Doctor Strange (2016)

doctor_strange-posterMarvel Studios ha cambiado la manera en que se hace el cine comercial en Estados Unidos. No solo ayudó a consolidar a las películas de superhéroes como las dominadoras de la taquilla mundial, sino que ha popularizado la idea de los universos cinematográficos cohesionados, donde diversos personajes ficticios comparten un mismo mundo y son capaces de colaborar entre sí de vez en cuando. El éxito de esta estrategia se materializó con el estreno de The Avengers (2012), la culminación de un proceso largo que implicó la creación de películas individuales para cada uno de sus personajes, preparando la reunión que tendría lugar en aquella cinta. Pero la complejidad y escala de ese proceso no es el único desafío que el estudio ha debido superar, ya que una cosa es alcanzar el éxito y otra resguardarlo.

Cada año se escriben docenas de artículos sobre la inminente muerte del cine de superhéroes y la fatiga que el género ha ido generando entre los espectadores, pero cada año las películas de Marvel Studios mantienen sus altos ingresos. La estrategia ocupada por el estudio consiste en dos pilares que apuntan a aspectos diversos, incluso opuestos, pero que deben alcanzar el suficiente equilibrio para evitar que sus películas caigan en la monotonía. El primero de esos elementos consiste en replicar una fórmula determinada, una manera de hacer películas que sea identificable por el público y que resulte familiar para ellos. Que se logre una identidad tal en las obras del estudio que al momento de ir al cine, los espectadores sepan qué es lo que se encontrarán. El segundo aspecto, en cambio, apunta a la introducción de elementos nuevos, a incorporar variaciones dentro de cada película que se estrena para que cada una se sienta como al novedoso, algo que las distinga de las anteriores películas.

Esto se cumple en la más reciente película del estudio, Doctor Strange (Doctor Strange: Hechicero supremo), que gira en torno a la magia y las dimensiones múltiples, nociones que no habían sido exploradas en las obras anteriores con el detalle que es mostrado acá. El protagonista de la cinta es Stephen Strange (Benedict Cumberbatch), un neurocirujano tan brillante como egocéntrico, que tras sufrir un grave accidente automovilístico –el que es representado con una exageración involuntariamente cómica en la película- queda incapacitado de utilizar sus manos de la misma forma que antes. Sin poder desarrollar su profesión con normalidad, y sumido en una profunda depresión, Strange abandona su antigua vida, incluida la única persona que se preocupa por él, la doctora Christine Palmer (Rachel McAdams), para embarcarse en un viaje a Nepal en busca de alguna solución a su problema. Al llegar a Katmandú conoce al Ancestral (Tilda Swinton), una hechicera que le enseñará a ver el mundo de una nueva manera, a través del manejo de las artes místicas.

Los elementos familiares de las películas de Marvel Studios se pueden ver en el humor utilizado por esta obra, al igual que en la estructura narrativa de la cinta, las referencias a otros trabajos y personajes del universo cinematográfico, y hasta los arquetipos dentro de los cuales se enmarcan los personajes. El protagonista presenta similitudes con el Tony Stark que interpreta Robert Downey Jr., siendo ambos hombres de gran inteligencia, arrogantes y acostumbrados a llevar una vida lujosa, quienes tras sufrir un episodio traumático en sus vidas y apremiados por un grave problema de salud, adoptan un estilo de vida distinto, menos egoísta. Desafortunadamente, que la película siga la fórmula ya utilizada por los demás trabajos del estudio significa además que incurrirá en defectos que ya hemos visto en otras películas de Marvel, como el villano poco llamativo y el limitado rol que tiene el personaje femenino que encarna al interés romántico del héroe, dos personajes que en esta película son interpretados por actores talentosos como Mads Mikkelsen y Rachel McAdams.

