Silence (2016)

Silence-posterLlama la atención que un director de la talla de Martin Scorsese, cuyos trabajos forman parte fundamental del cine estadounidense de la segunda mitad del siglo XX, haya esperado tanto tiempo para hacer una película porque no se sentía lo suficientemente seguro de enfrentar el desafío. Cuando le recomendaron la novela Silence de Shūsaku Endō, tras el estreno de su controversial película The Last Temptation of Christ (1988), el director supo de inmediato que  quería adaptarla al cine, pero aún no tenía clara la perspectiva desde la cual lo haría. Debieron pasar más de 25 años para que Scorsese finalmente comenzara a filmarla, algo que ocurrió, según él, gracias a un cambio en la forma en que él mismo veía el mundo y su relación con la espiritualidad.

Criado dentro de una familia de raíces italianas, cuyas tradiciones estaban ligadas al catolicismo, Scorsese tuvo desde joven un interés por los temas ligados a la religión, algo que se puede ver a lo largo de su filmografía, incluso en aquellas cintas que están ambientadas en el mundo del crimen. Cuestiones como la redención y la culpa atraviesan la obra del director, desde Mean Streets (1973) hasta The Wolf of Wall Street (2013), por lo que se entiende que un proyecto como Silence (Silencio) sea tan personal e importante para él. Si con la polémica The Last Temptation of Christ aspiraba a la desmitificación y su interés temático se encontraba en la dicotomía entre lo divino y lo terrenal, con este nuevo trabajo el cineasta pasa a las reflexiones acerca de la fe y lo trascendental, aunque la postura que quiere transmitir acerca de esos aspectos no queda del todo clara hacia el final.

La historia está ambientada a mediados del siglo XVII, y sigue a dos sacerdotes jesuitas portugueses, Sebastião Rodrigues (Andrew Garfield) y Francisco Garupe (Adam Driver), que viajan de forma clandestina a Japón para descubrir el paradero de su mentor, el padre  Cristóvão Ferreira (Liam Neeson). Hace años que no reciben noticias del sacerdote, de quien se rumorea renunció públicamente a su fe tras la tortura recibida a raíz de la persecución que el gobierno asiático ha llevado a cabo en contra de los cristianos. Todo lo relativo a esa religión ha sido prohibido por el shogunato, y sus creyentes han sido obligados de forma violenta a apostatar, recibiendo, en caso de negativa, la muerte. Estos sacerdotes jóvenes, que no creen que el padre Ferreira haya abandonado el cristianismo, deciden ir a Japón a encontrarlo y rescatarlo.

A la larga, Rodrigues también es capturado y sometido a tortura por el shogunato. La película muestra varios actos de violencia en contra de él y de otros cristianos, como decapitaciones, crucifixiones en el mar y tortura con agua hirviendo. Las secuelas de lo que debe experimentar se notan en su cuerpo, a través de su delgadez y estado demacrado, pero el foco de la cinta no se encuentra en el sufrimiento físico, sino que en los dilemas internos que debe enfrentar. Es en esa constante lucha donde se encuentra el aspecto más potente de la obra, ya que expone al protagonista a unas complicadas decisiones que tienen en juego la vida de otras personas. Consecuencia, fidelidad, pragmatismo, utilitarismo, son algunas de las ideas que chocan dentro de la cabeza del personaje y dentro del propio espectador a medida que la película avanza.

El silencio al que hace referencia el título de la cinta dice relación con la aparente indiferencia que demuestra dios ante el sufrimiento de sus creyentes. Pese a la profunda fe de Rodrigues y su compromiso por las enseñanzas de dios, el dolor que debe enfrentar parece no terminar nunca, siendo el origen del mismo su propia devoción. El personaje es confrontado a un profundo desafío en sus creencias, llegando a cuestionar aquello que tenía por sentado. Se trata de un viaje de introspección que lleva al sacerdote a lo más profundo de sus convicciones, lo que se convierte en uno de los elementos más interesantes de la cinta, ya que permite ser apreciado tanto por creyentes como por no creyentes.

