John Wick: Chapter 2 (2017)

john_wick_chapter_two-posterCuando se estrenó John Wick (2014), no existían muchas expectativas acerca de la película, ya que se trataba del primer largometraje que Chad Stahelski y David Leitch dirigían, y lo único que se sabía sobre el proyecto es que era una cinta de acción protagonizada por Keanu Reeves, actor que había participado en importantes títulos del género como The Matrix (1999), pero cuya carrera no había tenido la misma fuerza desde hace una década. Sin embargo,  su innegable calidad fue generando un boca a boca entre los espectadores, lo que contribuyó a convertirla en una obra contemporánea imprescindible para los fanáticos de ese género cinematográfico.

Parte importante de su éxito se debió a las espectaculares secuencias de acción que mostraba, algo que se logró gracias al conocimiento especializado que sus directores poseen sobre el tema, ya que ambos tienen una vasta experiencia como dobles de acción. Aprovechando la habilidad física de Reeves, se permitieron filmar las escenas de peleas a través de planos largos, que nos permitieran ver exactamente lo que ocurre en ellas, a diferencia de la tendencia actual del género que recurre a múltiples cortes y primeros planos. Pero el mérito técnico de la película, si bien permitía disfrutarla, no necesariamente justificaba la creación de una segunda parte, y es ahí donde sale a relucir el otro punto alto de la cinta, que consiste en el universo ficticio que logra crear.

Aunque el punto de partida de la primera John Wick llega a ser llamativo por lo simple que es, dado que la motivación de su protagonista consiste en vengar la muerte de su perro y el robo de su automóvil, la riqueza de la película se encuentra en el mundo donde transcurre la historia. El personaje principal es un asesino retirado que formaba parte de un bajo mundo que posee reglas y costumbres complejas, tanto así que existen servicios especializados para este tipo de actividad, como el encargado de deshacerse de los cadáveres, y hasta hoteles exclusivos para asesinos. Estos elementos que fueron presentados en la película anterior dan la posibilidad de estrenar varias secuelas, ya que a través de ellas se pueden explorar sus posibilidades.

De hecho, aquello que pone en movimiento a John Wick: Chapter 2 (John Wick 2: Un nuevo día para matar) es precisamente un elemento que pertenece a la subcultura de los asesinos. El protagonista, que solo quería dejar ese estilo de vida, es obligado a continuar en él cuando el ambicioso Santino D’Antonio (Riccardo Scamarcio) hace efectivo un pacto de sangre que Wick había contraído tiempo atrás. Su misión consiste en asesinar a la hermana de Santino, Gianna (Claudia Gerini), para que éste pueda ocupar su puesto en un importante consejo de criminales. Al igual que en la primera película, las razones que llevan al protagonista a actuar no son tan importantes, pudiendo ser vistas como una mera excusa para que la trama comience.

La cinta parte de forma  estruendosa, con unas frenéticas secuencias de acción que nos hacen recordar el tono de la película anterior a quienes la vimos y de introducir a quienes no la han visto al estilo que se encontrarán en esta. La habilidad técnica de la primera cinta vuelve a replicarse en esta nueva entrega, con escenas de acción que destacan el trabajo de quienes participaron en ellas, desde coreógrafos hasta dobles de acción. El director Chad Stahelski ha sido enfático en sus entrevistas al momento de explicar el estilo utilizado, el que se aleja de las técnicas predominantes en el cine de acción contemporáneo, que está más preocupado de esconder sus errores a través de un montaje excesivo en vez de desplegar sus virtudes.

Gracias a la forma en que son representadas estas secuencias, somos capaces de ver con claridad todo lo que está ocurriendo en ellas, ya que la película es consciente de que la información visual que entregan las escenas de acción es tan importante como los diálogos de los momentos más calmados. En estas escenas nos vamos dando cuenta de los obstáculos a los que se tiene que enfrentar el protagonista, la relación que tiene con otros personajes, sus fortalezas y desventajas, las herramientas que tiene a su alcance, etc. La acción, por lo tanto, no es una mera distracción en John Wick 2, sino que una parte fundamental del metraje, ya que permite avanzar la trama.

Algo positivo de la película es que es capaz de entregar momentos cómicos de vez en cuando, con los cuales reconoce ciertos aspectos absurdos de la lógica que opera en ese universo. Así ocurre, por ejemplo, con la regla del hotel  Continental de prohibir todo hecho de violencia dentro del recinto, lo que permite interrumpir una intensa pelea entre el protagonista y uno de sus enemigos. El hecho no solo es inesperado, sino que muy chistoso, logrando jugar con las expectativas y con los lugares comunes del cine de acción. Un momento igual de entretenido ocurre minutos después cuando John Wick se enfrenta al mismo enemigo con unas pistolas que tienen silenciadores, en uno de los tiroteos más discretos de la historia.

Esta idea de que los asesinatos cometidos por el protagonista y el resto de sus compañeros ocurren sin llamar la atención de las personas comunes y corrientes, o que incluso cuando son presenciados por terceros no llegan a interrumpir su vida cotidiana, puede ser visto como una crítica a la desensibilización de la sociedad, sobre todo con la violencia en la industria del entretenimiento, o simplemente como un rasgo estrafalario del mundo en el que está ambientada la película. De todas maneras, la cinta se encarga de ir revelando con cada minuto que pasa que la extensión del bajo mundo al que pertenece John Wick es más grande de lo que sospechábamos, llegando a fijar las bases para una tercera parte.

La forma en que John Wick 2 expande el mundo en el que transcurre su historia hace recordar a lo hecho por Gareth Evans en The Raid 2: Berandal (2014). Se trata de secuelas que optan por profundizar lo presentado en sus primeras partes, sin limitarse a repetir lo que había funcionado en las anteriores cintas, sino que en mejorarlo. Aunque es una tarea más difícil, llega a ser también más meritoria, ye evita que se caiga en la monotonía. Debido a esto, al ver el resultado final la sensación predominante es un deseo por seguir conociendo más acerca de ese universo, algo que es positivo tanto para esta segunda parte como para las que se estrenen en el futuro. Cada revelación, cada pizca de información que vamos descubriendo, le otorga a la obra  un mayor atractivo.

El director Chad Stahelski demuestra un buen manejo de la dirección en la que quiere llevar a esta franquicia. A lo largo de la película vemos sus esfuerzos por alcanzar un estilo que la distinga de otras sagas, ya sea exagerando ciertos elementos estéticos, como los subtítulos que aparecen en la pantalla, o dándose la libertad de no tomar muy en serio algunos aspectos de ese mundo, logrando una cómica autoconsciencia del producto. En una época donde el cine de género tiende hacia lo seguro, evitando arriesgarse, es positivo ver este tipo de esfuerzos que buscan crear algo con personalidad propia.

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