Rogue One: A Star Wars Story (2016)

rogue_one_a_star_wars_story-posterCuando The Walt Disney Company compró Lucasfilm el año 2012, incluyendo todo lo relacionado con la franquicia de Star Wars, sus planes cinematográficos no solo consistían en continuar con la saga original creada por George Lucas, la que gira irremediablemente alrededor de la familia Skywalker. Consciente del poder que tiene esa marca, y siguiendo con la estrategia del Universo Cinematográfico de Marvel, de la que también es dueña, su objetivo era aprovechar todo lo relacionado con esa propiedad intelectual, incluso aquellas historias que pueden parecer más periféricas. Es así como nace la idea de las Star Wars Stories, películas que no forman parte directa de la saga principal (no son “Episodios” como The Force Awakens [2015]), pero ayudan a expandirla.

De hecho, una de las medidas adoptadas por Disney fue anunciar que el anterior Universo Expandido de Star Wars, conformado por productos como libros, videojuegos y cómics que narraban hechos fuera de los mostrados en las películas oficiales, no eran parte del canon de la saga. Esto le permitía al estudio controlar de forma más estricta qué tipo de historias formarían parte de la franquicia, e impediría que estuviesen limitados por los márgenes creados por esos trabajos previos. Al no ser episodios centrales de la saga, las Star Wars Stories cuentan además con una mayor libertad artística, lo que se nota en Rogue One: A Star Wars Story (Rogue One: Una historia de Star Wars), que se acerca al cine bélico y no depende tanto de la presencia de los jedis ni de sus habilidades sobrehumanas.

Pero esta libertad no puede ser absoluta, ya que aún así debe notarse que la película forma parte del mismo universo que las otras cintas de la saga. Las referencias a la iconografía que ya conocemos son ineludibles, porque el éxito económico de este tipo de películas depende en gran parte de la familiaridad que sus imágenes produzcan en el espectador. Debe existir por lo tanto un equilibrio entre el esfuerzo por innovar, de crear algo distinto a lo visto en los siete episodios estrenados a la fecha, y ese sentido de pertenencia que nos lleve al cine a reencontrarnos con algo importante de nuestra infancia. Por algo la primera entrega en este tipo de películas se encuentra íntimamente ligada a lo que ocurre en Star Wars: Episode IV – A New Hope (1977), la cinta que dio inicio a todo.

La trama de Rogue One se basa en una breve mención que se hace al comienzo de A New Hope. En el texto inicial de aquella película se explica que durante una batalla entre la Alianza Rebelde y el Imperio, un grupo de espías rebeldes logra apoderarse de los planos secretos de la Estrella de la Muerte, el arma más poderosa del Imperio. Esta nueva cinta narra precisamente la hazaña de aquellos anónimos personajes que consiguieron descubrir la vulnerabilidad que permitió que Luke Skywalker destruyera esa peligrosa estación espacial. Cuando se anunció que esta sería la historia narrada, mis expectativas no eran muy altas, porque se trata de un hecho que no me llamaba demasiado la atención, pero el resultado fue mejor de lo esperado.

Como ya sabemos que la misión será exitosa y los planos serán entregados a quien corresponde, no existe un sentido de la urgencia ni una incertidumbre muy altas. Es por eso que el foco de la película se encuentra sobre otros aspectos. Así, por ejemplo, se le da importancia al hecho de que la vulnerabilidad de la Estrella de la Muerte no se trata de un simple error de diseño ni a una mera casualidad, sino que a algo creado adrede por uno de sus ingenieros, Galen Erso (Mads Mikkelsen), quien tras intentar infructuosamente de iniciar una vida normal, lejos del Imperio, fue obligado a volver a trabajar para ellos. Su hija, Jyn (Felicity Jones), forma parte del grupo de rebeldes que intenta hacerse con los planos del arma, y la conexión personal que existe entre ambos se transforma en uno de los pilares de la película.

