Logan (2017)

logan-posterDebido a la enorme popularidad que ha alcanzado durante los últimos años, el cine de superhéroes ha sido comparado con el western, un género que también tuvo una época de apogeo, la que se desenvolvió durante mediados del siglo XX. Como toda fórmula que resulta exitosa, estas películas han ido adquiriendo una cierta estabilidad en sus elementos, dado que los estudios prefieren jugar a la segura que arriesgarse demasiado. Sin embargo, una estrategia como esa puede caer en la monotonía, generando una fatiga entre los espectadores, lo que a la larga terminará afectando a todo el género. Por eso, resulta necesario permitir que las obras evolucionen y exploren nuevas formas de contar sus historias.

Así como ocurrió con el western, que a finales de su ciclo fue adquiriendo una nueva perspectiva, denominada “crepuscular”, que mostraba las fisuras de sus héroes envejecidos, los enfrentaba a un mundo hostil y ajeno, y estaba alimentada por la nostalgia que se siente ante un importante cambio de época, era inevitable que algo similar ocurriera con las películas de superhéroes. Logan, la nueva cinta protagonizada por Wolverine y ambientada en el universo de los mutantes de Marvel que fue creado por 20th Century Fox, nos entrega una visión distinta a la que habíamos visto en las anteriores películas de la saga. Creada como una especie de carta de despedida del actor Hugh Jackman, quien ha decidido dejar el personaje que lo llevó a la fama, el título prefiere la intimidad por sobre lo pirotécnico.

Se trata de un cambio de aire necesario, que demuestra la versatilidad de este tipo de obras, las que en su conjunto son más una categoría cinematográfica que un género, dado que la presencia de superhéroes no necesariamente debe significar la elección de un único camino, como demostraron anteriormente Unbreakable (2000) y Chronicle (2012). El mérito de Logan radica además en que estamos ante una cinta basada en un material preexistente y muy famoso, como los X-Men, así que el valor al momento de intentar algo nuevo resulta incluso mayor que si se tratase de personajes completamente originales, ya que la presión económica de recurrir a lo familiar, a lo ya visto, resulta poderosa. El propio título de la película era ya un riesgo, ya que no lleva el nombre de la “marca” a la que pertenece ni el apelativo con el que es más conocido su protagonista.

El director James Mangold había trabajado anteriormente con el personaje en la película The Wolverine (2013), la que si bien caía en la aburrida fórmula de siempre durante el último tercio, entregó momentos más calmados durante las secuencias previas, en las que se permitía que los personajes pudiesen respirar e interactuar con más calma. Una de las virtudes de aquel trabajo fue la vulnerabilidad que le otorgó al protagonista, quien se ha caracterizado siempre por sus poderes regenerativos, los que le fueron despojados momentáneamente en esa cinta. La idea vuelve a ser utilizada en esta película, donde Wolverine se ha ido debilitando producto del adamantium que tiene en su organismo. Aunque su habilidad para regenerarse aún funciona, lo hace de forma más lenta que antes, y las consecuencias de esto se notan en las múltiples cicatrices que tiene en su cuerpo.

La historia está ambientada en el año 2029, en un futuro distópico donde los mutantes han disminuido considerablemente su número, ya que hace años dejaron de nacer. Trabajando como chofer de limusina para ganar dinero, Logan vive en el desierto, al sur de la frontera de Estados Unidos, donde se encarga de cuidar de un anciano Charles Xavier (Patrick Stewart) con la ayuda del mutante Caliban (Stephen Merchant). El profesor X debe tomar constantemente medicamentos para tratar una enfermedad degenerativa que ha afectado a su cerebro, para evitar unas convulsiones que descontrolan sus poderes, situación que años atrás provocó un fatal accidente. La rutina de los personajes es interrumpida con la llegada de Laura (Dafne Keen), una niña que es perseguida por una poderosa empresa llamada Transigen, cuya única opción de sobrevivir es huyendo hacia Canadá. La niña no solo llama la atención de los protagonistas por sus habilidades mutantes, sino también porque estas son idénticas a las que tiene el propio Logan.

Mangold, quien tiempo atrás había dirigido 3:10 to Yuma (2007), remake del clásico western de 1957, no esconde su fanatismo por el género, el que está presente tanto en referencias directas, como las que hay a la cinta Shane (1953), y en aspectos más etéreos, como la atmósfera presente en la obra. Las influencias del género van desde The Searchers (1956) de John Ford hasta Unforgiven (1992) de Clint Eastwood. De forma coherente con la idea del western crepuscular, Logan es un hombre demacrado, que huye de su pasado y no tiene mayores expectativas del futuro. Miope, cansado y con un severo alcoholismo, el protagonista lleva consigo un constante recordatorio de que la muerte está al alcance de su mano, siendo incluso una opción que ha cruzado más de una vez su cabeza.

