Okja (2017)

Okja-posterUna de las grandes polémicas del festival de Cannes de este año giró en torno a la película Okja. El problema no tuvo que ver con su contenido, sino que con algo más técnico. La obra, que fue producida por Netflix, no contó con el tipo de distribución que habitualmente tienen las cintas que pasan por ese festival, sino que se privilegió su distribución a través de esa plataforma online por sobre los cines tradicionales. Esto levantó críticas por parte del presidente del jurado de este año, Pedro Almodóvar, e incluso generó abucheos del público presente cuando apareció el logo de la compañía en la pantalla.

No se pueden negar los problemas que rodean a este tipo de distribución, que para algunas personas representa un debilitamiento de la forma ideal de ver las películas, que es en una pantalla grande. Incluso existe el riesgo de un monopolio en la producción y distribución de cintas, debido a la posición dominante que Netflix tiene en el mercado. Pero tampoco podemos desconocer las virtudes de este mecanismo, que permite la creación de obras que probablemente no podrían haber sido concretadas utilizando el sistema antiguo, debido a lo arriesgadas que son en términos comerciales. El modelo ocupado por esta compañía permite la producción de productos más arriesgados, los que conviven con otros más populares.

El director Bong Joon-ho conoce bien las dificultades que pueden surgir en el sistema antiguo. Su anterior largometraje, Snowpiercer (2013), estuve enfrascado en una tensa disputa con la compañía distribuidora The Weinstein Company, que no estaba segura de que la versión ideada por el cineasta coreano fuese lo suficientemente accesible para el público estadounidense. Finalmente, la visión de Bon Joon-ho prevaleció, pero este tipo de intervenciones pueden afectar de forma evidente el resultado final de las obras, relegando al director a una versión que es estrenada años después solo en formato casero. Al ver una cinta como Okja, con su actitud atrevida, jugada, uno se da cuenta que el cineasta a cargo de la obra plasmó aquello que estaba en su mente, sin concesiones ni trabas.

Su prólogo consiste en una conferencia de prensa que Lucy Mirando (Tilda Swinton) da sobre el nuevo proyecto de la empresa alimenticia que dirige. Con tal de alejarse de la controversial imagen de su padre, Lucy ha decidido promocionar el nuevo producto de la compañía como si se tratase de un colorido concurso de televisión, para transmitir una apariencia más bondadosa a los consumidores. El producto es un “súper cerdo” que según la empresa fue descubierto en Chile, el que fue reproducido artificialmente y sus descendientes repartidos a lo largo del mundo, para que sean criados por diferentes granjeros. La idea es que dentro de diez años estos animales serán revelados de forma pública y se elegirá al mejor ejemplar.

El foco de la obra se encuentra sobre Okja, el cerdo que fue criado en Corea por un granjero anciano (Byun Hee-bong) y su nieta, Mija (Ahn Seo-hyun),  en una zona montañosa lejos del resto de la civilización. La vida que llevan estos personajes es idílica, sobre todo la relación que tiene la niña con el animal, el que se ha convertido en parte de su familia. Sin embargo, esto es interrumpido cuando un representante de la empresa, el presentador de televisión Johnny Wilcox (Jake Gyllenhaal), se lleva a Okja a Estados Unidos. En medio de la travesía que emprende para rescatar a su amigo, Mija conoce a unos miembros del Frente de Liberación Animal (interpretados por Paul Dano, Steven Yeun, Lily Collins, Daniel Henshall y Devon Bostick), cuya misión consiste en desenmascarar a Mirando y las prácticas ocupadas por la empresa contra sus animales.

Creado a través de efectos digitales, el cerdo que aparece en la película transmite la suficiente autenticidad para que creamos que comparte la pantalla con los personajes de carne y hueso. La forma en que interactúa con ellos y con los elementos que lo rodean lo convierten en un personaje más de la cinta, algo que permite que nos preocupemos por lo que le puede ocurrir. Mitad cerdo-perro, mitad hipopótamo-manatí, Okja ha levantado ciertas comparaciones con las criaturas que aparecen en las películas de Hayao Miyazaki y Steven Spielberg, dos directores que se han especializado en transmitir esa conexión emotiva que se produce entre sus personajes.

Esta obra puede ser comparada a otros trabajos de Bong Joon-ho, como Snowpiercer, por su elenco multicultural, así como su trama cargada de un componente social y político, y con Gwoemul (The Host; 2006), una cinta que estrenó hace más de una década acerca de un monstruo que aterroriza las calles de Seúl. Sin embargo, las similitudes que puedan existir entre esta película y esos títulos son menores, ya que Okja es, dentro de la filmografía de ese director, su propia cinta. Bong Joon-ho ha desarrollado una carrera diversa, con thrillers, películas de acción, ciencia ficción, y dramas, siendo el tono liviano de esta obra una desviación de su estilo más sombrío, si bien contiene algunos elementos más oscuros hacia el final.

