El abrazo de la serpiente (2015)

el_abrazo_de_la_serpiente-posterAunque en este blog la mayoría de las películas reseñadas son habladas en inglés, trato de vez en cuando de escribir sobre cintas que hayan sido hechas en Latinoamérica, intentando además que estas no sean solo chilenas. La diversidad nacional resulta beneficiosa ya que entrega perspectivas nuevas al momento de ver el cine; una obra creada en un país determinado será diferente a otra proveniente de un lugar distinto, aún cuando traten temas similares. Esto se puede notar con la película colombiana El abrazo de la serpiente, que formó parte de la quincena de realizadores del festival de Cannes de 2015, y que este año estuvo entre las nominadas a mejor película extranjera en los premios Óscar, siendo la primera cinta de aquel país en ser candidata a ese galardón.

La película se centra en uno de los aspectos que ha definido para bien y para mal a nuestro continente. El actuar de los colonizadores europeos dio forma a los países de la región, afectando de forma irremediable a las culturas originarias que existían en América, llegando en muchos casos a destruirlas. En Chile, por ejemplo, cuestiones como el genocidio selknam o los zoológicos humanos a los que fueron llevados algunos indígenas dan cuenta de la forma en que estos pueblos fueron vistos por los europeos. Los conceptos de civilización y barbarie, que sirvieron a modo de fundamento para las acciones de los conquistadores, constituyen una categorización simplista y errónea, que trajo más desgracias que beneficios para los habitantes de la región. Los efectos de este choque de culturas se sienten hasta el día de hoy, con situaciones tan actuales como la reivindicación de las tierras mapuche.

En el caso de esta película, su director Ciro Guerra se inspiró en el desconocimiento que existe en su país sobre algo tan predominante como la selva amazónica, que pese a ocupar cerca de la mitad de su territorio, es algo que no ha sido tan retratado por el cine de Colombia, y mucho menos las tribus que habitan en ella. Otro de sus objetivos consistía en contar una historia narrada no desde la perspectiva del colonizador blanco, sino también desde el punto de vista de los indígenas, logrando algo que la diferenciara de obras como Aguirre, the Wrath of God (1972) y Fitzcarraldo (1982) de Weerner Herzog. De esta manera, su visión como director de cine sudamericano y específicamente colombiano le otorga una impronta personal a este trabajo.

La trama está ambientada en dos épocas distintas, 1909 y 1940, siguiendo la experiencia de dos exploradores que inician un viaje en busca de una planta medicinal y alucinógena llamada yakruna. El punto en común, además de la selva en la que tiene lugar la historia, es la presencia de Karamakate, un chamán indígena que es interpretado por Nilbio Torres cuando es joven y por Antonio Bolívar en su edad más avanzada. El primero de los exploradores es Theo (Jan Bijvoet), un etnógrafo alemán que ha dedicado varios años a estudiar el amazonas y sus habitantes, quien producto de una grave enfermedad ha acudido donde Karamakate para pedirle ayuda; el europeo es acompañado por Manduca (Yauenkü Migue), un indígena que trabaja como su sirviente. El segundo explorador es el estadounidense Evan (Brionne Davis), un botánico que siguiendo las investigaciones de Theo ha decidido encontrar la mítica planta sagrada.

Debido a que es el último sobreviviente de su tribu, la que fue masacrada tiempo atrás, Karamakate se muestra reacio a ayudar a los exploradores. Si bien Manduca le explica que Theo es un intelectual, cuyo objetivo principal es el conocimiento, la experiencia del protagonista con los hombres blancos ha resultado siempre trágica. Las diferencias que los separan se extienden a cosas tan fundamentales como la forma en que ven el mundo y a cómo se desenvuelven en él. El respeto por las tradiciones que Karamakate profesa, el que está materializado en una serie de reglas estrictas acerca de qué se puede hacer y cuándo, contrasta con el enfoque más científico de los forasteros. Un aspecto que el chamán critica de los exploradores es su evidente materialismo, reflejado en el afán que tienen por recolectar cosas que no son esenciales.

El abrazo de la serpiente aboga por el respeto del conocimiento tradicional y el resguardo de las culturas originarias. Sin embargo, esta postura no llega al extremo de subestimar a los pueblos indígenas ni de tratarlos de forma condescendiente. Aunque se reconoce la importancia de la sabiduría que esas comunidades han ido acumulando por generaciones, es consciente además del valor del sincretismo, es decir, de adquirir nuevos conocimientos que sean beneficiosos para ellos. Esto es representado de forma elocuente en una escena donde Theo lamenta que los indígenas conozcan la utilidad de un invento como la brújula, lo que puede llevarlos a olvidar sus nociones sobre orientación basadas en el viento y las estrellas. La actitud del explorador es reprochada por Karamakate, quien le responde que el conocimiento es de todos.

A lo largo de ambos viajes, los espectadores somos testigos de escenas que dan cuenta de los efectos negativos de la colonización en la selva amazónica. Desde la fiebre del caucho, que sumió a varios indígenas a condiciones inhumanas de trabajo, hasta la masacre indiscriminada de aldeas, vamos transitando junto a los personajes un territorio desolado, que presenta las cicatrices provocadas por el hombre blanco. Dentro de estas manifestaciones se encuentra una misión católica, donde niños indígenas son sometidos a una educación abusiva, prohibiéndoseles hablar en sus idiomas y practicar sus costumbres, por ser consideradas paganas. El mismo lugar es revisitado en el segundo viaje, en 1940, sumido en un estado aún más demencial que el mostrado en el primer viaje, en una mezcla de supersticiones y perversión.

Intentando emular la apariencia de las fotografías registradas por los verdaderos viajeros que inspiraron a los personajes de Theo y Evan, el director Ciro Guerra filmó El abrazo de la serpiente en blanco y negro. El resultado hace que la película se aleje de esa noción colorida y exuberante a la que habitualmente es asociada la selva amazónica, logrando una atmósfera peculiar, casi irreal. En términos narrativos, la cinta se encuentra en un punto intermedio entre lo convencional y lo más experimental. La narración simultánea de ambos viajes permite crear paralelos entre las dos épocas, y la incorporación de momentos más fantásticos, sobre todo hacia el final, le otorgan mayor personalidad. Sin embargo, ese tipo de escenas están bastante acotadas, por lo que no se llega al nivel de misticismo avant-garde de un cineasta como Alejandro Jodorowsky, por ejemplo.

Gracias al estilo utilizado y a los temas que explora, la película es capaz de ser apreciada desde un punto de vista intelectual, aunque en términos de construcción de personajes y carga emotiva, esta cinta es más modesta. Hay un aspecto muy interesante ligado al Karamakate anciano, quien se ve a sí mismo como un ser vacío, similar a un espectro, que al encontrarse solo en el mundo, sin lazos con el resto de su pueblo, ha ido perdiendo su esencia. Se trata de un elemento de la obra que mezcla muy bien la importancia de las ideas que intenta tocar, como la memoria y la identidad, sumado a una emotividad potente, que habría sido conveniente desarrollar con mayor detención.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s