The Shape of Water (2017)

The_Shape_of_Water-posterEl director mexicano Guillermo del Toro se ha visto atraído desde siempre hacia los monstruos. Habiendo iniciado su carrera en el cine a través del área de los efectos especiales y el maquillaje, parte de su fascinación por esas criaturas depende de un aspecto de carácter visual. Del Toro tiene un rol activo en el diseño de sus películas, dibujando bocetos que sirven como modelo para el resultado final y cuidando cada uno de los detalles de esas obras, desde el vestuario hasta los objetos que aparecen en ellas. Una muestra de su interés por este mundo se puede apreciar en la exhibición “At Home with Monsters”, que reunía varias de sus creaciones y de los trabajos que las inspiraron.

Pero el interés que tiene por los monstruos no se limita solo a algo estético, teniendo también una dimensión afectiva. Hay algo en el carácter extraño o ajeno de los monstruos que los convierte en seres marginados, una cuestión que para el caso de este director despierta una poderosa empatía hacia ellos. No es de extrañar que una de las películas que más lo ha influenciado sea Frankenstein (1931) de James Whale, donde la criatura creada por el científico protagonista presenta un aire tan trágico como aterrador. De esta manera, del Toro ha dedicado gran parte de su filmografía a mostrar a los monstruos como seres capaces de adoptar otros roles que el de simples villanos. Eso se puede notar especialmente en su nueva película, The Shape of Water (La forma del agua), donde crea un inusual romance entre dos de sus personajes.

La protagonista de la historia es Elisa Esposito (Sally Hawkins), una mujer muda que trabaja haciendo aseo en un centro de investigaciones del gobierno de Estados Unidos, en plena Guerra Fría. El entorno gris en el que debe trabajar contrasta con su personalidad soñadora, que es alimentada por las películas musicales que ve junto a su vecino, un pintor llamado Giles (Richard Jenkins). Dentro de su reducido círculo personal se encuentra  su compañera de labores Zelda (Octavia Spencer), cuya locuacidad suple el silencio de Elisa. Un día, mientras están haciendo su trabajo,  presencian la llegada de una misteriosa criatura al laboratorio, un anfibio humanoide (Doug Jones) que fue encontrado en la selva amazónica, y que había sido adorado como un dios por los nativos del lugar.

El descubrimiento parece entregar importantes posibilidades para la carrera espacial que existe contra la Unión Soviética, pero los métodos para aprovechar a la criatura no están claros; mientras el severo jefe de seguridad Richard Strickland (Michael Shannon) emplea métodos crueles y opina que lo más efectivo es diseccionarlo, el Dr. Robert Hoffstetler (Michael Stuhlbarg) prefiere mantenerlo con vida y utilizar mecanismos más humanitarios. A pesar de la chocante apariencia de la criatura, Elisa es capaz de ver las similitudes que tiene con ese ser, lo que crea una particular conexión entre ambos. La curiosidad inicial da paso a sentimientos más fuertes, algo que la lleva a decidir hacer todo lo posible por ayudarlo a escapar.

Ya desde sus primeros minutos, la cinta deja en claro que busca crear una atmósfera de cuento de hadas. La película parte con una secuencia onírica, en la que Elisa se encuentra durmiendo bajo el agua, la que es acompañada de la narración de Richard Jenkins, quien nos adelanta el conflicto que veremos dentro del relato. Ese aire de ensueño, con tintes fantásticos, se siente a lo largo de la película, algo que se extiende incluso a los propios personajes. Así, por ejemplo, se revela que la protagonista es huérfana y que fue encontrada cuando era un bebé al costado de un río, un detalle que le entrega un componente casi místico. Del Toro es consciente de las posibilidades simbólicas de los cuentos de hadas, los que pueden servir como metáforas para cuestiones más profundas. Entre los temas explorados por The Shape of Water se encuentra la noción de lo que nos define como seres humanos, los prejuicios contra personas que no pertenecen al ideal de lo que es considerado “normal”, y el lado más tóxico del sueño americano.