Mientras la diversidad cultural de Snowpiercer funcionaba a través de una coexistencia relativamente equilibrada entre oriente y occidente, en Okja el choque cultural es más palpable, existiendo un claro contraste entre el estilo de vida sencillo de la granja coreana en la que parte la historia y el anhelo capitalista que ronda en la sociedad estadounidense. Las diferencias también se notan en la película en sí, con la forma en que son escritos los personajes occidentales, quienes tienden a ser más estrafalarios y caricaturescos que lo que estamos acostumbrados a ver en el cine de Hollywood. Sus diálogos, el lenguaje corporal utilizado, todos esos aspectos demuestran la influencia que la impronta del director tiene sobre la obra.

Tilda Swinton recurre a una interpretación exagerada, que acentúa la ingenuidad de su personaje, quien no puede ser catalogada como una simple villana, sino que como alguien que no es completamente consciente del mal que produce. Jake Gyllenhaal, por su parte, va un paso más allá, con una actuación tan estrambótica que se ha convertido en uno de los mayores puntos de discordia de la película. Aunque es uno de mis actores favoritos, actualmente me encuentro dentro del grupo que no quedó convencido con las decisiones que tomó en esta cinta, careciendo de algunas de las sutilezas que logra Swinton con su interpretación.

A diferencia de Gwoemul, donde los humanos eran aterrorizados por un monstruo, en Okja es el “monstruo” el que debe ser salvado de los personajes humanos. La película presenta un evidente mensaje contra el capitalismo y la falta de ética que puede existir dentro de las grandes empresas en su afán por obtener ganancias. Relacionado con esto se encuentra una postura animalista, incluso vegetariana, que critica la crueldad a la que son sometidos los animales utilizados dentro de la industria alimenticia. No se trata de un mensaje demasiado original, y la forma en que lo transmite peca a veces de obvio, pero hay algunos matices que lo hacen más interesante, lo que es complementado por el particular tono del relato.

A ratos una comedia, en otros un drama, y entre medio mostrando destellos de acción y sátira, Okja es difícil de definir en cuanto al tono que utiliza. Existe una imprevisibilidad que la convierte en una obra emocionante, ya que no sabemos muy bien hacia dónde va a ir. Hay algo novedoso y admirable en la forma en que Bong Joon-ho se compromete a plasmar su particular visión, alejándose de las convenciones o de las fórmulas imperantes en el cine hollywoodense, aún cuando eso signifique un resultado algo irregular. Pese a que haber seguido un camino más seguro podría entregar una respuesta más positiva por parte del público, la valentía de intentar algo nuevo siempre merece un tipo de reconocimiento.

Hay un aire de cuento infantil que atraviesa a la obra, con una estética colorida, chistes que apelan a un humor básico, e ideas que son deletreadas para ser entendidas por el mayor número de personas. Pero no estamos ante una cinta dirigida exclusivamente al público infantil, ya que existen también dobles lecturas, insinuaciones y un cambio en los tonos utilizados que la transforman en algo diferente a lo que estamos acostumbrados. La película es más de lo que parece, dejando en manos del espectador la tarea de interpretar algunos de sus pasajes y otorgarles significado.

Si bien la cinta presenta un mensaje claramente animalista, resulta materia de interpretación si la obra promueve además el vegetarianismo. Esto ya que la propia niña protagonista come animales como pescados y tiene gallinas en su granja (las que no parecen ser mascotas). Y aunque la película está en contra de las grandes empresas, también se toma el tiempo de ridiculizar en parte  a los personajes que integran el Frente de Liberación Animal, como ese miembro que por negarse a dañar el planeta se niega incluso a comer vegetales, o de cuestionar el sectarismo que se puede producir dentro de esas organizaciones.

Más que las consignas y las posturas ideológicas, el núcleo de la película está conformado por algo más elemental, materializado a través de la relación entre Okja y Mija. El cariño que la niña siente por el animal no necesita ser justificado intelectual ni políticamente, sino que brota de manera natural de ella. Es en esa pureza donde se encuentra el centro de la obra, quedando la protagonista en el medio de un conflicto del cual no quiere formar parte. Ambos bandos de la historia, tanto la empresa como el Frente, intentan utilizar a Mija de una u otra manera, tratándola como un medio para conseguir algún fin determinado, pero el viaje personal que ella emprende va más allá de los márgenes de esa disputa.

La travesía de Mija, como todo viaje personal, no implica solo ir de un territorio a otro, sino que experimentar un crecimiento como individuo. La niña se ve expuesta a un mundo que desconocía, habitado por personas motivadas por ideales que no comparte. Los horizontes de la protagonista se expanden, y lo interesante consiste en ver cómo reacciona ante las situaciones que vive, ya sea sucumbiendo a la presión o rebelándose contra la maquinaria que la rodea. Ahn Seo-hyun, la joven actriz que interpreta al personaje, transmite la fortaleza de alguien que está determinada por lograr lo que se propone, haciendo que su lucha contra la empresa Mirando resulte inspiradora.

Okja es una cinta que abraza su extravagancia. La forma en que mezcla lo estrafalario con elementos satíricos hace recordar al trabajo de Terry Gilliam, especialmente Brazil (1985) y The Zero Theorem (2013), pero con una chispa propia. Bong Joon-ho ha creado una obra peculiar, que escapa de la norma, y por lo mismo valiosa, que sin ser perfecta e incluso con algunas irregularidades se transforma en algo inusual dentro del cine actual.

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