Las mejores películas de 2017

Logan-HotelDesde el primer momento en que publiqué este tipo de listas, he aclarado lo flexibles que son sus criterios. Ya el título de las mismas sirve para camuflar el hecho de que se trata de una selección de mis películas favoritas del año, ya que escoger las que son “objetivamente” mejores sería imposible. El tema se complica aún más cuando reconozco que escojo las mejores que he visto, pero que durante el año no he alcanzado a ver todas las películas que parecen valer la pena, así que seguramente he dejado fuera varios títulos que probablemente me habrían gustado más pero que simplemente no vi.

En años anteriores dividí la selección en dos grupos, de diez películas cada uno, para separar aquellas cintas que se alcanzaron a estrenar en cines chilenos y las que no llegaron a mi país. Este criterio era útil cuando el número de películas vistas y reseñadas era alto, y cuando el equilibrio entre la calidad de ambos grupos era equiparable, pero en el caso de 2017 me veo obligado a cambiar ese método. Por un lado, el número de reseñas fue menor al de otros años, ya que por razones de trabajo solo pude publicar una entrada por semana; y por otro, hoy tuvimos un año inusual en el que la mayoría de las películas de calidad tuvieron un estreno en cines, así que al dividirlas en dos categorías no iba a alcanzar a seleccionar diez títulos que estuvieron disponibles solo en otros formatos.

Por eso, en vez de la selección de veinte películas a la que estaba acostumbrado, esta lista de 2017 solo tendrá quince, las que son ordenadas en una sola categoría. Creo que la decisión es buena, así que voy a tratar de replicarla en los próximos años, ya que al contar con menos espacio tengo que pensar con mayor detención qué cintas quiero destacar.

Como siempre, esta es una enumeración subjetiva, y obviamente no coincidirá con los gustos de quienes la lean, pero ojalá cumpla con su objetivo de motivar a ver algunas películas que quizás habían pasado por alto.

1. A Ghost Story

Mi película favorita de este año tenía una premisa medio absurda. Personificar a su protagonista como un fantasma, con sábana incluida, y sin poder hablar, podría haber sido un desastre, pero en A Ghost Story se utilizan esos elementos para crear un fascinante relato existencialista, que explora la mortalidad, los legados y el paso del tiempo. Su director David Lowery aprovecha las herramientas que tiene a su alcance para levantar una atmósfera casi poética, que le entrega una importante dignidad a una situación que escapa de lo común pero que no por eso carece de impacto emotivo.

2. Get Out

No solo es una sátira bien hecha, que es capaz de equilibrar sus aspectos humorísticos con la tensión de un efectivo thriller, sino que además lo hace criticando a un racismo bastante particular que existe en Estados Unidos. Lo fácil habría sido atacar a los racistas vociferantes de ese país, a esos que idolatran la bandera confederada y que sienten orgullo del Ku Klux Klan, pero Jordan Peele prefiere apuntar el foco de atención a las personas blancas que detrás de sus elogios hacia los afroamericanos esconden la cosificación de otras razas, a aquellos que prefieren ver a las personas de raza negra más como un concepto que como un ser humano. La agudeza de su guion es complementada por una dirección segura, que sorprende si consideramos que este es el primer largometraje dirigido por Peele.

3. Blade Runner 2049

Hacer la segunda parte de una película tan respetada como Blade Runner (1982) era casi un sacrilegio, pero el canadiense Denis Villeneuve no solo logra salir airoso sino que mejora varias de las falencias que tenía cinta original de Ridley Scott. Demostrando que es uno de los mejores cineastas de la actualidad, Villeneuve tiene la valentía suficiente para tomar un presupuesto multimillonario y ajustarlo a su visión, sin dejarse doblegar por las posibles presiones del estudio. La cinta posee una atmósfera poderosa, tan fascinante como melancólica, que surge gracias a, entre otras cosas, el trabajo de una verdadera leyenda como su director de fotografía Roger Deakins.

