Avengers: Infinity War (2018)

Avengers_Infinity_War-posterLa primera gran hazaña de Marvel Studios fue utilizar personajes relativamente conocidos y convertirlos en nombres familiares incluso para aquellos que no leen cómics ni están interesados en superhéroes. A diferencia de su principal competencia, DC Comics, la editorial Marvel no contaba con figuras como Superman o Batman, que han formado parte fundamental de la cultura popular durante décadas. Si bien el Capitán América o Hulk eran conocidos hace 15 años, no lo eran al mismo nivel de esos otros personajes; fue gracias a su paso por el cine que adquirieron un nivel de popularidad similar al del panteón de DC. Y no solo eso, ya que las cintas creadas por el estudio demostraron que no bastaba con tener un material ampliamente conocido para alcanzar el éxito, algo que se nota al ver las dificultades que han tenido DC y Warner Bros. con su propio “universo extendido”.

El otro pilar del estudio en esta década ha sido la manera en que ha contado historias que traspasan los límites de sus películas individuales, permitiendo que los hechos ocurridos en una cinta puedan tener repercusión en los de otra y creando interacciones entre sus diversos personajes. La noción de un universo cohesionado ha tenido una influencia enorme en el cine comercial de Estados Unidos durante los últimos años, inspirando a otros estudios a intentar aplicar esa misma fórmula. Esto no solo ha tenido repercusiones comerciales, sino también narrativas, cambiando en parte la forma en que vemos algunas películas. Proyectos como el de Marvel Studios privilegian los planes a largo plazo y la relación que existe entre sus diferentes entregas, lo que nos lleva a evaluarlas como un todo y no como meras piezas aisladas.

Aunque a veces damos por sentado que estos trabajos tendrán una buena calidad, apuntando a sus lugares comunes a través de términos como “la fórmula Marvel”, no se puede desconocer lo difícil que es mantener ese nivel durante tanto tiempo, proeza que muchas veces se ve perjudicada por esa misma estabilidad. No cualquiera puede hacer lo que Marvel Studios ha hecho, algo que vuelve a demostrar con Avengers: Infinity War, su obra más ambiciosa a la fecha debido al número de personajes involucrados y la escala de su historia. Este año, cuando se cumple el décimo aniversario de su primera película, Iron Man (2008), el estudio entrega una cinta que funciona al mismo tiempo como la culminación de un largo proceso y como el inicio de una nueva y emocionante etapa.

Las semillas de la historia contada en Infinity War fueron plantadas hace varios años, con la presentación del Teseracto, un misterioso objeto que posteriormente descubrimos forma parte de las Gemas del Infinito, seis piedras que surgieron con la creación del universo y que permiten controlar diversos factores: alma, tiempo, mente, espacio, realidad y poder. Estas gemas son buscadas por Thanos (Josh Brolin), a quien vimos por primera vez en la escena poscréditos de The Avengers (2012). Guiado por una inexorable filosofía basada en la idea del equilibrio, ese personaje cree que la mejor manera de acabar con ese sufrimiento que atraviesan los diferentes planetas y civilizaciones, sufrimiento que surge de la escasez, solo puede ser solucionado a través de la exterminación de la mitad de todos los seres vivos.

Su camino de destrucción se cruza con el de los superhéroes que protegen la Tierra -Iron Man (Robert Downey Jr.), Capitán América (Chris Evans), Spider-Man (Tom Holland), Pantera Negra (Chadwick Boseman), entre otros-, planeta donde hay dos Gemas, una en poder de Vision (Paul Bettany) y otra en manos de Doctor Strange (Benedict Cumberbatch). Al conflicto se suman además los Guardianes de la Galaxia, un grupo de héroes intergalácticos liderados por Star Lord (Chris Pratt), y entre cuyos miembros se encuentra Gamora (Zoe Saldana), hija adoptiva de Thanos. Con cada Gema que el villano logra sumar, su poder aumenta enormemente, lo que acorta las posibilidades de los superhéroes de evitar el desastre.

Con el estreno de la primera Avengers fuimos testigos de uno de los grandes hitos del cine comercial de Estados Unidos, ya que reunía a una serie de personajes que fuimos conociendo a lo largo de varias películas, creando un crossover pocas veces visto. La cinta personificaba aquel espíritu de los cómics de superhéroes que permiten esta particular mezcla de mundos e historias, espíritu que vuelve a sentirse con fuerza en Infinity War. Si bien esta nueva entrega no presenta esa calidad tan innovadora de la película de 2012, dado que ya habíamos visto a varios de estos personajes juntos en otras ocasiones, si alcanza una escala mayor a la que estábamos acostumbrados. Su gran atractivo consiste en unir las esferas terrícolas y galácticas del universo cinematográfico de Marvel, personificadas por los Vengadores y los Guardianes de la Galaxia, respectivamente.

