Logan Lucky (2017)

Logan_Lucky-posterNo hay que creerle mucho a un director que anuncia su retiro voluntario del cine, sobre todo a uno tan prolífico como Steven Soderbergh.  Tras anunciar su alejamiento de los largometrajes hace algunos años, siendo supuestamente Side Effects (2013) su última película, no debió pasar demasiado tiempo para que volviera a dirigir, aunque esta vez para televisión. Además de la serie médica The Knick, ambientada en un hospital de comienzos del siglo XX, Soderbergh también hizo el telefilme Behind the Candelabra, sobre la vida del músico Liberace. Durante este tiempo dirigió incluso una obra de teatro e intentó aprender a pintar, pero finalmente regresó al medio en el que triunfó cuando era joven.

Su filmografía ha sido variada, recorriendo diferentes estilos y géneros. Además de obtener importantes reconocimientos artísticos como la Palma de Oro en el Festival de Cannes por Sex, Lies and Videotape (1989) y el premio Óscar al mejor director por Traffic (2000), Soderbergh ha incursionado en el cine más comercial gracias a la trilogía que inició con Ocean’s Eleven (2001), y ha concretado ambiciosos proyectos como Che (2008), una película de dos partes acerca de Ernesto Guevara. Entre medio ha hecho varias cintas de género, las que van desde el thriller a las comedias, lo que da cuenta de su versatilidad. Su trayectoria es algo impredecible, ya que no parece seguir  un camino predefinido, sino que obedece más al instinto del propio cineasta.

Eso se puede ver también en la película que se transformó en su regreso al cine, Logan Lucky (La estafa de los Logan), una obra que no fue creada por Soderbergh como la declaración de algo importante o definitorio, sino que simplemente como una película más dentro de su filmografía. El director no transforma este retorno en algo grande, que busque llamar la atención, optando por algo más modesto. Para quien no haya sabido de su retiro, esta sería solo una cinta más tras una pausa de cuatro años. Un adjetivo que se utiliza de manera frecuente para describir su trabajo es “eficiente”, palabra que resulta adecuada para hablar de su nuevo estreno. Más allá de la obra en sí, que cuenta una historia relativamente convencional, el punto donde el director innova es en el método de producción y distribución que utilizó para Logan Lucky, optando por una estrategia más independiente para poder operar fuera de los grandes estudios.

La trama gira en torno a Jimmy Logan (Channing Tatum), un padre divorciado que tras ser despedido de su trabajo se entera que la madre de su hija se mudará a otra ciudad, lo que dificultará sus visitas. Con problemas económicos que enfrentar y sin muchas opciones a su alcance, el protagonista planea el robo de una bóveda ubicada en la pista de carreras Charlotte Motor Speedway, cuya alta afluencia de público asegura que habrá una gran cantidad de dinero. Para esto contará con la ayuda de sus hermanos Clyde (Adam Driver), un veterano que perdió su brazo en la guerra, y Mellie (Riley Keough), una intrépida conductora. Para que el plan funcione, deberán reclutar además a Joe Bang (Daniel Craig), un ladrón de cajas fuertes experto en explosivos que se encuentra cumpliendo condena en la cárcel.

Al tratarse de un relato acerca de un grupo de personajes con diferentes habilidades, que trabajan juntos para ejecutar un complejo plan maestro que tiene como objetivo robar una importante suma de dinero, la conexión que Logan Lucky tiene con la saga de Ocean’s Eleven es indudable. Pero a diferencia de esas otras cintas de Soderbergh, donde los protagonistas se desenvuelven en un mundo refinado y cuentan con más medios para desarrollar sus planes, en esta obra la historia tiene lugar en un ambiente más sencillo. Si bien algunas fórmulas de la trama ya son conocidas, el atractivo de la película se desprende de la idiosincrasia de sus personajes y del lugar en el que transcurren sus acciones.

Jimmy y el resto de los personajes pertenecen a ese Estados Unidos profundo, alejado de las grandes ciudades, cuyos habitantes generalmente son representados en el cine o la televisión como personas simples y no muy brillantes. Esta mezcla de acentos, costumbres y estereotipos tan coloridos, hace recordar en parte a lo que los hermanos Coen hicieron con Fargo (1996), respecto de otra zona de aquel país. Esas peculiaridades le otorgan un aire propio al resultado final, que aminora la sensación de estar viendo algo repetido. Del reparto de actores que forma parte de la película, el que más destaca es el británico Daniel Craig, quien escapa de esa imagen elegante que proyecta como James Bond y se compromete de forma total con el tipo de rol que interpreta en esta obra.

Otra diferencia con Ocean’s Eleven es que mientras en esa película se presenta de manera detallada el plan que los personajes deben hacer, mostrando incluso los ensayos que realizan para que todo salga a la perfección, en Logan Lucky el diseño del robo es brevemente planteado antes de la ejecución, por lo que es solo una vez que comienza que vemos de que se trata realmente. Así, la anticipación de ir viendo si las etapas del plan se cumplen tal y como fueron esquematizadas, es reemplazada por la incertidumbre de no saber qué es exactamente lo que ocurrirá después. Este segundo enfoque ocupado por Soderbergh permite una inquietud distinta, sobre todo por la introducción de una supuesta “maldición” que afecta a la familia Logan, que parece estar condenada a la mala suerte.

Sin llegar a tener una fluidez ni un ritmo tan efectivo como la trilogía protagonizada por George Clooney, esta cinta de todas maneras demuestra lo habilidoso que es su director al momento de contar historias. La película no es solo un entretenido ejercicio narrativo, en el que cada uno de los personajes juega un rol definido para hacer avanzar su trama, sino que además presenta algunas cuotas de subtexto que le dan cierta sustancia. También posee un núcleo emotivo representado por la relación entre Jimmy y su hija, que logra crear un buen momento en una escena que involucra a la canción “Take Me Home, Country Roads” de John Denver.

Aunque Logan Lucky tiene el valor de marcar el regreso de Soderbergh al cine, no se puede negar que estamos ante una obra mediana del director, que no pertenece a sus mejores trabajos. Para un cineasta como él, que tiene acostumbrados a sus espectadores a obras de buena calidad, eso puede llegar incluso a perjudicar a esta cinta, que pasa a formar parte de un grupo de títulos bastante parejo, donde es necesario algo más para destacar. El optimismo que llega a surgir, por lo tanto, depende más de lo que el director puede entregar en el futuro que por esta obra en particular.

Un pensamiento en “Logan Lucky (2017)

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