Ghost Stories (2017)

Ghost_Stories.posterLa amistad de Jeremy Dyson y Andy Nyman, que surgió cuando eran adolescentes, tuvo como gran punto en común su amor por el cine de terror. Fue esa fascinación la que los llevó en 2010 a estrenar la obra de teatro Ghost Stories, inspirada por las películas antológicas de ese género, especialmente por las del estudio británico Amicus Productions. Aunque fue pensada en un principio para ser representada sobre un escenario, el éxito de la obra les permitió adaptarla tiempo después al cine, completando así el círculo que habían iniciado años atrás. Al ver la película Ghost Stories (Historias de ultratumba) es difícil imaginar cómo habría sido con las reglas y limitaciones físicas del teatro, pero como cinta funciona bastante bien.

Replicando el rol que interpretó en la versión teatral, Nyman actúa en esta cinta como el profesor Phillip Goodman, un hombre escéptico que tiene un programa de televisión a través del cual desenmascara a charlatanes y trata de explicar lo inexplicable. Un día recibe un mensaje de una de sus grandes influencias, Charles Cameron, quien tenía su propio programa donde abordaba lo que consideramos sobrenatural. Cameron, quien llevaba varias décadas desaparecido, le explica al protagonista que su visión del mundo ha cambiado, y que encontró tres casos que ni siquiera él ha podido explicar, por lo que le entrega los antecedentes a Goodman para saber su opinión. El primer caso es sobre un guardia nocturno (Paul Whitehouse) que tuvo un encuentro sobrenatural en el hospital psiquiátrico donde trabajaba; el segundo muestra a un nervioso joven (Alex Lawther) que arrolló a una extraña criatura mientras conducía; y el tercero trata sobre un hombre de negocios (Martin Freeman) que experimentó la presencia de un poltergeist en su casa.

A lo largo del metraje, Goodman se reúne con las tres personas y los entrevista acerca de lo que vivieron. Sus historias son visualizadas a través de flashbacks, lo que nos permite ver lo que ocurrió según sus propias versiones. De esta manera, es la investigación del protagonista la columna que sostiene los tres relatos. La relación entre las diferentes historias no solo depende de la misión que Cameron le da al personaje, existiendo un vínculo más fuerte entre todos los elementos. Mientras las películas de terror antológicas tienden a ser solo una colección de segmentos sin demasiada correlación entre sí, salvo un anecdótico marco narrativo (el cómic en Creepshow [1982], los videos en V/H/S [2012]), en Ghost Stories hay un hilo más trascendente que los une, lo que queda de manifiesto durante los últimos minutos.

Cuando conocemos a Goodman, lo vemos interceptando las instrucciones que un supuesto médium recibe a través de un auricular, revelando la técnica que ocupaba para engañar a la gente. Sin embargo, sus métodos para investigar los casos que le encargó Coleman no llegan a ser tan intrincados, limitándose solo a escuchar los relatos de las tres personas involucradas y vincular los aspectos descritos por ellos con elementos personales que permitan explicar sus encuentros sobrenaturales con razones más psicológicas. Así, por ejemplo, en el caso del guardia nocturno el fallecimiento de su esposa y el hecho de que su hija esté en estado vegetal permite dilucidar el significado de su historia. Lo mismo ocurre con el constante sentimiento de culpa del joven, la presión de su familia, y el temor del hombre de negocios de convertirse en padre.

La esfera psicológica cumple un rol fundamental en esta cinta para revelar aquello que es real y lo que es ficticio, pero la respuesta no es tan simple como creen inicialmente Goodman y los espectadores. La manera en que la cinta juega con aquello que aparenta ser real va más allá de los límites de sus historias individuales, entendidas como algo autónomo, separado entre sí, abarcando en cambio a toda la obra. Ideas como el remordimiento y el peso del pasado van dando forma a una película donde los fantasmas son personificaciones de algo más profundo. El giro que se produce en la trama hacia el final no solo resulta sorprendente, creando un asombro momentáneo, sino que permite entregarle un nuevo significado a lo que habíamos visto durante los minutos previos.

Aunque Ghost Stories es el largometraje debut de Dyson y Nyman, hay un buen manejo de las herramientas del cine de terror, lo que les permite crear momentos bastante tensos. En la primera historia, por ejemplo, aprovechan los elementos que tienen a su disposición para mantener la atención del espectador en todo momento. Uno de los aspectos que los directores ocupan a su favor es la iluminación, a través de la cual logran unos breves pero efectivos sustos, engañando al espectador para que crea ver algo que en realidad es otra cosa. De esa forma, el asiento de un automóvil o una mopa pasan a adquirir un aire siniestro cuando son mostrados de una determinada manera. Si bien el exceso de jump scares llega a perjudicar algunos momentos de la cinta, por lo general se cumple su cometido.

Una vez presentada la premisa de la cinta, uno cree saber cuál es el camino que seguirá el tono de la obra, preparándose para una serie de relatos que buscan asustar al espectador, pero uno de los grandes méritos de la película es que decide transitar su propio camino. A lo largo del metraje aparecen algunos destellos de humor negro que le entregan una importante cuota de personalidad a la cinta, mientras que la vuelta de tuerca hacia el final nos muestra el lado más lúdico del guion. En vez de conformarse con crear algo del montón, que pase desapercibido y sea olvidado en un par de meses, Dyson y Nyman prefieren hacer algo que refleje sus propios intereses, es decir, que tenga su impronta personal.

Mientras algunos cineastas que trabajan dentro del género del terror se conforman con crear buenas películas que emplean elementos que resultan familiares, obras como Ghost Stories se arriesgan a ir un paso más allá. Hay creatividad en esta película, y no solo eso, ya que además entrega una historia cuyo foco son los personajes, la dimensión humana de su relato. A eso contribuye el hecho de contar con un buen reparto, capaz de darle un peso adicional al relato. El miedo que surge de la cinta no depende de unos espectros etéreos, sino que de la muy palpable experiencia de sus personajes.

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