Así como el director Joss Whedon logró un efectivo equilibrio entre los personajes en The Avengers, permitiendo interacciones que eran tanto creíbles como entretenidas pese a la distinta naturaleza que cada uno de ellos tenía, los hermanos Anthony y Joe Russo hacen lo propio con esta cinta. La obra presenta varios primeros encuentros entre estos superhéroes que hemos conocido a través de sus respectivas películas, haciendo que cada una de sus conversaciones resulten frescas. Ya sea que se deba al contraste que se produce entre sus personalidades, o al carisma que tienen, el guion de Christopher Markus y Stephen McFeely aprovecha estas situaciones para crear un relato ágil, donde cada personaje tiene la oportunidad de brillar.

Infinity War recurre a un planteamiento muy ligado a los cómics, ya que su historia salta entre diferentes mundos y grupos de personajes, entrelazando sus historias hasta llegar a un enfrentamiento final en el que todos ellos participan. Pese a tener una duración que se acerca a las dos horas y media, sus secuencias avanzan con fluidez, sin tener más pausas que las estrictamente necesarias, dejando los elementos esenciales para que la historia resulte coherente. Como la película asume que los espectadores han visto las entregas previas, conociendo a los personajes y aquello que ha ocurrido anteriormente, prefiere avanzar a través de los elementos más cruciales, sin que haya demasiados aspectos sobrantes.

Dado que el método de Marvel Studios consiste en ver el desarrollo de la historia de manera general, a lo largo de varias cintas, ha ido acostumbrando a los espectadores a ver todo esto como una gran serie que exige estar al día con las películas para poder entender lo que ocurre en las siguientes. Infinity War no funciona como película independiente, ni pretende hacerlo; es consciente de su lugar dentro de este universo fílmico. Tras diez años utilizando esa estrategia, los que han estado acompañados de un enorme éxito comercial, el estudio ha alcanzado el punto en que no deben preocuparse demasiado de aquellas personas que no están acostumbradas a ver el cine de esa manera. Saben que hay un número suficiente de personas dispuestas a ver las demás películas para entender esta.

Por lo mismo, la cinta no posee una estructura narrativa demasiado convencional, ni un desarrollo muy profundo de sus personajes. Los cimientos ya fueron levantados en las entregas anteriores, en las que nos fueron presentando a los superhéroes que aparecen acá, sus personalidades e historias, por lo que el foco de esta obra se encuentra más sobre su lucha por detener a Thanos. A pesar de eso, la película aun es capaz de tener una carga emocional, sobre todo hacia el final. Debido a que conocemos a estos personajes y les tenemos afecto, son las consecuencias que vemos en este relato las que van creando momentos emotivos.

Es difícil creer que los efectos que vemos al final del metraje serán permanentes, ya que en los mismos cómics este tipo de situaciones son revertidas de manera habitual, y Marvel Studios tampoco arriesgaría su éxito comercial con algo así, pero de todas maneras esos últimos quince minutos se sienten devastadores y levantan un gran interés por lo que ocurrirá en la siguiente película. Hay cosas que tienen un sabor distinto si vemos una película en el cine o en la casa, y ver esas escenas en un cine lleno definitivamente ayuda a crear un impacto en el espectador, generando un inusual silencio entre los presentes.

Con todo el tiempo que ha pasado desde que el universo cinematográfico de Marvel presentó a Thanos y las Gemas del Infinito, la anticipación que se fue generando sobre esta historia parecía arriesgada, ya que existía la posibilidad de que el resultado no estuviese a la altura de lo prometido. Esto se extendía al propio villano, de quien no sabíamos demasiado a partir de sus apariciones en las otras películas, pero en Infinity War se le otorga una sorprendente profundidad que lo convierten en un personaje llamativo. La actuación de Josh Brolin, que dio vida a Thanos a través de la técnica de captura de movimiento, presenta matices y detalles que uno no espera en este tipo de películas, y la relación que tiene con Gamora se transforma en una buena pieza de la obra.

La escala de la película, sus múltiples componentes, los diferentes tipos de personajes, las expectativas que se fueron acumulando a lo largo de los años, no aseguraban necesariamente algo demasiado prometedor. Era difícil tomar todos esos elementos y crear algo que fuese no solo entretenido, sino que coherente, pero en el caso de esta cinta Marvel Studios confirma que estos diez años que ha estado en lo más alto del cine comercial no se debe solo a una coincidencia. En una mezcla de proeza logística y narrativa, la cinta de los hermanos Russo se desenvuelve como una máquina bien aceitada, con cada uno de sus componentes funcionando de manera precisa, convirtiéndose en un hito más dentro de la filmografía del estudio.

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4 pensamientos en “Avengers: Infinity War (2018)

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