Call Me by Your Name (2017)

Call_Me_by_Your_Name-posterHay películas que tratan a la ambientación de sus historias no como un mero elemento accidental del relato, sino como algo que es capaz de entregarle un espíritu propio, una atmósfera distintiva a la obra. Esto no solo se nota en historias de corte fantástico, que transcurren en lugares exóticos o que narran hechos inusuales, sino también en aquellas cintas que tienen un enfoque más realista. La combinación de elementos como el diseño de producción, la fotografía, la banda sonora, va dando forma a sensaciones bien definidas, que nos transportan a ese lugar y época determinados. Es lo que ocurre, por ejemplo, con un título como Carol (2015) de Todd Haynes, donde se transmite la melancolía de la historia narrada a través del lenguaje cinematográfico.

Otra muestra de esa capacidad evocativa que tiene el cine se puede ver en Call Me by Your Name (Llámame por tu nombre), del director Luca Guadagnino, la que también gira en torno a la relación sentimental que se forma entre dos personas del mismo sexo. En vez del paisaje invernal del Nueva York de comienzos de los años 50, esta cinta transcurre en una zona semi-rural del norte de Italia, en el verano de 1983. Su paleta de colores es cálida, entregando imágenes luminosas, que sumadas al ritmo pausado de la obra y su música van creando una idea bastante acabada del ambiente en el que transcurre el relato. No estamos ante un simple escenario vistoso en el que ocurren los hechos, sino que ante un entorno que llega a dar forma a las acciones de los personajes.

La historia parte con la llegada de Oliver (Armie Hammer), un estudiante de posgrado que estará cerca de dos meses haciendo una pasantía en la casa de campo del profesor Samuel Perlman (Michael Stuhlbarg), quien se encuentra allí junto a su esposa Annella (Amira Casar) y su hijo adolescente Elio (Timothée Chalamet). La actitud extrovertida y algo avasalladora de Oliver contrasta con la personalidad más calmada de Elio, lo que llega a generar unos leves roces entre ambos, pero tras esa primera impresión comienza a desarrollarse una creciente curiosidad por parte de este último, quien se encuentra en plena etapa de descubrimiento sexual. Aunque también demuestra interés por una de sus amigas (Esther Garrel), la atracción que el joven siente por el recién llegado es más intensa, y cuando cree que su deseo no es correspondido, Oliver le demuestra que  él también lo ha estado observando.

El ambiente en el que ha crecido Elio es bastante particular, formando parte de una familia íntimamente ligada a la cultura y al área académica, teniendo además raíces cosmopolitas que le permiten hablar inglés, francés e italiano con facilidad. Sus intereses escapan de lo que uno puede esperar de un joven de su edad, ya que además de ser un lector voraz tiene un fuerte interés por la música, dedicando parte de su tiempo libre a transcribir partituras. Este entorno altamente intelectual se encuentra propiciado también por el pasar económico aparentemente privilegiado de sus padres, lo que les permite tener una casa de veraneo grande e incluso personas que trabajen para ellos.

Aunque se menciona que la casa fue heredada por la madre del protagonista,  no queda del todo claro cómo se pueden permitir un estilo de vida como ese, donde parecen no existir demasiadas necesidades materiales; pero la verdad es que se trata de una cuestión que no es esencial en términos de suspensión de la incredulidad, dado que el relato funciona como algo que transcurre dentro de su propio mundo. Este contexto en el que está ambientada la trama tiene algo de ensueño, de existir dentro de un ámbito aislado del resto, pero al mismo tiempo presenta características que la convierten en una realidad palpable, creíble. Esa ambivalencia le entrega un aire especial a la película, que prefiere transitar por su propio camino.

El guion escrito por James Ivory, que es una adaptación de la novela homónima de André Aciman, se toma su tiempo para mostrar los acercamientos entre los protagonistas. Con una duración que supera las dos horas, la cinta no teme ocupar un ritmo más pausado al momento de contar la historia, dejando que las escenas nos entreguen una idea de la vida que los personajes llevan en ese lugar. De manera coherente con el interés de Guadagnino por transmitir la atmósfera de la película, varios de los hechos narrados no tienen como objetivo hacer avanzar la trama, sino que profundizar el entendimiento que vamos adquiriendo acerca del entorno en el que transcurre el relato. La riqueza de los detalles y matices presentes en este mundo evita que la experiencia se vuelva aburrida.

