Get Out (2017)

Get_Out-posterAl escribir sobre Nocturnal Animals (2016), mencioné lo difícil que puede ser para alguien sobresalir en un área distinta a aquella en la que anteriormente ha sido exitoso. En el caso de Get Out (Huye), su director Jordan Peele tenía conocimientos audiovisuales previos, por lo que hacerse cargo de su primer largometraje no parecía tan extraño, pero su carrera ha estado principalmente ligada al género de la comedia, con el programa de televisión Key and Peele, en el cual participaba como actor y guionista, así que la decisión de estrenar una cinta de terror llamó la atención de más de una persona. Si bien ha señalado que su fanatismo por el género  se remonta a su juventud, su debut como director debió sobrepasar una barrera que le permitiera ser tomado en serio.

Su estrategia consistió en no abandonar la comedia del todo, optando por mezclarla con elementos del cine de terror y el thriller, creando una muy efectiva mezcla de géneros. El humor que realizaba en el programa junto a Keegan-Michael Key tenía un componente satírico y de crítica social, explorando de vez en cuando lo que significa ser de raza negra en Estados Unidos, por lo que resulta coherente que el gran tema tratado en su primera película diga relación con la raza. La idea resulta atingente al panorama actual del país norteamericano, donde la brutalidad policial se ha visto expuesta gracias a las redes sociales y la elección de Donald Trump ha permitido el resurgimiento de un peligroso discurso de odio dirigido hacia las minorías.

El protagonista es Chris Washington (Daniel Kaluuya), un joven afroamericano que se dedica a la fotografía. Tras meses de relación con su novia Rose (Allison Williams), Chris finalmente acepta viajar junto a ella para conocer a su familia, aunque tiene algunas dudas acerca del hecho de que ella no le ha contado a sus padres (Catherine Keener y Bradley Whitford) cuál es su raza. Su novia, que es comprensiva y capaz de percibir sus inseguridades, le asegura que no habrá ningún problema con sus padres, quienes tienen una mente abierta. Al llegar, y pese al trato cordial de los anfitriones, Chris nota algo extraño en la situación, sobre todo por el particular comportamiento de la sirvienta y el jardinero de la familia, quienes también son afroamericanos.

Lo más interesante de Get Out es que la amenaza que debe enfrentar el personaje principal no proviene de personas que son abiertamente racistas, donde resultaría fácil identificar el peligro, sino que de personas que aparentemente tienen buenas intenciones. Una de las primeras cosas que el padre de Rose le dice a Chris es que habría votado por Barack Obama una tercera vez si hubiese podido. Es a partir de ese tipo de comentarios que nace la paranoia del protagonista, con frases que por sí solas no pasarían a ser más que una rareza aislada, pero que en su conjunto dan cuenta de que algo sospechoso está ocurriendo.

La película pone el foco de atención sobre esas microagresiones que pasan por elogios, como los comentarios que recibe Chris acerca de su potencial físico o las menciones gratuitas a celebridades de raza negra como Tiger Woods solo porque el protagonista también es afroamericano. Se trata de cuestiones que pueden estar motivadas por una intención positiva, pero que reducen a las personas de una raza diferente a un simple concepto, como si fuesen la personificación o los representantes de todo un conjunto de personas. Mientras las personas abiertamente racistas recurren a insultos de forma consciente, en este caso se trata de una cosificación que los responsables parecen no captar.

Jordan Peele ha dicho que una de las principales influencias de Get Out fue el trabajo del escritor Ira Levin, autor de las novelas  Rosemary’s Baby y The Stepford Wives. En ambas historias el peligro que asecha a las protagonistas se esconde bajo una aparente normalidad, la que alberga unas oscuras implicancias. La cinta incluso puede ser vista como una subversión de la premisa de la película Guess Who’s Coming to Dinner (1967), que narra  cómo una joven caucásica le presenta a su familia a su novio afroamericano, interpretado por Sidney Poitier. A pesar del tiempo que ha pasado entre ambas obras, el tabú de las relaciones interraciales sigue existiendo, y Peele lo actualiza al Estados Unidos del siglo XXI, en el que pese a haber tenido un presidente de raza negra los problemas que deben enfrentar las minorías continúan.

Mientras veía Get Out, otra de las películas que recordé fue The Invitation (2015), debido a la forma en que las dos van construyendo su tensión. Aprovechando las convenciones sociales y la presión de no parecer maleducado, los protagonistas aguantan los constantes episodios de incomodidad restándoles importancia y tratándolos como algo corriente. La presión se va acumulando a medida que los minutos pasan, y es en el clímax de la cinta cuando todo explota de forma estrepitosa. Jordan Peele utiliza de forma hábil los diálogos y comportamiento de los personajes para crear un estado de persistente incertidumbre, en el que el espectador no sabe muy bien a qué se está enfrentando Chris.

Aunque podíamos prever la buena calidad que tendría el guion debido a la experiencia de Peele y el talento que demostró en su programa de televisión, hay otros elementos de la obra que sorprenden debido al manejo demostrado, sobre todo por ser su primer largometraje. El aspecto visual de la cinta, por ejemplo, se encuentra bien cuidado, con imágenes evocadoras y memorables, así como representaciones visuales efectivas. El montaje también contribuye a crear la atmósfera de la película, a través de momentos de narración paralela y de la determinación del tiempo indicado para terminar cada una de sus escenas, evitando que la duración resulte demasiado concisa ni extensa.

Como relato, la obra está bien construida, sembrando pistas y detalles que más adelante cobrarán sentido, ayudándonos a entender lo que ocurre. Pero Get Out no solo se conforma con contar bien su historia y tratar temas interesantes, sino que hace todo eso de una forma original. La mezcla de géneros a la que recurre no es una simple alternancia de tonos, pasando del humor a la tensión y viceversa; Jordan Peele crea momentos que son capaces incluso de asustar y causar risa al mismo tiempo. El director escapa del camino convencional y crea algo distinto, algo que demuestra confianza y una visión por crear algo propio.

En la función de cine a la que fui hubo algunas personas confundidas por el particular tono de la cinta, ya que no sabían cómo reaccionar o fueron sorprendidas por el tono cómico de la obra, pero eso más que demostrar un problema de la película simplemente refleja la incapacidad de ellos para adaptarse a algo que escapa de la norma. Cuando uno va a ver una película al cine el deseo no debe consistir en encontrar algo idéntico a lo que ya ha visto cientos de veces, sino que a la posibilidad de experimentar algo novedoso, que demuestre la capacidad creativa del medio, algo que Get Out cumple.

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