Three Billboards Outside Ebbing, Missouri (2017)

Three_Billboards_Outside_Ebbing_Missouri-posterEn sus tres primeras películas -el cortometraje Six Shooter (2004), y los largometrajes In Bruges (2008) y Seven Psychopaths (2012)-, el director de cine Martin McDonagh narró historias ligadas al mundo criminal. Dentro de sus personajes había delincuentes, sicarios y mafiosos, quienes se desenvolvían además en un entorno manifiestamente masculino. Con su nuevo trabajo, Three Billboards Outside Ebbing, Missouri (Tres anuncios por un crimen), el dramaturgo convertido en cineasta parece reaccionar directamente a esa tendencia que se había ido formando dentro de su filmografía, optando por un relato que introduce importantes innovaciones en comparación a sus anteriores películas.

Aunque la historia dice relación con un crimen, se trata solo del punto de partida del relato, y entre los personajes principales no se encuentra el perpetrador de ese acto, sino que la familia de la víctima y los policías encargados de investigar el hecho. La cinta tiene la particularidad además de contar con una protagonista femenina, la primera dentro de las películas de McDonagh, ya que si bien en algunas de sus obras de teatro las mujeres ocupaban un rol importante, eso no había quedado reflejado aun en su labor como guionista y director de cine, donde quedaron relegadas a una posición bastante secundaria. Interpretada por Frances McDormand, el personaje principal es una verdadera fuerza de la naturaleza, que no se deja doblegar por nada ni por nadie.

La protagonista MIldred Hayes (Frances McDormand) es una mujer divorciada que debió sufrir la repentina muerte de su hija adolescente Angela (Kathryn Newton) producto de un horrible crimen. Ha pasado cerca de un año desde ese hecho, pero la policía del pueblo en el que vive no ha encontrado al responsable ni da señales de estar cerca de hacerlo. Debido a esta supuesta pasividad de los encargados de investigar el asesinato, Mildred decide arrendar tres letreros publicitarios ubicados en las afueras del pueblo, para publicar unos mensajes en los que cuestiona directamente al jefe de policía Bill Willoughby (Woody Harrelson) por la falta de resultados.

Esta premisa, que en manos de otro director podría haber dado origen a una obra demasiado dramática o sufriente, es desarrollada por McDonagh con su característico punto de vista. Su guion es alborotador y no rehúye de los temas difíciles que surgen a partir de la historia, pero la mirada de la cinta no es despiadada, sino que cuenta con un preponderante un humor negro que se extiende a lo largo de todo el metraje. Aunque ese elemento de la película tiene diversos grados de efectividad, con momentos en los que el humor parece fuera de lugar, no obstante permite que la trama resulte difícil de predecir, y le entrega una particular chispa a la obra, manteniendo la atención del espectador hasta el final.

McDonagh utiliza también esa interesante forma de escribir a los personajes que había demostrado en sus trabajos previos, a quienes dota de una complejidad moral que los hace más humanos. Mildred, por ejemplo, dista mucho de ser alguien intachable, ya que si bien sus acciones pueden ser entendibles debido al dolor que tiene que enfrentar, de todas maneras realiza ciertas acciones que son cuestionables incluso para una persona que ha perdido a su hija. De hecho, en el único flashback que vemos durante la cinta, y que nos muestra brevemente la dinámica que tenía con sus hijos antes de la muerte de Angela, queda de manifiesto que no era una madre perfecta. La secuencia en cuestión tiene el efecto de un fuerte golpe en el estómago, demostrando a través de un momento cotidiano que la tragedia puede llegar a convertir esos instantes aparentemente triviales en algo lleno de significado.

Mildred es un personaje deslenguado, que ha alcanzado tal punto en su vida que actúa sin que le interese lo que piensen los demás. La rabia es la forma que tiene para afrontar el duelo por la muerte de su ser querido, y la lleva a arrendar esos carteles y a culpar a la policía del pueblo por la falta de respuestas. Su forma categórica de condenar a aquellos que considera culpables, que la lleva a extender la responsabilidad de ciertos individuos a todo el grupo al que estos pertenecen, se repite a lo largo de la película, desde la respuesta que le da a un sacerdote hasta su forma de enfrentar a unos compañeros de colegio de su hijo. Esta inflexibilidad es interrumpida de vez en cuando con algunas muestras de empatía que le otorgan profundidad, como en aquella escena de un interrogatorio que termina de forma abrupta por algo le que ocurre al personaje con el que está hablando.