Los actos heroicos son un vago recuerdo en la mente de Logan, llegando a desmitificar el rol de los X-Men como grupo de superhéroes. En el mundo donde transcurre la película, los mutantes alcanzaron una fama de tal envergadura que tuvieron sus propios cómics, en los que se narraban sus aventuras. Fueron estas historietas la razón que llevó a Laura a buscar la ayuda de Wolverine, pero la visión que el protagonista tiene de sus días con el resto de los superhéroes no es tan positiva como aparece en aquellas páginas, creando un choque entre realidad y ficción. Así como los westerns crepusculares eran una reflexión acerca de los valores del género durante sus años dorados, con una cuota de melancolía y nostalgia, algo similar ocurre con Logan y el cine de superhéroes.

Debido a que su propio bienestar le da lo mismo, la vulnerabilidad del personaje principal se basa en el peligro al que se pueden ver expuestos sus seres queridos. La única cosa que lo hace seguir adelante parece ser su deber por cuidar a Charles Xavier, ya que si él no estuviese a su cargo el destino del protagonista podría haber sido muy distinto. La culpa atraviesa al profesor X y a Wolverine, quienes a pesar de sus poderes no han sido capaces de proteger a las personas que los rodean. Por lo tanto, la opción de ayudar a Laura se convierte en una posibilidad de redención, y de evitar que su propio camino sea replicado por la niña.

Con un claro énfasis en las interacciones de sus personajes y la introspección, Logan se acerca más al terreno del drama familiar y de la road movie que a la acción presente en la mayoría de las películas sobre superhéroes. Todavía hay escenas de peleas y tiroteos, sumado a una gran cantidad de sangre debido a la calificación “R” que obtuvo en Estados Unidos, pero se trata de secuencias que están en función del viaje emprendido por los personajes, no al revés. Estos momentos tienen peso dramático porque los personajes involucrados nos importan y no queremos que les pase nada malo. Además, las escenas de acción no interrumpen el desarrollo de la trama ni el arco de los personajes, sino que nos van entregando nueva información acerca de quiénes son, solo que de una forma distinta a las escenas más calmadas.

Durante el último tercio del metraje se introduce a un villano que como elemento de la trama parece falto de imaginación, pero que temáticamente se ajusta a las ideas exploradas por la obra. El propio Logan confiesa que uno de sus mayores miedos es herir a quienes lo rodean, dado que gran parte de lo que es fue creado en un laboratorio, con el objeto de convertirlo en un arma. Por eso, la presencia de ese villano permite al menos explorar ese aspecto, lo que justificaría su presencia. Y si bien el clímax de la cinta involucra una secuencia de acción parecida al de otras películas de superhéroes, por lo menos el cariño que les tenemos a los personajes evita que caiga en lo monótono.

El principal punto fuerte de la película se encuentra en la dinámica que se produce entre Charles Xavier, Logan y Laura. Por un lado tenemos la relación existente entre Wolverine y el profesor X, la que se remonta a la primera entrega de la saga, la cinta X-Men (2000), donde Charles Xavier adoptaba el rol de mentor de Logan, casi de padre adoptivo, relación que cambia para poner ahora al maestro al cuidado del pupilo. Y por otro lado se nos presenta el vínculo entre el protagonista y Laura, debiendo él asumir el rol de padre de una niña que es un fiel reflejo de sí mismo. Una de las mejores secuencias en la película muestra a los tres personajes desempeñando precisamente los roles ficticios de una familia, lo que da como resultado unos momentos de gran credibilidad.

Para lograr eso, las actuaciones debían estar a la altura, y los tres intérpretes principales cumplen con creces. Hugh Jackman y Patrick Stewart demuestran el talento que no pudieron desarrollar en las anteriores películas de la franquicia, gracias a la confianza que el director tiene en ellos, dando forma a actuaciones que perfectamente podrían ser nominadas a un premio Óscar. Dafne Keen, por su parte, entrega una de las mejores actuaciones infantiles que he visto en una película comercial en los últimos años, demostrando un manejo y  una sinceridad innegables. Aunque está protagonizada por mutantes que poseen superpoderes, la cinta triunfa gracias a la humanidad que transmiten sus personajes.

Logan es una anomalía dentro del cine de superhéroes, especialmente dentro de aquellas obras basadas en cómics preexistentes de gran popularidad como los de Marvel. Los riesgos que toma, las decisiones autorales realizadas por Mangold, el compromiso que demuestra por el estilo adoptado (que la lleva a evitar tener una secuencia poscréditos o un cameo de Stan Lee), van encaminados a crear la mejor película posible con los elementos que tiene a su alcance. En medio de un panorama que tiende hacia lo homogéneo y los universos cohesionados, esta cinta es un recordatorio de que el cine de superhéroes puede ser variado, de que la impronta personal de sus autores puede verse reflejada en el resultado final y de que cada obra puede tener una visión propia.

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