Ah-ga-ssi (2016)

the_handmaiden-posterEn la película que lo hizo famoso, Oldeuboi (Old Boy; 2003), el director de cine surcoreano Park Chan-wook narró una historia de tintes indudablemente masculinos, donde los personajes femeninos eran simples elementos de la trama, utilizados por los protagonistas como medios para alcanzar un cierto fin. Sin embargo, y pese a tratarse de una muy buena obra, esa primera impresión entregada no define de manera categórica la visión del cineasta, quien en sus siguientes películas demostró un conocimiento más elaborado del género femenino. Así ocurre con su cinta más reciente, Ah-ga-ssi (The Handmaiden), donde ataca de manera directa a la misoginia y celebra la autonomía de la mujer.

El guion está basado en la novela Fingersmith de la autora galesa Sarah Waters, la que se encuentra ambientada en el Reino Unido durante la época victoriana. El plan original del director consistía en respetar el lugar y tiempo donde transcurre el libro, pero tras descubrir que la novela ya había sido adaptada por la BBC en una miniserie del año 2005, creyó que las comparaciones serían ineludibles si seguía al pie de la letra la obra. Es por eso que decidió trasladar el relato a la Corea de comienzos del siglo XX, cuando se encontraba bajo la ocupación de Japón, algo que le permitiría además explorar el particular contexto que se vivió entre ambas naciones. Se trata del regreso de Park Chan-wook a su país natal tras su paso por el cine en inglés con la cinta Stoker (2013), que protagonizaron Mia Wasikowska, Matthew Goode y Nicole Kidman.

La película es protagonizada por Sook-hee (Kim Tae-ri), una joven de origen modesto que es contratada para trabajar como sirvienta en la mansión de un autoritario aristócrata llamado Kouzuki (Cho Jin-woong), un hombre que siente una profunda admiración por la cultura japonesa. Su labor consiste en atender a la sobrina del aristócrata, Lady Hideko (Kim Min-hee), la heredera de una enorme fortuna. No tardamos demasiado en descubrir que Sook-hee está trabajando en secreto con un estafador que se hace pasar por conde (Ha Jung-woo), cuyo fin es casarse con la doncella, internarla en un manicomio y apoderarse de sus riquezas. Aunque la labor de la protagonista es convencer a Hideko de enamorarse del estafador, poco a poco será la propia Sook-hee quien termine enamorándose de la víctima.

Siguiendo la estructura de la novela de Waters, quien es consciente de que la manera en que es contada una historia es tan importante como la historia en sí, la película se encuentra dividida en tres segmentos, cada uno de los cuales es contado desde la perspectiva de un personaje diferente. Esta variación en los puntos de vista nos permite examinar los mismos sucesos desde diferentes enfoques, entregando detalles que no notamos la primera vez que los vimos, y que hacen que la trama adquiera una mayor riqueza. A diferencia de un giro en el final, que busca descolocar al espectador y revelarle algo sorpresivo, esta obra va mostrando de forma paulatina cómo se van desenvolviendo todos sus elementos. No se trata de un acto específico, puntual, sino que de un proceso que se extiende a lo largo del metraje.

Gracias a la manera que tiene la cinta de ir revelando información nueva y de jugar con nuestras expectativas, sus más de dos horas de duración pasan casi desapercibidas. La habilidad narrativa de la obra no es su única virtud, ya que los cuatro personajes principales están bien definidos y representan motivaciones claras, coherentes con la forma en que cada uno ve el mundo. El estafador es un hombre materialista y ambicioso, sin escrúpulos, que está dispuesto a hacer lo que sea por alcanzar sus metas; Kouzuki, por su parte, refleja una decadencia fetichista, tóxica, que es amplificada por un poderoso afán de control; Sook-hee, pese a que también busca ganar dinero como el estafador, persigue un objetivo más idealista que simplemente gozar de lujos materiales, ya que anhela una libertad que no ha podido tener durante el resto de su vida; mientras que Hideko es el personaje más enigmático del relato, guardando sus verdaderas intenciones lejos del alcance de los demás.

El núcleo de Ah-ga-ssi está conformado por la relación que nace entre Hideko y Sook-hee. Debido a su particular forma de contar la historia, la película recurre a la ambigüedad al momento de definir el verdadero sentido de este vínculo, algo que es revelado solo más adelante. El enfoque inicial de la sirvienta es más transparente, ya que el primer segmento de la cinta es visto a través de sus ojos, lo que nos permite conocer qué está pensando. Sabemos que sus emociones son genuinas, pero surgen dudas acerca de si son correspondidas o no, sobre todo por algo que ocurre al final de este primer tercio. Es la postura de la doncella la que resulta más difícil de descifrar, producto de las traiciones y apariencias que dan forma a la trama.

Aunque estamos ante una película de época, que presenta ciertos aspectos melodramáticos, la obra no cae en lo monótono ni en lo estéril. La cinta combina varios géneros y elementos que le entregan un aire propio al resultado final, incorporando componentes del thriller, del cine gótico, de las películas sobre estafas, del erotismo con tintes BDSM, de la farsa y hasta destellos de humor negro. Se nota una sensibilidad moderna en el relato que lo hace fresco, lo que sumado a una gran atención por la estética, desde el suntuoso diseño de producción de Ryu Seong-hie hasta la fotografía elegantemente precisa de Chung Chung-hoon, le otorga a la película una atmósfera fascinante, incluso en sus momentos más sórdidos. En relación a la violencia mostrada, esta es más medida que en otros trabajos de Park Chan-wook, pero aún así logra esos momentos crudos que caracterizan a su filmografía.

La atención de la cinta, más que en la violencia, se encuentra en el sexo, el que forma una parte fundamental de la obra. Cuidando de no traspasar el límite de lo excesivamente explícito, pero al mismo tiempo con un nivel gráfico más osado que la mayoría de las películas, esas escenas transmiten la pasión de sus personajes, una pasión reprimida por la época en la que está ambientada la historia, la que explota cuando se encuentran en un ambiente más íntimo. Surgieron algunas críticas en relación a cómo fueron filmadas esas secuencias, comparando este caso con el de la cinta francesa La vie d’Adèle (2013), cuyas escenas de sexo fueron consideradas por algunos como explotadoras, ocupando a las actrices como un objeto de deseo para la audiencia masculina. Sin embargo, creo que la comparación no es adecuada ya que en el caso de Ah-ga-ssi el objetivo buscado consiste más en transmitir la pasión de los personajes que en satisfacer a los espectadores (algo que en caso de ocurrir termina siendo un efecto colateral o secundario).

El contexto histórico en el que está ambientado el relato es aprovechado por el director para complementar las dinámicas que se producen entre sus personajes. La idea de opresión asociada al colonialismo se replica en la situación que deben vivir tanto Sook-hee como Hideko. Pese a provenir de realidades socioeconómicas opuestas, ambas se encuentran en un estado de desigualdad frente a los personajes masculinos, siendo la sirvienta solo una pieza más en el plan del estafador, mientras que la doncella está impedida de administrar su propia riqueza, la que es controlada por su tío. La película es, a fin de cuentas, una historia de liberación, de romper cadenas, algo que es representado de manera visual a través de una secuencia que involucra unos libros.

De los trabajos de Park Chan-wook, este debe ser probablemente el más optimista, donde el final no está sumido en la tragedia, sino que en el triunfo. El éxito de los personajes victoriosos no está basado en el sufrimiento de otros, como ocurre en la famosa “trilogía de la venganza” del director; lo que buscan en este caso es su propia felicidad, y la alcanzan.

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