Grave (2016)

Grave-posterA pesar de que explora un tema tan perturbador y tabú como el canibalismo, la película franco-belga Grave (Raw; Voraz) no se encasilla a si misma dentro del género del terror, sino que se asemeja más a un drama y a un thriller que casualmente ocupa elementos grotescos. Inspirada por la forma en que el cine surcoreano contemporáneo es capaz de entremezclar géneros y tonos para crear un resultado propio, la directora Julia Ducournau emplea el cine de género para expandir sus límites, no para restringir su visión. La obra es una coming of age story, es decir, un relato de maduración, donde el gore es ocupado como algo más que una herramienta para choquear al espectador.

La protagonista es Justine (Garance Marillier), una aplicada joven que va a entrar a estudiar a una prestigiosa escuela de veterinaria ubicada en una zona rural. Sus padres se graduaron de allí años atrás, y además del interés por los animales, le heredaron a su hija una dieta estrictamente vegetariana. Ellos no son los únicos miembros de su familia que tienen vínculos con esa escuela, ya que su hermana mayor, Alexia (Ella Rumpf), también está estudiando veterinaria. Durante los primeros días Justine debe aguantar unos invasivos ritos de iniciación por parte de los estudiantes más antiguos, en una abusiva dinámica de poder. Entre las pruebas que tiene que realizar junto a los demás novatos se encuentra el comer hígado de conejo crudo, algo a lo que inicialmente se niega debido a su postura alimenticia, pero que finalmente hace tras la presión de su hermana mayor. El mal rato que pasa la protagonista no es solo momentáneo, ya que durante los días siguientes comienza a sufrir un intenso impulso por comer carne cruda.

Con una marcada influencia del subgénero del body horror, la cinta va representando los cambios que sufre la protagonista a través de ciertos signos corporales, como una insoportable picazón que le deja heridas en la piel, o el hábito de masticar su propio pelo, lo que la obliga a vomitarlos después. La película muestra estos momentos de forma gráfica, sin prescindir de demasiados detalles, lo que va creando una sensación de intranquilidad en la audiencia. Uno de los aspectos que llamó bastante la atención antes de su estreno masivo fue el hecho de que mientras era exhibida en el Festival de Cine de Toronto, algunas personas del público debieron ser atendidas tras desmayarse.

Sin embargo, ese tipo de noticias pueden llegar a crear algunas expectativas erróneas acerca de la obra y lo que quiere transmitir. Es cierto que posee escenas que son difíciles de ver, pero la atención de la película no está en la violencia gráfica, la que está limitada a lo justo y necesario, sin caer en un festival de gore. Aunque narra situaciones que salen de lo común, lo hace a través de una estética y un contexto de corte realista, y no con el tono que uno podría esperar de un director como, por ejemplo, Eli Roth. Quienes vieron esta película esperando una obra más ligada al género del terror, deseando sustos convencionales, puntuales,  en vez de una atmósfera opresiva, van a quedar decepcionados ya que ese no es el foco de la directora.

Su foco se encuentra en cómo estos aspectos  sombríos van reflejando la situación de la protagonista y su evolución personal. Presentada como una joven brillante en los estudios pero inexperta en los aspectos sociales, la travesía de Justine la va abriendo a nuevas experiencias, lo que le entrega a su ansia por la carne una clara capacidad simbólica. Ya sea como una especie de iniciación sexual o simplemente como un paso a la adultez y la independencia, el canibalismo del personaje puede ser visto como la representación de otros temas que forman parte de la obra. De esta manera, es el drama y el desarrollo de la protagonista lo que se encuentra en el núcleo de Grave, estando los demás aspectos al servicio de ellos.

Si en una serie de televisión como Hannibal el canibalismo es mostrado de una forma refinada, por medio de platos elaborados que buscan transmitir esa hambre al propio espectador, en esta película el deseo que siente Justine es más primitivo y visceral. Se trata de una fuerza incontrolable con la que la protagonista debe luchar, y que está desprovista de todo glamour, asemejándose a un instinto animalesco. Ducournau utiliza el lenguaje cinematográfico para mostrar de vez en cuando la visión del personaje principal, con primeros planos y un diseño de sonido que le entregan un grado de subjetividad a ciertas escenas donde vemos lo que ocurre desde la perspectiva de ella.

Algo que queda claro tras ver la película es que su directora posee una voz propia, ya que explora de forma original unos temas que podrías haber sido abordados fácilmente a través de lugares comunes. Tanto en la mezcla de géneros cinematográficos, incluidos algunos destellos de humor negro, como en los recursos estilísticos ocupados, que van desde su particular paleta de colores e iluminación hasta un intrincado plano secuencia, la cinta entrega un resultado que se eleva por sobre la media y se convierte en algo memorable. Entre el gran número de películas que se estrenan cada año, así como el fácil acceso que permite internet al cine de diferentes países, Grave destaca como un ejemplar diferente al resto, no solo por el controvertido tema que trata sino por la manera en que lo hace, todo lo cual es especialmente meritorio si consideramos que es el primer largometraje de su directora.

Un debut similar es el que hace la actriz Garance Marillier, que participa en su primer largometraje en el cine, luego de aparecer en algunos cortometrajes y una película para televisión. Su interpretación demuestra una entrega admirable, debiendo transitar el complejo arco de su personaje, quien sufre una importante transformación en su personalidad. El desafío tanto de ella como del guion consistía en hacer de Justine una persona que se ve enfrentada a una situación que escapa de lo normal, llegando a cometer incluso actos aborrecibles, pero que aún así mantiene un aire de vulnerabilidad que levanta cierta empatía entre la audiencia.

Este logro se debe a una sensación de fatalidad que atraviesa al metraje, enfrentando a Justine a la poderosa idea de la predeterminación, debiendo así luchar contra algo que busca definirla irremediablemente. Cuestiones como los impulsos, el discernimiento, el libre albedrío y el consentimiento van dando forma al conflicto que se instala dentro de la protagonista y que también se expresa en la relación que tiene con su hermana. Justine sabe qué desea, pero la pregunta que debe responder es si está dispuesta a obedecer ese instinto o si decidirá actuar de otra manera. Este dilema evita que la veamos como un simple monstruo, asimilándola más a un personaje trágico.

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