The Disaster Artist (2017)

The_Disaster_Artist-posterMientras la mayoría de las películas malas produce rechazo, existe un selecto grupo dentro de ellas que  provocan una fascinación hipnótica. La impresión inicial que surge al verlas, producto de una sorprendente baja calidad, da paso al deseo por saber más sobre la obra, a una especie de obsesión. Eso es precisamente lo que ocurre con The Room (2003), la que alguna vez fue denominada “la Citizen Kane de las películas malas”, y que con el pasar del tiempo se transformó en una película de culto. Aunque su estreno en cines fue desastroso en términos comerciales, la película fue adquiriendo mayor popularidad gracias a un efectivo boca a boca, llamando incluso la atención de los actores James Franco y Seth Rogen, quienes decidieron hacer la cinta The Disaster Artist (The Disaster Artist: Obra maestra), sobre la filmación de ese particular proyecto.

El interés por hacer una película que gira en torno a The Room no depende solo de la obra en sí, sino también de la persona que fue responsable de su filmación, Tommy Wiseau. Ocupando los roles de director, guionista, productor y protagonista, su figura es tan extraña como la cinta que hizo, algo que lo transforma en un interesante personaje a descifrar. Gran parte de su vida está cubierta por un aire de misterio, ya que no existe certeza acerca de su país de origen –pese a su particular acento, Wiseau asegura que es de Nueva Orleans-, su edad o la procedencia de su dinero, ya que financió de manera exclusiva una cinta que tuvo un presupuesto aproximado de seis millones de dólares. Basada en el libro homónimo escrito por Greg Sestero, uno de los actores que participó en la película, y Tom Bissell, The Disaster Artist muestra además la amistad que se produjo entre Sestero y Wiseau.

La cinta fue dirigida por James Franco, quien interpreta además a Wiseau, y dentro del reparto hay nombres que forman parte de su círculo más cercano, como el propio Seth Rogen, su hermano Dave Franco, o la esposa de este último, la actriz Alison Brie. El resto del elenco muestra a caras bastante famosas, como Zac Efron, Jacki Weaver, Megan Mullally, Josh Hutcherson, Melanie Griffith y Bob Odenkirk, con cameos de Bryan Cranston y Judd Apatow. Es curioso ver a tantas estrellas ligadas a una obra que trata sobre un largometraje que hace algunos años era considerado de nicho, pero todo eso contribuye a otorgarle una atmósfera singular que está acorde con la peculiar naturaleza del material original.

A finales de los años 90, Greg (Dave Franco) era un aspirante a actor que tenía dificultades para poder desenvolverse sobre el escenario. Dentro de su clase de actuación, uno de los compañeros que más resalta es Tommy (James Franco), un extraño hombre que parece no estar limitado por la inseguridad ni el temor a hacer el ridículo, razón por la cual Greg le pide ayuda para superar sus trabas. Aunque Greg se diferencia de Tommy en varios elementos, siendo la apariencia física lo más notorio, existe algo que los conecta, como su pasión por la actuación y el carácter marginado de ambos. Sus dificultades para triunfar en el competitivo mundo del espectáculo los convierte rápidamente  en amigos, y cuando Tommy le propone participar en  una película que escribió, Greg acepta de inmediato.

Uno de los principales encantos de películas malas como The Room es la honestidad que demuestran, ya que su resultado deficiente no era buscado a propósito por las personas involucradas, quienes hicieron lo que estaba a su alcance para intentar crear algo bueno. La situación se cumple en el caso de Tommy Wiseau, que aspiraba a crear una historia que estuviese al nivel de Tennessee Williams, transmitiendo un reflejo de la condición humana, de la complejidad de las relaciones, y dar forma a un relato sobrecogedor acerca de un héroe estadounidense. Al tener tal grado de control sobre la producción de la obra, Wiseau es indudablemente un autor, en el mismo sentido de la palabra que se ocupa para describir a otros directores como Steven Spielberg o Francis Ford Coppola. Por eso, hay una impronta personal y hasta destellos autobiográficos que no podrían ser replicados por otra persona.

Mientras otras cintas que pertenecen a la categoría “tan malas que son buenas” cuentan con una gran cantidad de efectos especiales defectuosos, o se desarrollan dentro de géneros llamativos como la ciencia ficción o el terror, en esta obra no hay más elementos que las interacciones entre los personajes y un contexto de corte realista. Al estar despojada de elementos tan estrafalarios y superficiales, la incompetencia del resultado final surge de sus aspectos más básicos, como los diálogos, la lógica interna del relato o las actuaciones. La mayoría de las decisiones artísticas adoptadas por Wiseau están inspiradas por el anhelo de alcanzar esa noción de grandeza que transmite Hollywood, siendo el desastroso resultado un producto de la errónea perspectiva que él tiene sobre la realidad.