4. Moonlight

Si bien trata temas duros como la pobreza, la homofobia y la masculinidad tóxica, la cinta de Barry Jenkins lo hace con unos destellos de lirismo que hacen recordar el trabajo de Wong Kar-wai. Varias de las ideas exploradas por esta obra son sugeridas, dejando que sea el silencio y la atmósfera los que las transmitan. Su director emplea una mirada precisa, mesurada, que no apela al melodrama barato; esto permite que las emociones que entrega sean auténticas y resuenen con mayor fuerza una vez que la película ha terminado. Moonlight es una muestra clara de cómo las diferentes perspectivas de vida de quienes trabajan en el cine permiten la creación de historias diversas que enriquecen la experiencia de los espectadores.

5. Logan

En una época donde las películas sobre superhéroes se han convertido en la norma general dentro de los blockbusters estadounidenses, se corre el riesgo de que este tipo de cintas vaya adquiriendo una familiaridad tal que se caiga en la monotonía. El jugar a la segura, el no correr riesgos, le puede salir caro a una categoría de obras que tiene el potencial de lograr algo mucho más interesante. Eso lo entendió muy bien James Mangold, quien optó por una perspectiva más aterrizada y crepuscular al momento de hacer esta película acerca de uno de los personajes más populares de la editorial Marvel. Se toma su tiempo, confía en el potencial de sus personajes, y no teme explorar temas complejos.

6. Dunkirk

Esta, una de las mejores películas de Christopher Nolan, no necesita de juegos mentales ni rompecabezas complejos para brillar. Los aspectos más intrincados que han caracterizado a su filmografía son materializados en esta cinta a través de su narración, que no solo relata tres historias de manera entrelazada, sino que lo hace en diferentes tiempos. En vez de crear una confusión innecesaria o de engalanar superficialmente a la película, la estrategia de Nolan contribuye a la tensión de la trama y a crear un resultado dinámico. Despojado de su intelectualismo que ha sido tan alabado por sus fanáticos, el director es capaz de concentrarse en lo más esencial de la película, sin distracciones inútiles.

7. I Am Not Your Negro

Mitad documental, mitad ensayo, esta película transmite el pensamiento que el escritor afroamericano James Baldwin tenía acerca de la raza en Estados Unidos. Sus reflexiones resultan elocuentes e incisivas, sobre todo con el actual panorama de ese país, tratando un tema difícil y mostrando interesantes matices. La obra no solo tiene méritos de carácter intelectual, sino que también alcanza una dimensión más personal, incluso íntima, del autor. De forma inusual para el caso de un documental, la narración del actor Samuel L. Jackson, quien es el encargado de leer las palabras de Baldwin, logra un tono muy humano, que crea una conexión más fuerte con el espectador.

8. Grave (Raw)

Al tener como protagonista a una joven vegetariana que comienza a sufrir un intenso deseo por la carne humana, esta cinta franco-blega podría haber caído fácilmente en el terreno de ese cine de terror efectista, que le otorga más atención al gore que a su trama o personajes. En vez de vulgarizar la situación, la directora Julia Ducournau la aborda desde una perspectiva más trascendente, tratándola con sorprendente seriedad. El deseo caníbal de su personaje principal es utilizado como una metáfora de su crecimiento personal, haciendo que todo esto se transforme en un turbio relato acerca de la maduración.

9. American Honey

Un grupo de jóvenes sin hogar ni un destino definido viaja a través de Estados Unidos vendiendo suscripciones de revistas. Descrita así, la situación puede no llamar demasiado la atención, pero es en los detalles, en la forma en que es mostrada su cotidianidad y costumbres, donde encontramos su gran encanto. La forma en que alcanza tal nivel de credibilidad hace que sus escenas se sientan como un breve vistazo a una realidad que existe incluso fuera de esos momentos. Como espectadores, nos convertimos en testigos de la vida de unos personajes que se sienten verdaderos, vivos.

