Coco (2017)

Coco-posterEn las más de dos décadas que lleva haciendo largometrajes, el estudio de animación Pixar ha narrado historias que transcurren en los más diversos escenarios. Desde las aventuras de un grupo de juguetes que se ven enfrentados al paso del tiempo y la obsolescencia, pasando por la travesía de un pez que intenta encontrar a su hijo en el vasto océano, la historia de amor de dos robots en un mundo posapocalíptico, el viaje de autodescubrimiento de un anciano que decide literalmente hacer volar su casa, hasta la interacción de un grupo de emociones que existe dentro de una niña, sus cintas han sido elogiadas por su originalidad e invención. Sin embargo, y a pesar de esta variedad en los mundos que explora, hasta ahora sus protagonistas humanos -y los actores que los interpretan- habían sido invariablemente de raza blanca.

Con el estreno de su nueva película, Coco, el estudio ha decidido cambiar esa situación, ambientando la obra en México, con personajes provenientes de ese país, y una historia que gira en torno a varias tradiciones de su cultura. El proyecto fue iniciado por Lee Unkrich, uno de los pilares creativos de Pixar, responsable de cintas como Monsters, Inc. (2001) y Toy Story 3 (2010). Unkrich compartió el crédito de director de la película con Adrian Molina, artista que comenzó como un animador más en el estudio y que fue consolidando su lugar con cada proyecto en el que participaba. En el caso de Coco, Molina partió haciendo algunos aportes a la historia, pasando posteriormente a ser reconocido como coguionista, letrista de algunas de las canciones, y finalmente como codirector.

El protagonista de la historia es Miguel (Anthony Gonzalez), un niño que pertenece a una familia de zapateros, actividad que ha sido traspasada entre ellos de generación en generación. Pese a que su futuro parece estar determinado por ese camino, la verdadera pasión de Miguel está en la música, algo que no será fácil de explicar a sus seres queridos, dado que esa expresión artística se encuentra prohibida dentro de la familia luego de que su tatarabuelo abandonara su hogar para seguir esa carrera. En medio de la conmemoración del Día de Muertos, el protagonista es transportado accidentalmente al mundo de los espíritus, donde se encontrará con algunos de sus familiares fallecidos, como su tatarabuela Imelda (Alanna Ubach), e incluso tendrá la oportunidad de conocer a su ídolo musical, el cantante Ernesto de la Cruz (Benjamin Bratt). En este mundo será acompañado por un esqueleto llamado Héctor (Gael García Bernal), quien lo intentará ayudar a regresar a su casa.

La forma en que funciona la conexión entre el mundo de los vivos y los muertos es algo complicada, con una serie de reglas y condiciones que se van explicando a lo largo de la película, pero a medida que vamos recibiendo esa información nos queda claro el panorama. Como una manera de darle un mayor peso a lo que está en juego, transformando el viaje de Miguel en una especie de carrera contra el tiempo, el protagonista deberá regresar al mundo de los vivos antes del amanecer o se quedará atrapado entre los muertos. Para poder representar de manera visual el tiempo que le queda, con cada minuto que pasa su cuerpo se va transformando lentamente en un esqueleto, lo que recuerda a la foto que tenía Marty McFly en Back to the Future (1985).

Esa sensación de urgencia también es potenciada por el propio Héctor, quien acepta colaborar con Miguel a cambio de que lo ayude a visitar el mundo de los vivos una vez más. Los espíritus solo pueden hacer esto durante el Día de Muertos, y tiene como requisito que una fotografía de la persona fallecida haya sido puesta en un altar como una muestra de que es recordado por sus seres queridos. Aquellos que no son recordados no solo están impedidos de hacer estas visitas, sino que se ven expuestos a desaparecer incluso del mundo de los muertos, ya que la memoria se transforma en el vínculo que los une con los vivos y en la manera en que sus espíritus continúan existiendo en el más allá. Al no tener a alguien que lo recuerde entre los vivos, Héctor ve la presencia de Miguel como la última oportunidad que tiene para evitar su desaparición.

Es difícil hacer una película animada, orientada a un público familiar, acerca de un tema tan complicado como la muerte. Las preguntas que pueden surgir después son capaces de enredar a cualquier padre que se vea en la posición de explicarle a su hijo esa idea. La estrategia de Pixar consistió en optar por un camino menos problemático, centrándose más en el concepto de legado que en el de pérdida o luto. La conmemoración del Día de Muertos no busca superar la muerte de un ser querido, ni de dejarla atrás, sino que de recordar a aquellos que ya no se encuentran con nosotros para honrarlos cada año, manteniéndolos en un lugar privilegiado. Aunque físicamente se han ido, la idea es mantener su recuerdo vivo.

