I Am Not Your Negro (2016)

I_Am_Not_Your_Negro-posterEn el cine, como en toda forma de arte, uno de los aspectos fundamentales es la perspectiva desde la cual se crean las obras. El proceso creativo se encuentra íntimamente ligado al artista como persona, siendo sus experiencias y forma de ver el mundo los factores que irán modelando su trabajo. La impronta personal que se transmite a través de la obra es lo que ha llevado a definir la noción de autor dentro del cine, una actividad que si bien posee una dimensión colectiva es capaz de transmitir una voz distintiva dentro de los colaboradores, siendo generalmente el director quien pasa a ocupar ese puesto.

Si bien el concepto de autor se tiende a utilizar dentro del cine de ficción, también resulta útil en el documental, el que pese a tener como principal objetivo documentar la realidad, lo hace siempre desde un determinado punto de vista. El elemento subjetivo dentro de un documental es ineludible, ya que la realidad no puede ser registrada en su totalidad, siendo necesario seleccionar qué elementos serán mostrados y de qué manera. Existen documentalistas como Werner Herzog o Michael Moore que han abrazado de tal manera la noción de autor que han pasado a ser coprotagonistas de sus obras, adoptando una posición activa dentro de sus cintas, ya sea apareciendo frente a la cámara o participando como narradores.

En el caso de I Am Not Your Negro ocurre algo bastante particular, ya que si bien su director es el cineasta haitiano Raoul Peck, la perspectiva que predomina dentro del documental es la de James Baldwin, escritor afroamericano que falleció hace treinta años. Esto se debe a que la cinta tiene como hilo narrativo un manuscrito incompleto en el que Baldwin había trabajado, el que hablaba sobre tres figuras centrales del movimiento de los derechos civiles en Estados Unidos, Medgar Evers, Malcolm X y Martin Luther King. Son, por lo tanto, las reflexiones del escritor las que predominan dentro del documental, a tal grado que es posible hablar de él como coautor del documental junto a su director.

El documental es narrado en primera persona, a través de una lectura de las líneas escritas por Baldwin, siendo el actor Samuel L. Jackson quien asume la tarea de encarnarlo. Sus palabras son elocuentes, precisas e incisivas, abordando la complejidad de las relaciones raciales de Estados Unidos con una claridad envidiable. Su rol como intelectual no hace que la narración resulte demasiado árida ni distante, ya que al ser un hombre de raza negra Baldwin habla desde algo que conoce de primera mano, existiendo una clara dimensión personal en la cinta. Al hablar sobre la muerte de los tres activistas lo hace no como un historiador ni como un cronista, sino que como alguien que los conoció de cerca.

Con ese tipo de enfoque la narración llega a alcanzar momentos íntimos, casi de confesión. Así, en un segmento Baldwin reconoce que su rol dentro del movimiento de los derechos civiles ha sido el de un testigo, sin vivir en carne propia las atrocidades vividas por los afroamericanos del sur de Estados Unidos ni organizar las protestas o campañas en contra del racismo imperante en el país. Su situación lo alejaba entonces de lo vivido por los activistas sobre los cuales escribe, dejándolo en un lugar más pasivo. El narrador declara que esto era difícil para su autoestima, pero con el tiempo se fue dando cuenta que su papel como testigo también era importante, ya que a través de él debía dar cuenta de lo que ocurría en su nación.

La cercanía de Baldwin con los temas tratados se nota en el pesar de su voz cuando describe la situación de los afroamericanos en su país. Aunque es un hombre agudo, que se maneja muy bien en términos intelectuales, hay un cierto cansancio en su voz cuando debe repetir cosas que ha debido explicar miles de veces. Los comentarios de algunos de sus interlocutores hacen alusión a las mejoras que han experimentado las personas de raza negra en Estados Unidos, pero Baldwin sabe que el problema sigue enquistado en lo más profundo de la sociedad. Samuel L. Jackson, que recurre a una interpretación más medida que la que utiliza habitualmente, es capaz de transmitir esos matices a través de su narración, con un trabajo que debe ser reconocido a la par de las mejores actuaciones de su carrera.

Además de la narración proporcionada por Jackson, la película recurre a imágenes de archivo de Baldwin, quien participó de conferencias en universidades y entrevistas en televisión para dar a conocer sus ideas. Peck complementa esto con fotografías de la época, las que equipara con imágenes más recientes de Estados Unidos, relacionadas con las protestas organizadas por el movimiento Black Lives Matter. Los casos de brutalidad policial que han salido a la luz durante los últimos años demuestran que las reflexiones de Baldwin acerca del problema racial de su país son ciertas, ya que pese a los avances que han ido experimentando con el pasar de las décadas, incluida la elección de un presidente afroamericano, las raíces del conflicto siguen ahí.

Otra de las herramientas ocupadas es el contraste de imágenes, con el fin de representar las contradicciones existentes en Estados Unidos, donde la libertad y la buena calidad de vida se han transformado en las metas a seguir, muchas veces proyectando una imagen idealizada de su sociedad mientras detrás de ellas se esconden duras realidades. Uno de los temas presentes en las reflexiones que Baldwin hace durante la película es la manera en que los estadounidenses blancos tienden a evadir los problemas raciales o a restarles importancia, conducta que es fomentada por la posición de privilegio en la que se encuentran.

La cinta incluso se da el tiempo de mostrar imágenes de otras películas que sirven como ejemplo de la apariencia que la sociedad estadounidense busca proyectar sobre sí misma. En una de las secuencias más memorables del documental, Baldwin explica las diferentes reacciones que provoca un momento crucial de la película The Defiant Ones (1958), protagonizada por Sidney Poitier y Tony Curtis como dos convictos. La escena, que muestra a Potier saltando desde un tren en movimiento para no dejar atrás al personaje de Curtis, era recibida con felicidad por la audiencia blanca, que veía en el gesto una muestra de amistad y compañerismo entre dos razas distintas, pero los espectadores negros le recriminaban a Poitier su sacrificio, ya que el personaje de Curtis se había comportado de la peor manera con él.

Según Baldwin, el acto mostrado en aquella cinta refuerza uno de los mayores deseos de los ciudadanos blancos liberales, que es no ser odiados por las clases oprimidas, pese a ser parte del sector que se ve beneficiado por esa opresión. Este documental no solo sirve como una forma de poner en manifiesto el racismo directo existente en Estados Unidos, sino también de cuestionar a aquellas clases que creen tener buenas intenciones pero que siguen negándoles a los afroamericanos la suficiente autonomía para ser tratados como sujetos. La visión de Baldwin busca delatar y ser crítica, ataca el status quo y nos hace repensar aquello que dábamos por sentado, aunque no vivamos en ese país. La actitud que transmite está ahí mismo, en el título del documental.

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