War for the Planet of the Apes (2017)

War_for_the_Planet_of_the_Apes-posterLa película War for the Planet of the Apes (El planeta de los simios: La guerra) no solo es un inusual ejemplo de una tercera parte que es buena, siendo posiblemente mejor que las dos entregas anteriores, sino que también lo hace como parte de un trilogía que sirve de precuela para una aclamada saga cinematográfica de ciencia ficción, las que casi siempre terminan bajo la sombra de las obras en las que están basadas. En vez de intentar replicar el tono de las cintas originales, o incluso de eclipsarlas, la trilogía de la que forma parte junto con Rise of the Planet of the Apes (2011) y Dawn of the Planet of the Apes (2014) ha optado por utilizar una fórmula propia, que la diferencie del resto.

Si en Rise veíamos el punto de inflexión que provocó la caída de la humanidad y el florecimiento de los simios, a través de la propagación de un letal virus, en la segunda y tercera parte el foco no está tanto en una trama que muestra  cambios a escala global, sino que se asemejan más a un estudio de personajes, centrándose sobre todo en César (Andy Serkis), el simio que se convierte en líder de una revolución. Dawn y War, dirigidas ambas por Matt Reeves, privilegian lo íntimo por sobre lo colosal y la reflexión por sobre la acción. Si bien tienen secuencias de acción, con intensas batallas entre los diferentes bandos, todo eso está al servicio de los temas que exploran las obras, siendo un reflejo del choque de ideas que se produce entre simios y humanos.

En esta cinta, los pocos humanos sobrevivientes que quedan han decidido tomar las armas y matar a los simios. Liderados por un hombre que es acreditado simplemente como “El Coronel” (Woody Harrelson), un regimiento de soldados se adentra en el bosque para masacrar a César y sus compañeros. El enfrentamiento que sirve como introducción para la película es ganado por los simios, y César incluso decide salvar la vida de los humanos que logran capturar, como una muestra de clemencia. Sin embargo, el Coronel insiste con su idea y comete un acto de tal gravedad que lleva al líder de los simios a abandonar su postura no intervencionista para cobrar venganza. Acompañado de un puñado de aliados –Maurice (Karin Konoval), Rocket (Terry Notary) y Luca (Michael Adamthwaite)-, César  emprende un viaje para encontrar al Coronel, pero las cosas serán más difíciles de lo que piensa.

Combinando elementos del western y del cine bélico, War for the Planet of the Apes se toma su tiempo para contar su historia. La mayoría de las escenas involucran interacciones entre los simios, por lo que el lenguaje predominante son las señas. Se trata de un enfoque poco común en los blockbusters contemporáneos, que están más preocupados de entregar la información de manera explícita, a través de diálogos expositivos, sin dar mucho espacio a las dobles lecturas e interpretaciones. Y aunque su título incluye la palabra “guerra”, los enfrentamientos de este tipo son escasos, siendo los más importantes los que ocurren al comienzo y al final del metraje. La atención de Reeves se encuentra en realidad en las diferencias de fondo que existen entre los dos grupos, más que en las batallas entre ellos.

El atractivo de la cinta se encuentra en aquello que está dentro de sus personajes, tanto así que el villano de la historia termina siendo alguien complejo, cuyas acciones son reprochables pero que cuenta con motivaciones poderosas. César, por su parte, es tentado por su lado más salvaje, por un deseo de venganza que es personificado a través de un par de alucinaciones en las que su antiguo compañero Koba (Toby Kebbell) le habla directamente. Si bien sentimos mayor empatía por el grupo de los simios, la película no divide completamente a ambos bandos entre héroes y villanos, sino que reconoce los matices que existen en ese tipo de conflictos.

Mientras el Coronel actúa guiado por el miedo de que la humanidad sea exterminada, lo que lo lleva a adoptar una actitud desesperada y violenta, César y su grupo buscan evitar la violencia y prefieren comenzar a construir un futuro propio. La postura del líder simio hace que su viaje en esta película cuente con guiños al viaje que tuvo Moisés en el Antiguo Testamento, debiendo liberar a su pueblo y conducirlo a la tierra prometida. La obra también presente ideas ligadas al martirio y a la creación de mitos, reforzando así los elementos religiosos que le van dando forma. Todo esto va contribuyendo a la riqueza temática de la cinta, la que en caso alguno opaca el estilo del relato, ya que estamos ante una película que equilibra muy bien la forma y el contenido.

Reeves demuestra una mayor seguridad en cuanto a las decisiones artísticas que adopta en esta película, utilizando un ritmo pausado pero que nunca se estanca. Aunque su preferencia por los momentos más íntimos, en los que las interacciones entre los personajes son el punto central, puede molestar a ciertas personas que esperaban una mayor cuota de acción (debido al título de la cinta), ese no es un problema de la obra sino que de las expectativas que se pueden tener antes de verla. La realidad de la guerra mostrada no se limita solo a las batallas, abarcando además otros horrores de los conflictos bélicos, sobre todo la deshumanización de quienes participan en ellos. La aproximación poco convencional del director resulta audaz y madura, algo que se extraña en el actual panorama del cine comercial estadounidense.

El avance de los efectos digitales y la técnica de captura de movimientos permiten que las dudas acerca de la legitimidad de este tipo de actuaciones disminuyan considerablemente. Quienes subestiman la labor de alguien como Andy Serkis, quien ha dado vida a numerosos personajes digitales a lo largo de los años, no son capaces de ver de qué forma la captura de movimiento combina la labor del intérprete con la de los animadores. En War of the Planet of the Apes la calidad de la actuación de los simios, sumado a lo realista de las texturas y demás detalles, los convierten en personajes tan reales como los humanos de carne y hueso con los que deben interactuar.

Al ser una precuela, las dudas acerca de la forma en que los hechos narrados van a conectar con los mostrados en la saga original son ineludibles, pero se encuentran en un segundo plano en comparación al verdadero núcleo de la película, que es la relación entre sus personajes. No sirve de mucho examinar los años que separan a esta cinta con la película de 1968, ni buscar posibles inconsistencias entre ambas obras. La atención por ese tipo de cuestiones puede servir para pasar el rato, pero al final de cuentas no determina el verdadero valor de una película, que en este caso está más cerca de lo emotivo que de lo analítico.

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