Los demás miembros del grupo son Cassian Andor (Diego Luna), un oficial de la Alianza Rebelde que está a cargo de dirigir la misión; K-2SO (Alan Tudyk), un sarcástico androide del Imperio que fue reprogramado para ayudar a los rebeldes; Bodhi Rook (Riz Ahmed), un piloto del Imperio que desertó y ayudó a comunicar el mensaje de Galen sobre la vulnerabilidad de la Estrella de la Muerte; Chirrut Îmwe (Donnie Yen), un guerrero ciego que tiempo atrás fue guardia de un templo jedi; y  Baze Malbus (Jiang Wen), amigo de Chirrut y mercenario. La misión tendrá como principal obstáculo la presencia de Orson Krennic (Ben Mendelsohn), un ambicioso oficial del Imperio que ha trabajado de cerca en la construcción de la Estrella de la Muerte.

El tono ocupado por la cinta es algo más oscuro y aterrizado que al mostrado en las demás películas de la saga. La presencia de la fuerza y los jedis está limitada casi exclusivamente a lo que dicen los personajes, lo que acrecienta el aspecto mítico de esos elementos. Cuando finalmente los vemos en acción, en una espectacular secuencia que ocurre al final del metraje, el impacto resulta más notorio, debido a que es ocupado en la justa medida. Esto la diferencia de las precuelas, donde el uso excesivo de los sables láser y los poderes jedis los terminaban trivializando. En este caso, su uso restringido eleva su importancia y le otorga al personaje en cuestión una presencia intimidante que no se había sentido hace tiempo dentro de la franquicia.

Rogue One es en su esencia una película bélica, y sus componentes así lo demuestran. La historia gira en torno a un desaliñado grupo de guerrilleros que debe emprender una peligrosa misión, enfrascándose en varios enfrentamientos armados. Si los episodios principales de Star Wars nos muestran a los grandes héroes y a aquellos personajes sobre los cuales se contarán leyendas, en esta película los protagonistas no pasarán a la historia de la misma manera. Son una simple nota al pie de página en este enorme libro. Debido a eso, y a  la manera en que muestra las consecuencias de los conflictos armados, puede decirse que esta es la primera cinta de la saga que se hace cargo de la palabra “guerra” que está en su título.

La seriedad a la que aspira la obra no solo se limita a su desenlace, algo que sinceramente no esperaba de una película de Star Wars, mucho menos una producida por Disney, sino que a la forma en que incluye algunas reflexiones sobre la ambigüedad moral de los bandos en conflicto y los tintes políticos que atraviesan sus actos. Cuando la acción se traslada a un planeta desértico llamado Jedha, las imágenes mostradas hacen recordar a la presencia militar de Estados Unidos en Medio Oriente; ya sea que se trate de referencias casuales o intencionales, es extraño ver escenas como las ambientadas en aquel lugar. La presencia de una poderosa fuerza invasora de carácter imperial y la resistencia armada de los lugareños extremistas, que recurren a ataques sorpresa con explosivos en medio de calles llenas de gente, crean un llamativo paralelo con lo que ocurre en el mundo real.

Incluso en los bandos que están contra el Imperio se producen algunos quiebres importantes. La posición más radical es sostenida por Saw Gerrera (Forest Whitaker), un hombre que ha participado en innumerables batallas y cuya visión del mundo lo ha transformado en alguien paranoico. Incluso en la Alianza Rebelde, que es menos extremista que los seguidores de Gerrera, hay decisiones que pueden considerarse éticamente cuestionables. Esto se nota en el propio Cassian Andor, que está dispuesto a cruzar ciertos límites para alcanzar la victoria. Se trata de un personaje que lleva tanto tiempo participando de esta guerra que ha terminado preso de ella, siendo su principal motivación no el beneficio personal, sino que el triunfo de su facción.

Desde el estreno de esta cinta, las comparaciones con The Force Awakens han sido comunes, y cada una de las obra presenta sus propias fortalezas y debilidades. Aunque a esta película le cuesta partir, saltando en su primera media hora de planeta en planeta y personaje en personaje, a través de una narración algo inconexa, esto mejora a medida que el relato avanza, culminando con un último tercio de gran calidad. La batalla final posee un buen desarrollo, a través de situaciones que van ocurriendo en paralelo, cada una de ellas con diferentes objetivos, pero manteniendo siempre una claridad en lo que se muestra. La innovación en el tono utilizado y el enfoque del director Gareth Edwards permiten además que se instale como una experiencia diferente dentro de la franquicia de Star Wars, lo que ayuda a mantener el interés por lo que se pueda hacer en el futuro.

