Paddington 2 (2017)

Paddington_2-posterLa película Paddington (2014) funcionó gracias a un delicado equilibrio que le permitió ser encantadora sin llegar a lo empalagoso, abrazar su espíritu infantil sin caer en lo simplón, y darle importancia a su dimensión estética sin terminar siendo superficial o intrascendente. Este logro se debió principalmente a su honestidad, a través de la cual logró crear un resultado genuino, y al respeto que demostró tanto por el material en el que estaba basada como por el público al que iba dirigida. Se trata de un enfoque que es difícil de precisar con palabras, pero que le entrega un valor adicional a la obra, alejándola del terreno del entretenimiento familiar desechable; es parecido a esa chispa que caracteriza a las películas de Pixar o Laika.

Basada en el personaje que el escritor británico Michael Bond creó en 1958, la cinta replicaba el espíritu de un libro infantil con la combinación de elementos realistas y fantásticos, difuminando las divisiones entre ambas esferas. Aunque estaba ambientada en una ciudad real como Londres, se trata de una versión diferente de nuestro mundo, donde el hecho de que un oso pueda hablar no es tan sorprendente para las personas. Mientras la primera película mostraba al protagonista adaptándose a su vida en la ciudad, Paddington 2 lo muestra como una parte importante de la vida de su entorno más cercano, alegrando el día a día de su familia y vecinos.

En esta nueva cinta, el conflicto que debe enfrentar Paddington (Ben Whishaw) no consiste en encontrar una familia que aprenda a aceptarlo tal como es, sino que en intentar cuidar la que ya tiene. Durante gran parte del metraje vemos al oso separado de los Brown -Mary (Sally Hawkins) y Henry (Hugh Bonneville), sus hijos Judy (Madeleine Harris) y Jonathan (Samuel Joslin), y su ama de casa, la Sra. Bird (Julie Walters)-, quienes lo habían acogido en la primera película. Esto se debe a un malentendido que termina en la condena de Paddington por el hurto de un libro que no cometió, delito que en realidad fue realizado por Phoenix Buchanan (Hugh Grant), un vanidoso actor que quiere utilizar el libro para encontrar un tesoro escondido.

La idea de ver a este personaje en un entorno tan hostil como la cárcel resulta inesperada, y hasta contraintuitiva, pero siendo fiel a su personalidad esta circunstancia no cambia su forma de ser, manteniendo sus característicos buenos modales. Una de las virtudes de estas dos películas dirigidas por Paul King es que la cortesía del protagonista no es tratada como algo de lo que uno deba reírse o burlarse. Si bien el mundo en el que se desenvuelve no siempre recibe de buena manera su forma de ser, las cintas no muestran su perseverancia como un reflejo de ingenuidad, sino que como una poderosa tenacidad que es capaz de cambiar las cosas para mejor.

Esto se nota sobre todo en las secuencias ambientadas en la cárcel, donde la habilidad que tiene el oso para ver el lado bueno de las personas reluce entre los demás reos. Una de las personas con las que interactúa allí es Knuckles McGinty (Brendan Gleeson), un intimidante cocinero a quien le enseña cómo preparar mermelada. Al igual que con la anterior cinta, se nota la influencia que el director estadounidense Wes Anderson tiene sobre algunas escenas, tanto en la estética de la obra (desde la simétrica fotografía de Erik Wilson hasta el meticuloso diseño de producción de Gary Williamson) como en el tipo de universo donde transcurre el relato, que presenta elementos algo anacrónicos y un aire pintoresco.

Una de las secuencias más fascinantes de la película muestra a Paddington adentrándose en el libro pop-up de ilustraciones que se convierte en el MacGuffin del guion. El personaje sigue siendo un oso antropomórfico de apariencia realista, creado con herramientas digitales, pero su entorno mantiene la apariencia de los dibujos que están en el libro. La transición que se produce entre cada ilustración al momento de dar vuelta las páginas es fluida, y le da a la secuencia un carácter intrincado que la convierten en un verdadero espectáculo. Son momentos como estos los que demuestran que Paddington 2 no es solo un producto creado de manera apresurada para ganar dinero, sino que detrás de la cinta hay gente que verdaderamente sabe lo que hace y quiere entregar algo de calidad.

El optimismo que Paddington demuestra contrasta con los sentimientos que prevalecen actualmente en nuestro mundo. Si bien el mensaje de aceptación de la película no es tan potente como el de la primera cinta, que presentaba ideas ligadas a la inmigración y los refugiados, de todas maneras hay una mirada que apunta al respeto y la integración, la que surge de manera orgánica de la obra, sin llegar a ser demasiado sermoneadora. Esto funciona porque la película posee un núcleo emotivo creíble, y porque Paul King tiene la suficiente habilidad narrativa para acomodar los componentes del relato y crear una historia de buena calidad.

A lo largo del metraje, el protagonista repite una frase que su tía Lucy (Imelda Staunton) le enseñó, y bajo la cual él ha modelado su actuar. “Si somos amables y educados, el mundo estará bien” (“if we’re kind and polite the world will be right”). Su reiteración la convierten en una especie de mantra, y el significado que guarda está muy ligado a una idea que generalmente se asocia con la cultura británica, defendiendo los modales no solo como normas sociales carentes de sustancia, sino que como un reflejo de civilidad y de vivir en comunidad.

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