Ese tipo de problemas son suplidos en parte por las innovaciones introducidas por la película, sobre todo lo relativo a las habilidades de sus personajes. Ya en la primera escena de la cinta podemos ver cómo funciona la magia dentro del universo Marvel y qué tipo de cosas se pueden lograr con ella. Los hechiceros son capaces de modificar aquello que los rodea, incluidos los edificios, cuya arquitectura se va transformando de manera compleja, con elaborados movimientos y ensamblajes que parecen inspirados por el trabajo de M.C. Escher. Estas imágenes que aparecieron en el tráiler levantaron algunas comparaciones con la película Inception (2010), lo que es comprensible desde un punto de vista estético, pero si lo examinamos con detención Doctor Strange tiene una mayor conexión con otro título de Christopher Nolan, Interstellar (2014). En esa obra, la acción no ocurre en un mundo onírico, sino que en la propia realidad, transformando las variables del espacio-tiempo como los hechiceros de esta película.

Aunque estas secuencias son vistosas, los momentos más interesantes de la cinta no son los ambientados en nuestro mundo, sino que aquellos donde el protagonista es transportado a otras dimensiones. El atractivo visual de esas escenas es alucinante, transmitiendo la psicodelia que el artista Steve Ditko plasmó al momento de crear al personaje en los años 60 junto a Stan Lee. El viaje que emprende Strange al momento de conocer al Ancestral es de una inventiva que no se ha visto en otras películas de Marvel, logrando imágenes que parecen sacadas de alguna pintura surrealista o de la portada de un disco de Pink Floyd.

Lo bueno es que la cinta no se conforma solo con hacerlas atractivas desde un punto de vista estético, sino que aplica las reglas especiales que operan dentro de esas esferas de la realidad. Las escenas de acción presentes en la cinta aprovechan los hechizos ocupados por los personajes y las variables que operan en ese contexto, lo que queda de manifiesto en el clímax de la obra, donde en vez de recurrir a una batalla gigantesca donde la destrucción es el foco de atención, la forma en que se resuelve el conflicto es gracias al ingenio. Ese tipo de momentos son más bien acotados dentro de la trama, y uno queda con ganas de ver más, ya que las posibilidades que entrega el mundo donde se desenvuelve el protagonista son enormes.

En términos narrativos, Doctor Strange es bastante convencional. El personaje principal es introducido a una disciplina misteriosa, que escapa de su comprensión, debiendo ser guiado por personas más experimentadas que le enseñarán a manejar diversas habilidades y conceptos. Los primeros pasos resultan difíciles, pero poco a poco irá dominando ese arte hasta el punto de convertirse en uno de sus grandes exponentes. A lo largo de la travesía, el protagonista ocupa el rol del propio espectador, y las explicaciones de los demás personajes son tan útiles para él como para nosotros. Se trata de una dinámica muy parecida a la de The Matrix (1999), compartiendo además esa noción de que la realidad que conocemos no es tan simple como aparenta, sino que hay algo que se esconde bajo ella.

Las ideas que inspiraron la creación del personaje de Doctor Strange giran en torno a cuestiones que estuvieron de moda en la década de los 60, como el pensamiento New Age, el orientalismo y el misticismo. Uno de mis temores al momento de ver la película era la posibilidad de que se tomara demasiado en serio a sí misma, transformándose en un panfleto propagandístico acerca de ese tipo de filosofías, intentando denigrar a la ciencia y promocionar un tipo de pensamiento más ligado a la superstición que a lo comprobable. No quería que esto terminase siendo una especie de viaje de autodescubrimiento barato tipo Into the Wild (2007). Por fortuna, lo relacionado con esos pensamientos se encuentra acotado a lo estrictamente necesario, estando al servicio de las habilidades del personaje y del mundo que habita.

Al ser parte de una maquinaria tan grande y costosa, es entendible que Doctor Strange no sea una película demasiado arriesgada. Narrativamente, es una obra muy convencional, que es adornada por elementos creativos como la magia y las diferentes dimensiones con las que debe lidiar su protagonista. Ojalá que en el futuro Marvel Studios tenga la suficiente confianza en el personaje para dejarlo participar de aventuras tan extrañas como las que tiene en los cómics. Es una película muy entretenida (como ya es costumbre en los trabajos del estudios), con algunas lagunas lógicas y defectos que se pueden pasar por alto gracias al resto de sus fortalezas, pero que al igual que Deadpool (2016), ocupa la particular esencia de su protagonista no como el núcleo de la obra, sino que como un agregado de ella.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s