Spider-Man: Homecoming (2017)

Spider-Man_Homecoming-posterEn quince años, Spider-Man ha protagonizado seis películas y ha sido interpretado por tres actores diferentes. De forma similar a la popularidad que tiene Batman dentro de la editorial DC, algo que le ha permitido protagonizar múltiples versiones cinematográficas durante las últimas décadas, en el caso de Marvel ha sido este personaje quien ha regresado en más de una ocasión para aprovechar el afecto que despierta entre el público. En una época donde los reinicios y remakes son cada vez más habituales, no debió pasar mucho tiempo para que viéramos una nueva encarnación del superhéroe tras la tibia respuesta comercial y de crítica que logró The Amazing Spider-Man 2 (2014).

La novedad es que en este nuevo reinicio Sony, la compañía que tiene los derechos cinematográficos del personaje, ha decidido colaborar con Marvel Studios, permitiendo que Spider-Man pueda formar parte del mismo universo que Los Vengadores. El debut de esta versión, interpretada por Tom Holland, ocurrió en la película Captain America: Civil War (2016), donde tuvo una breve pero bien recibida participación. Sin embargo, el desafío de protagonizar su propio largometraje no era sencillo, ya que las dudas acerca de una nueva versión solo un par de años después de una que no logró desarrollar todos los planes que tenía previstos, sumado a la fatiga que se siente en parte de la audiencia respecto del cine de superhéroes, podrían haberle jugado en contra.

Para superar estos obstáculos, la cinta intentó introducir elementos nuevos que la diferenciaran de las anteriores versiones del personaje. Aunque el éxito del universo cinematográfico de Marvel se basa en la utilización de una fórmula determinada, que va unificando la manera en que se van haciendo sus películas, desde el tono ocupado hasta la estructura de sus tramas, y si bien esta obra también recurre a esa técnica, eso no impide ir modificando ciertos aspectos para crear un resultado propio. La diferencia más evidente con los Spider-Man que interpretaron Tobey Maguire y Andrew Garfield es que éste se encuentra inserto en un mundo donde existen otros héroes, y la cinta recurre a esa circunstancia para crear su historia y el arco del personaje alrededor de ella.

Después de los acontecimientos mostrados en Civil War, Peter Parker (Tom Holland) debe regresar a Nueva York a  su vida como estudiante. Aunque sus deseos de unirse a los Vengadores aún son fuertes, el contacto que mantiene con Tony Stark (Robert Downey Jr.) es limitado, debiendo comunicarse con él la mayoría de las veces a través de su asistente, “Happy” (Jon Favreau). Mientras espera la oportunidad para colaborar nuevamente con Iron Man y el resto de los superhéroes, Peter intenta continuar con su labor como justiciero, aunque en una escala menor a la de ellos. Además, debe lidiar con cuestiones propias de la vida de un adolescente, tratando de equilibrar su tiempo como Spider-Man con su vida social como “civil”.

Dado que en esta película se omiten los orígenes del protagonista, sin que veamos la conocida picadura de araña ni la muerte del tío Ben, el viaje personal de Peter Parker no dice relación tanto con aquello que lo motiva a convertirse en un superhéroe, sino que la escala en la que se desenvuelve como tal. Su participación en los hechos de la anterior película lo llevan a convencerse de que su rol como héroe requiere desafíos mayores, viendo la invitación de Tony Stark como una manera de “graduarse” de las tareas locales que realizaba en su ciudad para pasar a misiones más importantes. Pero  la frustración de no recibir respuesta de Stark lo lleva a buscar estos nuevos desafíos por su cuenta, pese a que no está del todo preparado para hacerles frente. Así, la historia de Spider-Man en Homecoming, como buena historia acerca de la maduración, dice relación con descubrir el lugar que ocupa en el mundo.

Uno de los aspectos del personaje que está presente en los cómics es su vínculo con la ciudad de Nueva York, y en esta película dicho elemento forma parte del arco de su protagonista. Mientras la mayoría de las cintas del universo cinematográfico de Marvel han presentado amenazas catastróficas para sus superhéroes, quienes deben enfrentar peligros ligados a la destrucción de grandes áreas, en esta obra el conflicto al que se ve enfrentado el protagonista es más acotado. La cinta no ve esto como un aspecto negativo, sino que acepta esa circunstancia y hace que la lección que debe aprender Peter Parker consista precisamente en apreciarla. Spider-Man es un justiciero más cercano a la ciudadanía, algo que ayuda a destacarlo respecto del resto de los Vengadores, que van desde multimillonarios hasta dioses nórdicos.