The Disaster Artist tiende a ser fiel al libro en el que está basada, replicando algunos diálogos y momentos que Sestero narró en sus páginas. Sin embargo, hay ciertos componentes que no pueden ser adaptados debido a las diferencias que existen entre ambos medios. Los libros permiten una mayor profundidad y extensión que las películas no necesariamente pueden transmitir debido al límite de tiempo al que están sujetas. De esta manera, existen varios pasajes del libro que no pudieron ser incluidos, mientras que algunos que si alcanzaron a aparecer  terminan siendo contados de forma un tanto apresurada. Es lo que ocurre, por ejemplo, con esas escenas que muestran las primeras interacciones entre Greg y Tommy, quienes en menos de 20 minutos se convierten en amigos y se mudan a Los Ángeles a vivir juntos.

Otra pieza que no pudo ser incluida en la cinta fue la narración interna de Greg, un factor fundamental dentro del libro, que nos permitía apreciar lo que ocurría desde su perspectiva. La película no solo prescinde de una narración directa a través de la voz del personaje, sino que además simplifica varios de los aspectos de la trama, la que queda reducida a la historia de dos protagonistas soñadores que involuntariamente fracasan en su intento por crear una buena cinta. Esa simplificación también se extiende a las motivaciones de sus personajes, perdiendo un aspecto bastante interesante del libro, como la titubeante participación de Greg en la producción de The Room, la que obedeció más a razones monetarias que a la genuina convicción de que estaba haciendo algo de valor.

Es difícil hablar sobre The Disaster Artist sin mencionar a Ed Wood (1994), la película de Tim Burton acerca de Edward D. Wood Jr., considerado uno de los peores directores de cine de la historia. Los paralelos entre ambas cintas son claros, ya que muestran a personajes optimistas, que pese a su falta de talento emprenden la difícil tarea de hacer largometrajes. Pero allí donde Burton demuestra una empatía, e incluso un cariño enternecedor, por sus personajes, Franco construye una barrera entre él y los suyos, acentuando sus excentricidades y su carácter foráneo. Tommy Wiseau es alguien que sueña con formar parte de ese círculo privilegiado de las estrellas de Hollywood, pero en esta película se deja en claro que nunca podrá pertenecer a él.

La presencia de Wiseau en las diferentes ceremonias de premiaciones de las últimas semanas, como en los Globos de Oro, obedece más a su exhibición como un bicho raro que al ánimo de asimilarlo con artistas “legítimos”. Con Ed Wood, Burton intenta contar la historia desde la perspectiva de los marginados, tratando de crear una conexión entre su propia situación y la del protagonista, mientras que en The Disaster Artist los personajes son vistos desde aquel mundo al que ellos quieren acceder pero no pueden. Esto es algo que queda claro desde los primeros segundos, ya que la cinta parte mostrando el testimonio de personalidades como Kristen Bell, J.J. Abrams o Adam Scott, acerca de su experiencia viendo The Room. Las intenciones de Franco parecen ser buenas, queriendo contar esta curiosa historia acerca de una especial cinta, pero la distancia que existe entre ambas esferas, entre el mundo retratado y el que lo retrata, se nota.

Todo esto no significa que The Disaster Artist sea mala, ya que es uno de los mejores ratos que he pasado en el cine en el último año. La manera en que James Franco interpreta a Wiseau alcanza unos momentos de buena calidad, logrando similitudes que parecían difíciles de alcanzar. Para quienes hemos visto The Room antes de esta película, la entretención aumenta considerablemente, ya que hay una constante anticipación por ver a ciertos personajes o escuchar ciertas líneas que pasaron a alojarse en nuestra memoria. Las dudas surgen cuando uno piensa en la experiencia de quienes no han visto esa cinta, ya que esta obra parece diseñada como un complemento de esa película más que como algo que se puede valer por sí solo, cosa que si logra el libro de Sestero y Bissell.

Hacia el final del metraje se muestra el esperado estreno de la película de Wiseau, y el negativo resultado que es ya conocido. Aunque estas secuencias apuntan al atractivo que terminará definiendo a esa cinta, como un imprevisto éxito cómico, nuevamente instala esas reflexiones de manera algo simplista. No se llegan a utilizar, por ejemplo, los matices ni la sutileza que se ven respecto de ese punto en el documental Best Worst Movie (2009), que trata sobre otra infame cinta de mala calidad, Troll 2 (1990).

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