Donde no resulta tan satisfactoria es en el desarrollo de sus personajes. Si bien conocemos el pasado de Jyn y la conexión personal que tiene con la misión que emprende, no hay mucho que podamos decir acerca de su personalidad. Tampoco hay mucho que destacar de Cassian Andor. Los personajes más llamativos dentro de Rogue One son los secundarios, desde Chirrut y su inquebrantable fe hasta la chispa que K-2SO le da a cada escena donde participa. Es cierto que en The Force Awakens los protagonistas tampoco estaban muy desarrollados, pero se trataba de la primera parte de una trilogía, siendo esa solo la introducción de Rey y compañía, y esa falencia era al menos suplida por el carisma que transmitían y las ganas que daban de conocerlos aún más.

Lamentablemente eso no ocurre con Jyn y Cassian, cuyos roles se acercan más al área de lo correcto que de lo destacable. Esto es algo que Edwards ya había sufrido en Godzilla (2014), su película anterior, donde los personajes principales tampoco llamaban demasiado la atención. Al menos en esta nueva cinta los protagonistas pueden ser examinados desde otras perspectivas, ya que si bien no tienen mucha personalidad, desde un punto de vista conceptual hay una cierta sustancia que se agradece. Así ocurre con los dilemas morales de Cassian, como el rol que ocupa dentro de esta guerra y las cosas que está dispuesto a hacer para ganarla, y el carácter de heroína accidental en la que se convierte Jyn, que se ve envuelta en un conflicto estelar de enormes proporciones a partir de algo tan íntimo como el vínculo que tiene con su padre.

Los guiños que se hacen al resto de la franquicia son inevitables, dado que de eso depende su éxito económico, y la sutileza de esas referencias va variando a lo largo del metraje. Salvo contadas excepciones, la aparición de elementos familiares no es tan consciente de sí misma como en The Force Awakens, donde la forma en que eran presentados daba cuenta que estábamos frente a una película.  En la mayoría de los casos las referencias que hace Rogue One se encuentran integradas a la historia que se está contando, ya que se trata de una precuela directa a la primera película de la saga. Como ocurre solo días antes de los hechos mostrados en aquella obra, es obvio que veremos personajes que aparecieron en aquella entrega.

Buscando esa conexión con los episodios originales, especialmente con A New Hope, la cinta se atreve a intentar algo que puede llegar a cambiar la forma en que se hagan las películas en el futuro. Se trata de ocupar herramientas digitales para “revivir” actores, creando nuevas interpretaciones de personas ya fallecidas. Debido a un tema de iluminación, texturas y movimientos, el resultado cae en el denominado valle inquietante, ya que pese a tener un gran nivel de detalle y parecido con el actor original, hay algo en la animación que no lo hace ver natural. Al hacerlo interactuar con personas de carne y hueso, el personaje termina resaltando, porque hay ciertas sutilezas en el comportamiento humano que no es capaz de replicar del todo.

Este tipo de estrategia no es igual al de personajes como Smeagol/Gollum en la trilogía de The Lord of the Rings. Allí la interpretación del actor es “maquillada” con la apariencia de un ser ficticio, el que generalmente no es 100% humano, mientras que en Rogue One lo que se busca es reproducir la interpretación de un actor en particular, de capturar su esencia. La actuación es un arte, y como tal es algo profundamente personal. Debido a lo novedoso del método, las implicancias éticas del asunto recién se están comenzando a plantear, pero no se puede negar que en los años siguientes esta práctica se va a ir extendiendo.

La razón de ser de Rogue One es evidente, ya que forma parte de una franquicia que es capaz de generar dinero solo con su nombre. Las Star Wars Stories de Disney tienen como fin último aprovechar la rentabilidad de una de las marcas más populares en el entretenimiento estadounidense, pero eso no significa que no pueda tener méritos artísticos. Algunos de esos méritos pueden ser encontrados en esta película, que recurre a un enfoque nuevo dentro de la saga, expandiendo los horizontes, y no solo se conforma con crear un vínculo superficial con A New Hope, sino que ayuda a potenciar sus ideales. A pesar de un desenlace algo sombrío, la cinta es capaz de resaltar aquella esperanza a la que hace referencia la obra de 1977.

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