Componentes fundamentales de esa atmósfera que la película busca crear son el diseño de producción y la dirección de arte, que estuvieron a cargo de Paul D. Austerberry y Nigel Churcher, respectivamente, la fotografía de Dan Laustsen, y la banda sonora compuesta por  Alexandre Desplat. Este último elemento estuvo inspirado por las ideas de la cinta, sobre todo el romance que narra, y también por la presencia del agua, permitiendo que la música fluyera de forma suave, a través del sonido de violines, flautas, acordeón o arpa. Tanto Desplat como del Toro han señalado que uno de los objetivos era capturar la sensación de estar sumergido, algo que hace recordar al efecto misterioso que se siente cuando uno escucha la sección  “Acuario” de El carnaval de los animales de Camille Saint-Saëns.

Varios de los cuentos de hadas más conocidos, aquellos que han sido contados por generaciones, contienen elementos oscuros, hasta macabros, que con el tiempo se fueron suavizando para hacerlos más inofensivos . The Shape of Water intenta recuperar ese tradicional tono introduciendo algunos elementos  sombríos a la historia, los que están representados mayoritariamente por el personaje de Michael Shannon. Al mismo tiempo, la obra recurre a la perspectiva más simple de ese tipo de historias, las que a fin de cuentas iban dirigidas a un público más joven. De vez en cuando el guion escrito por Guillermo del Toro y Vanessa Taylor subraya ideas y símbolos que ya habían quedado claros, y recurren a ciertos arquetipos para caracterizar a sus personajes.

La estrategia tiene el riesgo de reducir a sus personajes a un par de características que los pasan a definir completamente. Esto se nota sobre todo con la protagonista, quien a ratos llega a ser infantilizada en exceso debido a la inocencia con la que el guion busca rodearla. En sus puntos más bajos, la película se asemeja a los principales defectos que tenía Le fabuleux destin d’Amélie Poulain (Amélie; 2001), donde lo empalagoso llegaba a distraer de lo que la obra quería contar. El problema no es que la cinta quiera utilizar la simpleza para transmitir ideas más complejas que se esconden bajo la superficie, el problema es que dicho subtexto no es tan potente en el caso de Elisa, quien termina disminuida a un concepto algo ligero. Son pocas las ocasiones en la que vemos más matices por parte de ese personaje, siendo el momento más notorio una discusión que tiene con su vecino, en el que por fin le vemos emociones más poderosas que la mera candidez.

Donde el guion si se arriesga es en la presencia del aspecto sexual del relato. El romance, que podría haber sido retratado de forma esterilizada, a través de un tratamiento puritano de la relación entre sus personajes, adquiere una interesante dimensión gracias a ese elemento. La sexualidad de Elisa es mostrada como algo normal, que forma parte de su rutina, transformándolo en un aspecto inseparable de su ser. Por eso, cuando los acercamientos con esta criatura humanoide pasan a ser más íntimos, la película es capaz de mostrar esa transición como algo plausible pese a su evidente peculiaridad. The Shape of Water evita que la situación quede enmarcada solo como un fetiche o una parafilia, otorgándole una mayor significación.

La curiosa mezcla de elementos y géneros no siempre alcanza los niveles de efectividad que Guillermo del Toro pretende, cayendo a veces en lo ridículo cuando quiere ser cautivante, o en lo cursi cuando busca transmitir ternura. Esto, sumado a la perspectiva algo simplista con la que desarrolla ciertos aspectos del relato, evita que nos podamos referir a ella como una de las mejores cintas que ha hecho ese director, honor que sigue teniendo El laberinto del fauno (2006). La muy buena reacción que ha generado entre los críticos de cine, así como las múltiples nominaciones y premios que ha recibido durante esta temporada, han transformado a esta obra en una de las grandes favoritas para obtener el premio Óscar a la mejor película, y a del Toro como uno de los nombres que suena con más fuerza para llevarse el galardón al mejor director. En caso de que llegase a ganar, el premio parece actuar más como un reconocimiento retroactivo a su trayectoria que como un galardón específico a su mejor trabajo.

Sin embargo, y pese a ser una película que se ubica más bien en una zona media de su filmografía, The Shape of Water merece ser destacada por el compromiso que Guillermo del Toro demuestra por su visión artística. No es habitual que una obra de estas características sea elogiada de manera tan transversal, ni que haya sido distribuida de forma tan masiva por un estudio grande como Fox Searchlight, algo que se debe atribuir en parte a la perseverancia de su director, quien ha estado durante décadas cultivando una forma de contar historias que salen de la norma. Aún cuando el resultado final no me haya convencido del todo, hay algo en ese deseo por alejarse de lo convencional que vale la pena aplaudir.

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