esta película como una película de superhéroes no es una exageración, ya que las habilidades de Alton cumplen con los requisitos de cualquier otro personaje que hemos visto en los blockbusters de los últimos años. La gran diferencia es el enfoque de la obra, que prefiere una escala intimista y humana, en oposición a un espectáculo titánico donde el destino del mundo descansa sobre el resultado de una enorme batalla. El interés de Midnight Special, más que en lo que ocurre en términos fácticos, se encuentra sobre cómo todo lo mostrado afecta personalmente a sus protagonistas. Es cierto que Alton está siendo buscado por el gobierno y por miembros de la secta en la que vivía, y entre medio vemos secuencias de acción muy bien hechas, pero ese no es el núcleo de la obra. Su núcleo posee una naturaleza mucho más emotiva.

En el centro de la cinta se encuentra una historia sobre la paternidad, sobre la especial relación entre padres e hijos. Nichols escribió el guion algunos meses después de convertirse en padre, durante un tiempo en el que vivió en carne propia cómo los progenitores no necesariamente tienen control sobre el destino de sus hijos. A pesar del amor y abnegación que pueden tener, hay cosas que escapan de su accionar, y deben aprender a vivir con ello. No es casualidad que en la película Alton se encuentre en un ámbito completamente distinto al de sus padres, escapando de la comprensión de estos. Sus habilidades sobrehumanas pueden resultar estrafalarias, ligadas más a lo fantástico que a lo común y corriente, pero en términos simbólicos se parece a la situación que viven muchas familias.

La naturaleza de Alton puede ser vista como una metáfora sobre una enfermedad terminal o un trastorno mental, o simplemente como la barrera natural que separa a padres e hijos en relación a la forma en que ellos se desenvuelven con el mundo. El director ya ha mostrado en películas anteriores –como Mud (2012)- la forma en que niños y adultos poseen diferentes perspectivas sobre las cosas que los rodean, lo que se refuerza en esta obra. La clave se encuentra en poder reconocer las diferencias que los separan y aceptar que existen aspectos que no pueden controlar, para que llegado el momento crucial (cualquiera que sea), éste sea abordado con paz y no con frustración. Se trata de cuestiones complejas, que no pueden traducirse completamente en palabras, razón por la cual las escenas más trascendentales de la película son abordadas de manera no verbal.

Gracias a una efectiva combinación de elementos técnicos, desde la banda sonora de David Wingo, que compuso una melodía memorable y evocadora, hasta la fotografía de Adam Stone, que captura con precisión tanto los rostros de los personajes como los paisajes donde está ambientada la historia, Jeff Nichols crea una atmósfera que hace recordar a las mejores películas de ciencia ficción los años setenta y ochenta, como Close Encounters of the Third Kind (1977), y sin necesidad de recurrir a guiños baratos. Esto es complementado por la labor de los actores, que tienen la difícil misión de caracterizar a sus personajes, dándoles personalidades propias, no con diálogos, sino que con gestos más sutiles.

Si uno compara a esta película con otra como Interstellar (2014), por ejemplo, que también explora el vínculo afectivo entre padres e hijos a través de la ciencia ficción, el enfoque de ambas obras no puede ser más distinto. Allá donde Christopher Nolan prefería la verborrea técnica y la densidad de información, hasta el punto de transformar al amor en una variable física similar a la gravedad o la luz, Jeff Nichols abraza el misterio y reconoce lo fascinante que puede ser. El director no busca definir aquello que experimentan sus personajes, ni siquiera pretende traducirlo en palabras, su principal objetivo es mostrarlo con sinceridad.

Una estrategia como la de Midnight Special, donde la ambigüedad reemplaza a las explicaciones e incluso a las soluciones de los misterios, es difícil de manejar. Hay ocasiones en las que Nichols transita la delgada línea que separa lo enigmático de lo incomprensible, pero es capaz de lograr la coherencia narrativa necesaria. Puede que no se entreguen las respuestas de todas las preguntas formuladas por la cinta, pero eso no impide disfrutarla. En una escena de la película se menciona que Alton era capaz de mostrarles ciertas cosas a otras personas, pero éstas no eran visualizadas a través de imágenes, sino que como sentimientos; algo similar ocurre con esta obra, donde lo importante está más en las sensaciones que transmite que en los hechos que explica.

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3 pensamientos en “Midnight Special (2016)

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