The Endless (2017)

The_Endless-posterLas limitaciones económicas no han sido un impedimento para que los directores Justin Benson y Aaron Moorhead crearan una voz propia que se extiende a lo largo de sus tres largometrajes. En cierta medida, es gracias a los bajos presupuestos con los que trabajan que pueden narrar historias que salen de lo normal y que son difíciles de clasificar, ya que no tienen la presión de estrenar una megaproducción que recaude cientos de millones de dólares. Fue el deseo de crear un relato a su medida, sin demasiados compromisos, lo que los llevó a filmar The Endless, mientras se encontraban en un periodo donde el resto de sus proyectos pendientes no avanzaba demasiado. Con tal abaratar costos y mantener un mayor control sobre la obra, los propios directores decidieron actuar en ella como protagonistas.

Los directores interpretan a Aaron y Justin Smith, dos hermanos que años atrás vivieron en una comunidad rural de peculiares costumbres. Aunque Justin considera que ese grupo de personas se asimilaba a una secta, Aaron posee recuerdos más positivos del tiempo que estuvo en ese lugar. Actualmente los protagonistas viven a duras penas, trabajando como limpiadores de casas y solo con el dinero suficiente para poder comer. Un día, reciben un video grabado por los miembros de la comunidad rural, lo que motiva a Aaron a decidir visitarlos. Aunque Justin no está seguro de la idea, finalmente se anima a acompañar a su hermano, movido por el deber de cuidar a Aaron, así como por la curiosidad de ver qué es lo que ha ocurrido con sus antiguos compañeros. Al llegar, los protagonistas descubren que los miembros de la comunidad casi no han envejecido desde que se fueron, y no es lo único fuera de lo normal que verán en su estadía.

En vez de utilizar esa premisa para crear un relato lleno de lugares comunes acerca de una secta, The Endless recurre a un enfoque menos convencional, introduciendo elementos que van haciendo de la trama algo difícil de predecir. Lo siniestro de la historia no depende tanto del elemento humano, sino que de la situación a la que son sometidos los personajes. Los miembros de la comunidad rural no son retratados como una especie de Jonestown 2.0, sino que como un grupo de personas que tiene su propio estilo de vida, y que al mismo tiempo esconde un oscuro secreto. Más que villanos de la historia, estos personajes se han visto envueltos en una compleja posición, en donde el libre albedrío se encuentra restringido.

Desde su primer largometraje, Resolution (2012), Moorhead y Benson han contado historias donde los personajes se ven expuestos a una fuerza superior e incontrolable, que rompe con la cotidianeidad de sus vidas. No se trata solo de espíritus o fantasmas, sino que de algo más abstracto. La presencia de este elemento no necesariamente acerca a estas obras al género del terror, ya que la manera en que sus guiones van desarrollando las historias permite que escapen de clasificaciones tan rígidas. Sí, lo extraño de la situación genera inquietud en el espectador, pero el objetivo de los directores no consiste solo en asustar al público, prefiriendo en cambio apuntar a un ámbito más reflexivo.

A lo largo de esta película vemos una serie de alusiones a la forma circular, tanto a través de objetos como en los tipos de planos utilizados. La idea de lo cíclico es fundamental en la trama, que incluso presenta rasgos del género de la ciencia ficción. Al ser una cinta de bajo presupuesto, los directores se las deben ingeniar para representar ese tipo de ideas, demostrando que la falta de recursos económicos no son una barrera para su ambición narrativa. No se llega al nivel de inventiva ni de eficiencia de recursos que alcanzó una cinta como Coherence (2013) de James Ward Byrkit, pero el resultado aún así es de buena calidad.

Una de las inspiraciones que han citado Moorhead y Benson para la creación de esta película es el trabajo de H.P. Lovecraft, específicamente su noción de terror cósmico, que hace referencia al temor por lo desconocido. El destino de los personajes parece estar controlado por algo que escapa de su comprensión, por una fuerza que es tan poderosa como cruel y arbitraria. Si bien el relato puede ser comparado con algunos capítulos de la serie The Twilight Zone, debido a los enigmáticos hechos que experimentan sus protagonistas, la cinta presenta mayores similitudes con otra serie, Lost. A diferencia de los misterios de Rod Sterling que surgían como un quiebre de la realidad que no exigían mayor explicación, en The Endless hay momentos donde se intenta racionalizar lo que ocurre.

El enfoque que emplean los directores respecto de ese punto no es de lo más adecuado, debido a que no siempre es mejor preferir las reglas por sobre el atractivo de la ambigüedad. Tanto en Resolution como en Spring (2014) el misterio era suficiente para mantener la atención de los espectadores, dejando que ellos mismos fuesen llenando los vacíos que surgían. En esta tercera película, en cambio, hay diálogos expositivos que intentan esclarecer de forma más precisa qué es lo que está ocurriendo y cuáles son los límites de esos efectos, algo que no termina de convencer. Al tratar de estructurar demasiado la intriga que atraviesa el metraje, se restringen sus posibilidades y se impide que la audiencia vaya uniendo los cabos sueltos por su cuenta. Además, el hecho de que aún así persista inexplicada gran parte del misterio hace que esos esfuerzos de racionalización sean superficiales.

Más interesante es la manera en que la dimensión paranormal de la historia sirve para desarrollar la relación entre los protagonistas. En los relatos de estos cineastas los elementos sobrenaturales no son una mera distracción vacía, sino que sirven como una manera de potenciar aquello que sienten sus personajes. En este caso, las situaciones extremas que viven Justin y Aaron los obligan a revisar su propio vínculo, la manera en que se relacionan y cómo ven la vida. Aunque algo limitado por la falta de experiencia actoral de los protagonistas, este factor humano de la obra permite aterrizar las ideas que explora, al asociarlas a cuestiones más cercanas a nuestra propia experiencia.

Pese a que no es necesario haber visto Resolution para entender The Endless, existe un claro vínculo entre ambas películas, las que transcurren en el mismo mundo. Es llamativo cómo con un presupuesto tan limitado los directores fueron capaces de crear una mitología propia, una especie de modesto universo cinematográfico, que le entrega un encanto adicional a su guion.

Sin contar con un nivel de intriga narrativa tan poderoso como Resolution, ni con un peso emocional que resuene tan fuerte como el de Spring, este tercer largometraje es el menos logrado de Moorhead y Benson. Sin embargo, la ambición que demuestran por las historias que quieren contar, las que emplean caminos poco esperados, los convierten en unos cineastas que vale la pena seguir.

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