Uno de los elementos que ayuda a mantener el interés por lo que ocurre en la pantalla es la fotografía de Sayombhu Mukdeeprom, quien logra crear unas imágenes bien cuidadas, precisas, pero que al mismo tiempo se sienten naturales, sin caer en un resultado demasiado rígido. La película presenta una preponderancia de planos generales, los que refuerzan la importancia del lugar en el que está ambientada la historia y destacan los encantos de ese entorno. La banda sonora, en tanto, mezcla canciones de carácter clásico, como las melodías de piano de los compositores John Adams y Maurice Ravel, con temas pop de aquella década. Las únicas canciones originales que forman parte de la banda sonora fueron creadas por el cantautor Sufjan Stevens, quien captura esa delicadeza y carácter idílico del relato, sobre todo a través del tema “Mystery of Love”.

Con todos los conocimientos que tiene Elio, los que le permiten desde tocar el piano hasta hablar acerca de olvidadas batallas de la Primera Guerra Mundial, aún hay cosas que escapan de su entendimiento, tal como le confiesa a Oliver. Su escasa experiencia en las relaciones de pareja hace que este personaje de gran intelecto, que podría haber resultado medio arrogante, termine siendo vulnerable, permitiendo que sintamos empatía por él. Timothée Chalamet logra ese preciso equilibrio entre madurez e ingenuidad que requiere el protagonista, entregando una interpretación que merece todos los elogios que ha ido acumulando durante los últimos meses. Armie Hammer, por su parte, debe recurrir a una actuación más sutil, mostrando de vez en cuando unos destellos de inseguridad que se escapan tras la apariencia confiada de Oliver.

A diferencia de una cinta como La vie d’Adèle (Blue Is the Warmest Color; 2013), donde el despertar sexual de su protagonista es representado de manera gráfica, hasta explícita, en Call Me by Your Name los momentos más íntimos que se producen entre los personajes principales ocurren fuera de cuadro. En una de las escenas más comentadas de la obra, debido al tipo de situación que ocurre dentro de ella, es el sonido el que pasa a convertirse en el foco, no las imágenes. La decisión no parece ser moral, en el sentido de puritana, sino que estética, siendo simplemente la forma en que el director ha decidido representar esta historia, dejando que el espectador se centre más en otros aspectos de la relación de sus protagonistas.

Debido a la época en la que está ambientada la cinta, Elio debe ser cauteloso al momento de expresar los deseos que siente. Sin embargo, aunque su verdadera identidad es un tema tabú para la década en la que vive, esa circunstancia no está cargada de la tragedia con la que varias cintas LGBT son narradas. La relación que se forja entre el protagonista y Oliver no es asolada por un bombardeo de desgracias que convierten sus vidas en un sufrimiento constante, sino que este vínculo se desenvuelve de manera más o menos positiva. A esto contribuye bastante la atmósfera que transmite la película, cuyos soleados días de verano en medio del campo convierten el viaje de autodescubrimiento del protagonista en una experiencia cautivante, que se encuentra ligada a la idea del aquí y el ahora.

La entrega con la que el joven se sumerge en esta nueva relación acentúa el encanto del presente, pero su carácter pasajero hace de la tristeza algo inevitable. El pasado aparece al momento de rememorar aquello que se perdió, mientras que el futuro entrega incertidumbre acerca de lo que ocurrirá. Pero si bien el término de algo bueno puede resultar doloroso, el hecho de haberlo vivido sigue teniendo un valor enorme. Entre los momentos potentes que vemos a lo largo del metraje, uno que resuena con más fuerza es el protagonizado por el padre de Elio, quien precisamente le explica a su hijo lo importante que es permitirse a uno mismo el sentir esas cosas, aun cuando estén acompañadas de momentos difíciles.

4 pensamientos en “Call Me by Your Name (2017)

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