Jackie (2016)

Jackie-posterDebe ser difícil para los directores de cine pasar de hacer películas en su lengua materna a cintas habladas en otros idiomas, y más aún si en esa nueva película deben tratar temas tan íntimamente ligados a un país ajeno. En el caso del chileno Pablo Larraín, quien ha dedicado parte importante de su filmografía a la historia de su país, gracias a una trilogía conformada por Tony Manero (2008), Post Mortem (2010) y No (2012), que gira en torno a la dictadura de Pinochet, su primer acercamiento al cine en inglés viene de una obra que habla sobre la ex primera dama de Estados Unidos, Jacqueline Kennedy, y del episodio que ha dejado una huella imborrable en la historia de esa nación. El propio Larraín se sorprendió cuando Darren Aronofsky le ofreció el proyecto, pero las barreras culturales no fueron un impedimento para encontrar temas universales en este relato.

En el mismo año, Larraín estrenó otra película basada en la vida de un personaje famoso, Neruda (2016), sobre la persecución política que enfrentó el poeta chileno durante el gobierno de Gabriel González Videla. La forma en que el director aborda las cintas biográficas es poco convencional, alejándose de los lugares comunes en los que incurren la mayoría de las obras. En vez de explorar la vida de una persona como si se tratase de un libro de historia, narrando los hitos de su carrera y recurriendo a una narración estéril, Larraín se interesa por aquellos momentos intermedios, más íntimos, donde somos capaces de ver a sus personajes como seres humanos de carne y hueso. Sus películas tampoco temen recurrir a estrategias narrativas especiales, que permitan otorgarle una impronta personal a los hechos mostrados.

Entre ambas películas también existen diferentes acercamientos, ya que mientras en Neruda el tono utilizado tiende a ser irreverente y se opta por elementos del cine policial, en Jackie la atmósfera es más evocadora e inquietante. Utilizando como marco una entrevista que Jacqueline Kennedy (Natalie Portman) le concede a un periodista (Billy Crudup) solo días después del asesinato de su marido, la cinta va contando su historia de manera no lineal, a través de varios flashbacks de los meses anteriores de la protagonista. Las escenas de vez en cuando se van intercalando con imágenes de archivo, como la del tour televisivo que Jackie realizó de la Casa Blanca o la de la ex primera dama junto a sus hijos rumbo al funeral de Kennedy.

Al principio, me pareció que la obra retrataba a su protagonista como una mujer excesivamente ingenua y superficial, reforzando el estereotipo de que Jacqueline Kennedy era una primera dama que estaba más preocupada de la ropa y la decoración que de otras cosas. En ningún momento esperaba una película que enarbolara una bandera feminista y mostrara al personaje como una luchadora de los derechos de los más desposeídos, pero si buscaba una cinta que profundizara en alguien que generalmente es definido por su apariencia más que por su sustancia. La forma en que es mostrada la protagonista,  como alguien no muy brillante, que evita opinar sobre temas complejos como la política, y que dedica demasiado tiempo en los preparativos del funeral de su marido, me pareció una oportunidad desaprovechada. Sin embargo, mi primera impresión fue errónea, ya que Jackie va más allá.

La película enfatiza la dicotomía que existe entre el ámbito público y el privado, entre lo real y lo aparente. A medida que los minutos avanzan, nos damos cuenta que Jacqueline Kennedy es una mujer muy preocupada de la percepción que ella y su familia transmiten a la población, cuidando en todo momento qué va a decir y qué mantendrá en secreto. El ejercicio se ve en la propia entrevista que sirve como columna vertebral de la cinta, ya que el personaje principal le dice constantemente al reportero qué cosas irán y no irán en la publicación final, actuando como una editora de la “verdad” que el entrevistador quiere revelar. Esto también se nota en su tour televisivo y hasta en el propio funeral de Kennedy, en los que se intenta transmitir una imagen determinada, muy calculada.