La complejidad a la que apunta el guion también busca extenderse a otros personajes, como el policía Jason Dixon (Sam Rockwell), un hombre ignorante que demuestra tendencias racistas y homofóbicas. Aunque la posibilidad de entregarles matices morales a los personajes también se puede lograr en casos como este, la película no alcanza demasiada fluidez al momento de desarrollar el arco de Dixon. El camino personal de este policía, que tiene componentes de redención, resulta algo apresurado, ya que intenta hacer creer que el pensamiento de alguien como él, que surge del contexto en el que fue criado, puede cambiar con un par de experiencias que recibe durante menos de una semana. De esta manera, el resultado al que pretende llegar la cinta parece poco ganado.

Una de las dificultades para tomar en serio la redención de Dixon dice relación con la perspectiva o punto de vista que adopta la película al momento de narrar ciertos momentos. La muestra más clara es una secuencia en la que dicho personaje participa directamente, cometiendo un acto que busca provocarle daño a otra persona. La violencia de Dixon es motivada por una dura noticia que recibe de repente, la que según él tuvo como una de sus causas el actuar del personaje al que decide atacar. Sin embargo, una cosa es hacer que el espectador entienda las razones del comportamiento impulsivo de Dixon y otra muy distinta es ensalzarlo. La secuencia en cuestión es filmada siguiendo al policía mientras comete esos actos de violencia, todo lo cual es acompañado de una canción pop que suaviza sus implicancias y le entrega un aire triunfalista a lo que ocurre en la pantalla.

Vinculado con este elemento se encuentra uno de los principales puntos bajos de la cinta, que es la transición entre sus diferentes tonos y sensibilidades. Algunos de sus momentos dramáticos se ven debilitados por la presencia casi inmediata de aspectos más cómicos, creando un cambio que no siempre resulta. Es lo que ocurre, por ejemplo, con una escena en la que vemos el atisbo de un acto de violencia intrafamiliar, cuestión que según notamos era habitual entre los personajes involucrados, pero que es interrumpida por un chiste básico y torpe. Situaciones como esa evitan que algunos momentos serios de la película resuenen con la fuerza que se merecen, ya que son tapados rápidamente por algo más superficial o intrascendente.

Estos reparos no se refieren a una cuestión de supuesto mal gusto o contenido ofensivo, ya que la decisión de introducir humor negro dentro de esta historia me parece una de las virtudes de la obra, al entregarle un aire propio. El problema es que la forma en que se presentan algunos de esos momentos cómicos no siempre es la más efectiva. Balancear tonos tan dispares no es una tarea sencilla, y pocas personas alcanzan el nivel de directores como los hermanos Coen o Quentin Tarantino en esa materia. El propio McDonagh lo había logrado con In Bruges, pero en esta nueva película el resultado no es tan equilibrado en términos de los tonos utilizados.

Cosas como las descritas impidieron que disfrutara la cinta de la forma que esperaba, ya que los anteriores largometrajes del director habían generado altas expectativas sobre esta obra. A pesar de eso, la película posee un núcleo de buena calidad, que impide verla como un trabajo deficiente, núcleo que es conformado por el personaje de McDormand y lo que debe vivir a lo largo de la trama. La actriz se transforma en uno de los grandes pilares de Three Billboards, y es muy difícil imaginar cómo habría resultado la obra sin su presencia, ya que su interpretación estoica pero con destellos de vulnerabilidad la posicionan como el innegable corazón de la cinta.

El guion de McDonagh, si bien presenta algunos simbolismos medio obvios y ciertos lugares comunes, también parece bien encaminado pese a sus irregularidades. A pesar de los temas complicados que explora, y la oscuridad presente en el crimen que le sirve como base, hay un optimismo reconfortante en sus reflexiones finales, que destacan la esperanza y la humanidad como las grandes herramientas para hacer frente a esos aspectos difíciles. La historia narrada en Three Billboards no apunta a buscar al culpable del crimen de Angela, sino que a mostrar la forma en que los personajes del pueblo reaccionan ante ese malestar. Son las relaciones humanas, por lo tanto, y no el misterio, el motor de esta cinta.

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