Debido a la celebración en la que transcurre, así como el resto de tradiciones y signos de la cultura mexicana que forman parte de la película, Coco ha levantado más de alguna comparación con la cinta The Book of Life (2014) del director Jorge R. Gutiérrez. Aunque ambas giran en torno al Día de Muertos, tienen un protagonista que sueña con convertirse en un músico, y presentan elementos sobrenaturales, sus similitudes no se extienden demasiado a los temas que exploran, siendo una comparación más casual y superficial que significativa. Una comparación más adecuada podría hacerse con la película animada Kubo and the Two Strings (2016), la que si bien está ambientada en Japón, con tradiciones de esa cultura, también desarrolla temas como la muerte, el legado y la memoria.

La trama de Coco recurre a ciertos lugares comunes que ya se han visto en otras obras, lo que se nota en el deseo de su protagonista de escoger una vida que no es bien vista por quienes lo rodean. La idea es incluso explorada en otras películas de Pixar, con personajes como Flik de A Bug’s Life (1998), Remy de Ratatouille (2007) o Merida de Brave (2012). En todas esas cintas el camino que quiere seguir el personaje principal busca expandir los horizontes de su vida actual, rompiendo con tradiciones y aspirando a la innovación. También hay otras estrategias narrativas que el estudio ha empleado en trabajos anteriores, como la identidad del villano de la historia, que se mantiene en secreto tras la apariencia benévola de un personaje.

Esto, que podría significar un punto en contra para la película, resultando en una obra derivativa y poco original, es suplido por los detalles que le van dando un mayor atractivo. La disputa entre seguir la tradición familiar u optar por el camino de la música no es desarrollada de forma tajante por la cinta, obligando a escoger una opción u otra. El guion permite un punto de equilibrio entre ambas posturas, reconociendo la importancia del amor hacia la familia pero también permitiendo el desarrollo personal como individuo. Son matices como esos los que hacen que Pixar sea más que un estudio que produce películas infantiles, pudiendo ser apreciadas por los espectadores adultos con igual entusiasmo.

El otro gran atractivo de la obra surge de su ambientación, gracias a la riqueza cultural que le entrega a la historia el hecho de transcurrir en México. Ya desde los primeros segundos notamos la dedicación con que los artistas que trabajaron en Coco buscan transmitir de manera fiel esa cultura, a través de una introducción que utiliza la técnica del papel picado para visualizar la narración del protagonista. El resto del metraje está lleno de elementos extraídos de las tradiciones de ese país, como los alebrijes, la raza de perro xoloitzcuintle, las ofrendas, las calaveras decoradas, los pétalos del cempasúchil, y hasta la aparición de personajes famosos de la cultura popular mexicana. Esto, en vez de crear un resultado que tiende al estereotipo, es manejado con tino por la película, logrando crear algo que se siente auténtico.

Como es costumbre con las películas de Pixar, el aspecto visual de esta cinta es de gran calidad. La iluminación, texturas, composición de los planos, diseño de personajes, todo contribuye a crear imágenes sorprendentes, especialmente aquellas que muestran el mundo de los muertos, el que es representado con gran colorido. Parte importante de la apariencia de la obra está inspirada en la cultura mexicana, como la estilizada decoración de los esqueletos. No era fácil hacer que cada uno de ellos tuviese características propias, debido a lo limitado que podría ser diseñar un personaje que está compuesto solo por huesos, pero los animadores recurrieron al tamaño y forma de estos para darles una apariencia propia a cada uno, así como ojos realistas para otorgarles mayor expresividad.

La manera en que la cinta ocupa las tradiciones mexicanas para contar su historia puede crear una gran impresión en los espectadores de aquel país, pero incluso las audiencias de otras naciones latinoamericanas somos capaces de vernos reflejados en la cinta, pese a no pertenecer a esa cultura específica. Coco recurre a aspectos que pueden ser reconocidos por personas de toda América Latina, los que van más allá de cuestiones superficiales como los cameos de ciertos personajes. Que la familia de Miguel sea tan numerosa y multigeneracional, con matriarcas que representan la idea de las madres solteras que muchas veces deben hacerse cargo de sus familias sin más ayuda que ellas mismas, entrega un sentido de pertenencia a esta historia, el que se puede extender desde Tijuana hasta Cabo de Hornos.

Antes de ver esta cinta, no sabía por qué tenía ese título. Sin conocer mucho sobre ella, supuse que era el nombre del niño protagonista o de su perro, así que el descubrir la verdadera razón y su importancia fue una agradable sorpresa. Se trata de un detalle que es explicado dentro de los primeros minutos del metraje, así que es difícil considerarlo un spoiler, pero prefiero no revelarlo en esta reseña. La elección del título no fue una decisión trivial, sino que refleja el verdadero corazón de la obra, encapsulando todos sus temas y emociones. Todo esto es complementado con las canciones que suenan a lo largo de la película, siendo la música una parte fundamental del relato, sobre todo con el tema principal, “Recuérdame” (“Remember Me”), que tras escucharlo una sola vez ya se convierte en un clásico instantáneo.

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Un pensamiento en “Coco (2017)

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