Su interés está íntimamente ligado a la idea del legado, y cómo ciertas personas son capaces de pasar a la historia gracias a la imagen que cultivaron. La protagonista se encuentra en una posición muy especial, ya que está en medio de un hecho definitorio de la historia de su país, pero al mismo tiempo tiene la perspectiva necesaria para tomar cierta distancia y ser consciente precisamente de lo crucial que es todo lo que le está ocurriendo. En una de las escenas de la película, donde se le muestra dentro de una ambulancia junto al cadáver de su marido, le pregunta al conductor si conoce a James Garfield y William McKinley, dos presidentes de Estados Unidos que también fueron asesinados durante sus mandatos. A diferencia de otros como Abraham Lincoln, que forman parte esencial del inconsciente colectivo de aquella nación, los otros dos nombres han pasado al olvido, algo que ella no quiere que pase con JFK.

Aunque la obra trata con respeto a su personaje principal y su círculo cercano, también se atreve a cuestionar ciertos aspectos de su vida. En una escena, por ejemplo, el propio hermano de John Kennedy, Robert (Peter Sarsgaard), pone en duda el legado que habría dejado su presidencia, la que a su juicio parece no haber logrado resultados tangibles relevantes. A diferencia de Lincoln, la imagen a la que intenta aspirar, el gobierno de Kennedy no tuvo hitos como la abolición de la esclavitud o el triunfo en la guerra civil. Hasta el esfuerzo de la protagonista por crear una mística en torno a la presidencia de su marido es reconocido por ella como parte de un intento de vanidad. Aspectos como estos dan cuenta de las imperfecciones de los personajes y los hacen más cercanos y creíbles.

El dolor del luto que atraviesa la película le otorga una sensación especial, una solemnidad que le da peso a la obra. La atmósfera es complementada con un tono amenazador, como si estuviésemos viendo un thriller, debido a la enigmática banda sonora de Mica Levi, quien anteriormente había hecho la música de la cinta Under the Skin (2013). Aunque conocemos los hechos en los que está basado el guion, aún así hay algunas revelaciones de información que funcionan como una forma de acrecentar la tensión. La fotografía de Stéphane Fontaine, si bien tiende a la austeridad, resulta precisa y elegante, con cada uno de sus encuadres y los elementos que quedan dentro de cada plano.

Dado que en la gran mayoría de las escenas participa Jacqueline Kennedy, la actuación de Natalie Portman debía estar a la altura, ya que se transformaría en uno de los pilares de la obra. Aunque su acento e inflexión de voz me parecieron algo artificiosos, ya que se nota que se esfuerza por captar el tono ocupado por la primera dama, lo que acrecienta el hecho de que estamos viendo a una actriz interpretando un papel más que un personaje que habita ese mundo, a la larga su trabajo se va integrando más con la película. A través de su rostro se va formando una gama de emociones, como la fragilidad por la pérdida de un ser querido, la obsesión por proteger su nombre y el de su familia, y la determinación de alguien que tiene claro lo que quiere.

El legado de John F. Kennedy, ese legado que la protagonista busca instalar, puede resultar menos preciso que el de un Abraham Lincoln o un Franklin D. Roosevelt, pero no por eso menos poderoso. Aquello que lo ha transformado en un presidente icónico consiste precisamente en una cuestión intangible, en un ideal de aspirar a algo más, algo parecido a lo que llevó a Barack Obama a la Casa Blanca, y que parece estar eclipsado en la actualidad por la mezquindad y pequeñez de Donald Trump. Jackie es una película que no busca entregar una mirada definitiva sobre un episodio fundamental en la historia de Estados Unidos, sino que una perspectiva más, y lo hace con gran calidad.

Larraín vuelve a demostrar que posee una voz propia y no tiene miedo a hacerse escuchar, incluso en un proyecto como este, que es su debut en el cine de Estados Unidos y trabajando con una de las actrices más famosas de la actualidad.

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Un pensamiento en “Jackie (2016)

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