Aunque la persecución a la que son sometidos los cristianos es mostrada con brutalidad, lo que permite otorgarle la magnitud necesaria a lo que ocurrió en ese país, las acciones del shogunato son explicadas de una manera tal que sin llegar a ser justificadas, si son comprendidas en parte. El accionar de los japoneses surge como una cruel respuesta a la amenaza que significa el cristianismo como una influencia externa que busca modificar las concepciones básicas de una cultura con la que presenta profundas diferencias. Esa religión, se dice, es incapaz de crecer en un lugar cuyos habitantes poseen una visión del mundo que les impide comprender conceptos básicos del cristianismo, por lo que la respuesta consiste en eliminarla de raíz.

La película incluso desliza algunas críticas hacia los mismos sacerdotes que fueron a predicar su credo a Japón, ya que estuvieron más preocupados de enseñarles a los japoneses que de aprender aspectos básicos de su cultura, como su idioma. Sin embargo, este tipo de cuestionamientos son muy aislados, ya que por lo general Silence parece demostrar preferencia por  la postura de Rodrigues y los demás misioneros, más que de poner en duda sus métodos. O esa es al menos la impresión que uno extrae de la obra, ya que pese a las muestras de condescendencia con la que es mostrado el cristianismo como religión “verdadera” y los tintes de colonialismo que defienden los sacerdotes europeos en la película, quienes tratan de educar a los japoneses, que son retratados como más primitivos e ignorantes, esos elementos surgen más como aspectos involuntarios que como críticas conscientes de esos personajes.

Y ese es uno de los riesgos de hacer una película sobre la religión, ya que se trata de un tema que es visto por sus partidarios como una verdad absoluta, que no admite contradicciones. Por lo mismo, en esta cinta la disputa entre el pensamiento occidental, representado por el cristianismo, y el oriental, representado por el budismo, no es mostrada como un debate en igualdad de condiciones, donde ambas posturas poseen un valor similar, sino que el cristianismo goza de una presunción de veracidad que es defendida por la obra. Ese tipo de lógica levanta una barrera con aquellos espectadores que no son creyentes o que pertenecen a otra religión, lo que probablemente me hizo ver con suspicacia esta película.

Reservas como las descritas no surgieron cuando vi The Last Temptation of Christ ya que el ejercicio realizado por el director en aquella cinta parecía más de carácter interpretativo que beato. Como Martin Scorsese es inteligente, puede que mis aprehensiones sean infundadas, y que la inclinación que demuestra por el cristianismo como única religión válida sea una lectura incompleta de su película. Eso porque los momentos donde Rodrigues es testigo de una presencia divina pueden ser explicados como un mero episodio psicológico, no necesariamente celestial, pero la forma en que es construida la cinta apunta a que se trata de una obra que abraza el cristianismo, no que lo pone en duda ni lo cuestiona. Es tanto así que la cinta ha sido destacada por la propia iglesia católica, y el director llegó incluso a reunirse con el Papa Francisco en el Vaticano.

Pero a pesar de las dudas que tengo sobre la película, no se puede negar la maestría que Scorsese demuestra en cada escena. Si bien la duración resulta algo excesiva, con dos horas y cuarenta minutos que se sienten a lo largo del metraje, sobre todo durante el segundo tercio, la obra transmite la sensación de que estamos ante un trabajo superior, solemne, distinto al resto. Es el resultado del esfuerzo de un director de la altura de él, que se puede permitir la realización de una cinta como esta, escogiendo sus propios ritmos y escala. Lo que se siente al ver Silence es ese efecto difícil de explicar que uno experimenta al ver aquellas grandes películas de décadas pasadas, que podían tener defectos y traspiés, pero cuya ambición las hacía sentir importantes.

Si hay algo que no se le puede reprochar a esta película es que es pase desapercibida o que sea poco memorable. Hace casi una semana la vi y todavía sigue dando vueltas en mi cabeza, así que he estado todos estos días tratando de entender su esencia. En este primer acercamiento no me convenció del todo, pero lo más probable es que la opinión que tengo sobre ella cambie en algunos años más, ya que es de aquellas cintas que exigen nuevas lecturas cada cierto tiempo.

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