Split (2016)

Split-posterEn su momento de máxima popularidad, el director M. Night Shyamalan fue apodado por la revista Newsweek como el nuevo Steven Spielberg. A la fecha de esa publicación, su filmografía incluía éxitos como The Sixth Sense (1999) y Signs (2002), por lo que el entusiasmo por su futuro era comprensible. Sin embargo, una serie de traspiés, tanto críticos como comerciales, lo relegaron a un segundo plano, y su nombre, que había sido años atrás motivo suficiente para llevar a la gente al cine, ahora era evitado. Obligado a tener que trabajar con presupuestos más restringidos, Shyamalan estrenó The Visit (2015), una película de metraje encontrado que pese a sus irregularidades demostraba una mejora en la calidad de sus obras, algo que es confirmado por su nuevo trabajo, Split (Fragmentado).

La trama gira en torno al secuestro de tres jóvenes – Claire (Haley Lu Richardson), Marcia (Jessica Sula) y Casey (Anya Taylor-Joy)- a manos de un extraño hombre llamado Kevin (James McAvoy). Las adolescentes son drogadas y llevadas a una especie de subterráneo, donde están a merced de su captor. Aunque la situación es lo suficientemente horripilante para mantenerlas en alerta, todo empeora cuando comienzan a conocer al hombre que las atrapó. El secuestrador, que presenta una obsesión compulsiva por el orden y la limpieza, es en realidad una de las tantas identidades que se alojan dentro del cuerpo de esa persona, las que van desde un niño de 9 años conocido como Hedwig hasta una atenta mujer llamada Patricia.

Todas estas identidades habían coexistido dentro de Kevin con relativa paz, gracias a la labor de la psicóloga Karen Fletcher (Betty Buckley), que ha examinado la condición de su paciente con la paciencia y comprensión que otros doctores no poseen. Sin embargo, Dennis, la identidad que capturó a las adolescentes, ha decidido tomar el control de Kevin junto a la ayuda de Patricia, ya que ambos están convencidos de que dentro de ese cuerpo habita una identidad dormida, superior al resto e increíblemente poderosa, conocida como “La Bestia”, que según ellos es el siguiente paso en la evolución del ser humano. El sacrificio de las jóvenes es visto por Dennis como un método necesario para despertar a esta nueva identidad

Si bien es una condición compleja, cuya verdadera naturaleza y extensión genera debate entre los profesionales de la medicina, el trastorno de identidad disociativo es explorado por Split desde una perspectiva más efectista, privilegiando las reglas de la narrativa por sobre las de la veracidad médica. El guion le otorga características al trastorno que pueden hacer tambalear nuestra suspensión de la incredulidad, pero que funcionan dentro de la estrafalaria lógica interna de la cinta. De esta manera, cada una de las identidades de Kevin es representada como un ente separado de los demás, como si realmente fuesen personas distintas, cada una con su propia manera de pensar e individualidad.

Además, la película llega al extremo de asignarle efectos fisiológicos propios a estas identidades. Según explica la psicóloga Fletcher, el cerebro de quienes poseen este trastorno es capaz de crear diferentes cambios en el cuerpo dependiendo de cada una de sus identidades, como presentar síntomas de la diabetes en el caso de que una identidad tenga esa enfermedad. Es en este punto donde radica la esperanza de Dennis y Patricia por despertar a la identidad de “La Bestia”, ya que creen que a través de ella el cuerpo de Kevin podrá alcanzar su máximo potencial, llegando a niveles de poder sobrehumanos. La tensión que atraviesa a la obra se basa en la anticipación del surgimiento de esa misteriosa identidad.

Aunque el guion recurre a explicaciones exageradas al momento de caracterizar el trastorno de identidad disociativo, es la actuación de James McAvoy la que permite otorgarle un mayor peso a la película. Es cierto que el actor también recurre a una interpretación algo excesiva a ratos, pero su talento hace que todo resulte creíble dentro del particular universo en el que está ambientada la historia. El desafío de McAvoy no solo consistía en dar vida a diferentes identidades dentro de la misma cinta, sino que hacer algunas transiciones dentro de la misma escena e incluso hacer de una identidad que está haciéndose pasar por otra. Hay matices y diferentes niveles dentro de su interpretación que lo convierten en uno de los principales puntos fuertes de la obra.

Anya Taylor-Joy, que se hizo conocida por protagonizar la película de terror The Witch (2015), también destaca gracias a una buena actuación que le entrega profundidad a un personaje que podría haber caído en lo unidimensional. Tanto ella como el guion ayudan a caracterizar a Casey como una joven inteligente y observadora, que recurre más a su cerebro que a su fuerza para salir de sus problemas. El pasado de la adolescente, que es narrado a través de flashbacks, nos da una idea de quién es y convierte su secuestro por parte de Kevin en algo que goza de un significado especial. La película posee un interesante discurso acerca del lugar que ocupan las personas fracturadas en el mundo y cómo los traumas que han debido resistir los van fortaleciendo.

La mezcla del cine de género y el subtexto más dramático no es algo nuevo en la filmografía de Shyamalan, quien lo viene haciendo desde sus primeras películas. Si bien ambos elementos no están tan bien integrados en Split como en The Sixth Sense, donde se logra un resultado más redondo y refinado, aún así es un esfuerzo que debe ser reconocido. Más allá de los giros de tuerca que se convirtieron en la marca de su visión, el director está interesado por decir algo con sus trabajos, no solo en contar una historia entretenida que cautive al público, y eso es algo que se nota con esta obra.

Split está lejos de los mejores trabajos de Shyamalan, como The Sixth Sense y Unbreakable (2000). En términos narrativos, su historia sobre un captor y su víctima ambientada en un lugar cerrado es menos hábil que otra película del año pasado como 10 Cloverfield Lane (2016), la que manejaba de mejor manera la geografía del lugar y las interacciones entre los personajes. Pero aún así es capaz de entregar buenos momentos y de transmitir una sensación opresiva y de inquietud en el espectador.  A diferencia de The Visit, que era solo una cinta correcta con varias irregularidades, Split demuestra con mayor claridad el talento del cineasta y la forma en que ha ido recuperando su voz.

El “giro” que aparece al final, a diferencia de otros trabajos del director, no es mostrado como una revelación gigantesca, sino que es expuesto con austeridad, casi a la pasada. De hecho, es difícil hablar de ese momento como un giro propiamente tal, ya que no afecta tanto a la trama en sí, sino que a sus implicancias. Los efectos de la escena miran más bien a la filmografía de Shyamalan que a esta obra en particular, y por lo mismo van elevando nuestras expectativas acerca de lo que el director pueda hacer más adelante.

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