Cuando Stan Lee y Steve Ditko lo crearon a comienzos de los años 60, Spider-Man surgió en el mundo de los cómics como un personaje con el que los lectores se pudiesen sentir identificados. En aquella época los superhéroes adolescentes no eran algo usual, y los que existían estaban restringidos a un papel de asistentes o compañeros de superhéroes adultos. Peter Parker, en cambio, protagonizaría sus propias historias, en las cuales tenía que intentar responder tanto a sus responsabilidades como superhéroe como a las de estudiante. Tenía problemas de dinero, su jefe era exigente, debía mantener su identidad secreta para no afectar a sus seres queridos, todo lo cual le entregaba una perspectiva distinta a este tipo de héroes.

El Spider-Man de Tom Holland se hace cargo de estos problemas, mostrando incluso la forma en que ambas dimensiones del personaje (su vida pública y privada) de vez en cuando se van entremezclando, a través de un giro en la trama que es sorpresivo y le entrega un importante peso dramático a la obra. El director Jon Watts destaca las diferencias que lo separan de los demás Vengadores, como el hecho de tener una identidad secreta, cumplir con sus obligaciones en el colegio, y mantener una vida social de un adolescente común y corriente. Mientras las versiones de Maguire y Garfield tenían sus respectivas fortalezas y debilidades, la de Holland logra un mejor equilibrio, lo que lo convierte en la mejor encarnación de Spider-Man a la fecha.

La clave de Peter Parker como personaje es que es un joven normal que adquiere habilidades sobrehumanas  debido a un caso fortuito, a un accidente que no buscó y que ocurrió por casualidad. Estos poderes no facilitan su ya complicada vida, sino que le entregan más responsabilidades que las que puede manejar. En eso radica la cercanía del personaje, ya que a pesar de tener una gran inteligencia su camino como superhéroe no está exento de problemas, convirtiéndolo en una especie de underdog que debe superar los múltiples obstáculos que el mundo le va arrojando.

Holland logra transmitir tanto la sensación de inadaptado de Peter como el carisma que adquiere cuando viste el traje de Spider-Man. El actor aprovecha bien el tono cómico que predomina a lo largo del metraje, desarrollando una efectiva química con Downey Jr. y el resto del elenco. Watts maneja con fluidez el ritmo de la cinta, con pocos momentos en los que se siente que la historia queda estancada. No se puede negar que Marvel Studios ha ido puliendo su fórmula con el pasar de los años, garantizando de esta manera la entretención del relato y la calidad del mismo. Además, la sorpresa que se produce durante el último tercio le entrega una mayor cuota de interés al clímax.

Otra de las fortalezas de Spider-Man son sus villanos, los que poseen motivaciones que resultan fáciles de entender, evitando que caigan en lo unidimensional. En el caso de esta película, el principal enemigo del protagonista es Adrian Toomes (Michael Keaton), “Vulture”, un contratista que estaba a cargo de limpiar la destrucción dejada en Nueva York tras la batalla de la cinta The Avengers (2012), pero cuyo trabajado es interrumpido por una organización manejada por Tony Stark. Apremiado por necesidades económicas y por el deseo de desquitarse con aquellos que lo fastidiaron, Toomes comienza a desarrollar un negocio de robo y venta de aparatos extraterrestres que sustrae de dicha organización, los que convierte en armas que son luego utilizadas por criminales de la ciudad. Es por esto último que Spider-Man empieza a investigar el origen de dicha tecnología, algo que lo lleva hacia Toomes y sus colaboradores.

Algo que ha sido criticado de las cintas de Marvel Studios es que si bien sus villanos son funcionales para las respectivas tramas, sirviendo para el fin que deben realizar, en términos de personalidad y motivaciones no son demasiado memorables. Esto no ocurre con Vulture, debido a la fortaleza del material original en el que está basado, la presencia que logra crear Michael Keaton, y la forma en que el guion lo plantea como personaje. El discurso que utiliza, intentando transformar sus crímenes en un acto de rebelión contra aquellos sectores más acomodados que representa Stark, posee la suficiente lógica interna para hacerlo un personaje interesante, convirtiéndolo en uno de los mejores villanos del universo cinematográfico de Marvel.

Salvo una muy buena secuencia ambientada dentro de un automóvil, en el que la posición de la cámara, la duración de los planos y la iluminación ocupada van creando una atmósfera tensa y claustrofóbica, Homecoming no destaca demasiado en términos de estilo, optando en cambio por esa apariencia uniforme que han ido cultivando las películas del estudio. Por eso, y pese a las virtudes que tiene, la cinta no llega a alcanzar el nivel de una obra como Spider-Man 2 (2004) de Sam Raimi, que está llena de personalidad y demuestra con claridad la particular visión de su director. Mientras esa película se ha convertido con el paso de los años en una de las mejores representantes del cine de superhéroes, esta se debe conformar con ser un buen ejemplo dentro de la consistente filmografía de Marvel Studios.

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