10. Baby Driver

La destreza que demuestra Edgar Wright con el manejo del lenguaje cinematográfico en esta película es abrumadora. Intentando buscar hacia atrás algunos ejemplos similares, se puede comparar con lo que Damien Chazelle y George Miller hicieron en Whiplash (2014) y Mad Max: Fury Road (2015), respectivamente. La precisa combinación de montaje, banda sonora, diseño de sonido, fotografía, dirección artística, crean algo que estimula los sentidos del espectador durante todo el metraje. Una crítica válida que se hace contra ciertas películas es la forma en que privilegian el estilo por sobre la sustancia, pero en el caso de Baby Driver no existe ese detrimento, ya que la forma, la narración en sí, complementa sus temas y la caracterización de sus personajes. No hay un desmedro del fondo de la obra, sino que un enaltecimiento del mismo.

11. Coco

Una película animada que brilla, en primer lugar, por la manera en que utiliza las tradiciones mexicanas para entregarle una mayor chispa a su historia, pero que además logra una poderosa cuota emotiva gracias a la manera en que explora cuestiones como la familia, la memoria, los legados y la muerte. Este último tema era especialmente delicado considerando que es una obra destinada a un público infantil, pero el guion lo aborda de una manera inteligente. Si bien Pixar ya no estrena obras sobresalientes con la regularidad de antes, cuando surgen cintas del nivel de Coco nos hace recordar a su mejor época.

12. Colossal

A priori, el estrafalario guion escrito por Nacho Vigalondo no parecía capaz de ser tan agudo ni profundo como resultó ser. La historia acerca de una mujer y su conexión con un gigantesco monstruo que aparece de repente en Corea del Sur adquiere vida propia y sirve como una metáfora para explorar el crecimiento personal de la protagonista, Aún más sorprendente que esto es la identidad de su antagonista, que escapa de los lugares comunes y subvierte las expectativas. El director español es una de esas voces que son fieles a su propio estilo, las que permiten que el cine continúe evolucionando.

13. La La Land

Como musical, esta cinta cumple con las expectativas que uno puede esperar del género a través de sus canciones y números llamativos, creando una banda sonora de buena calidad. Pero los mayores méritos de la película de Damien Chazelle surgen hacia el final, cuando adquiere una profundidad algo inesperada, subvirtiendo la idea que teníamos acerca de la historia que estaba siendo contada y entregándole una efectiva cuota de realismo. De repente, la atmósfera fantástica de la cinta adopta un aire más aterrizado, y las acciones de sus protagonistas pasan a tener implicancias serias, entregando una emotiva reflexión acerca de los sacrificios personales y las concesiones mutuas.

14. Good Time

Al igual que su protagonista, esta película de los hermanos Benny y Josh Safdie se encuentra en constante movimiento, transmitiendo la ansiedad del personaje principal a través de un estilo visceral y cercano. Con una historia ambientada en los márgenes de la sociedad, sumergida en la delincuencia y los rincones turbios de Nueva York, la cinta no se puede dar el lujo de la estabilidad, debiendo lidiar con esa paranoia que siente una persona que puede ser atrapada en cualquier momento. Robert Pattinson se mezcla bien con la atmósfera que quiere crear la obra, sin que su estatus de estrella internacional perjudique la autenticidad a la que aspira.

15. mother!

Con sus falencias y todo, esta película de Darren Aronofsky tiene los suficientes méritos y toma tales riesgos que merece ser destacada dentro de este grupo. Lo que comienza como un extraño thriller acerca de unos invitados no deseados en la casa de los protagonistas no tarda en salirse de control y pasa a adoptar un peso de magnitud impensada. La trama se va desenvolviendo como una espiral que desciende hacia la locura, haciendo que el espectador se vaya preguntando hasta qué punto está dispuesto a llegar su director.

 

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