You Were Never Really Here (2017)

You_Were_Never_Really_Here-posterEn We Need to Talk About Kevin (2011), la anterior película de Lynne Ramsay, el tiempo es una cosa maleable, que puede ser modificada según lo necesite el relato. En dicho caso, para reflejar la manera agobiante en que los recuerdos rodean a su protagonista. Para poder entender las trágicas consecuencias del presente, el personaje interpretado por Tilda Swinton es bombardeado por cosas que ocurrieron años atrás, como si intentara desesperadamente encontrar una respuesta a lo que ocurrió con su hijo. La historia es contada de manera no lineal, saltando de momento en momento, los que están unidos más por las sensaciones que generan que por un fin cronológico.

El pasado vuelve a adoptar un rol fundamental en el largometraje más reciente de la directora, You Were Never Really Here, pero su presencia es más acotada, más precisa. Lo vemos a través de breves flashbacks que nos entregan destellos de la vida de Joe (Joaquin Phoenix), un sicario que tuvo una infancia en un hogar violento y que posteriormente, durante el tiempo que participó en la guerra, vio cosas que no olvidará jamás. Las primeras imágenes que vemos de él son inquietantes y generan suspicacia acerca de sus acciones: aparece deshaciéndose de la evidencia de un violento acto que ocurrió en la habitación de un hotel. Su trabajo, sin embargo, lo acerca más al área de los buenos que al de los malos, ya que es contratado para rastrear y rescatar a niñas que son presas del tráfico sexual.

Joe es un hombre reservado, que habla poco y protege su privacidad. Cuando no está golpeando a otras personas con un martillo, se dedica a cuidar a su anciana madre (Judith Roberts), tomando además las precauciones necesarias para que los peligros de su trabajo no se extiendan a su vida cotidiana. La misión que es narrada en la película consiste en encontrar a Nina (Ekaterina Samsonov), la hija del senador Albert Votto (Alex Manette), quien había huido de casa tiempo atrás. Conociendo el tipo de cosas que los captores hacen con jóvenes como ella, el senador le indica a Joe que los haga sufrir cuando los encuentre. Pero las redes de influencia que dichas personas tienen son profundas, abarcando las esferas de la política y la policía, por lo que no será un rescate sencillo.

Aunque, así descrita, la premisa de la cinta puede fácilmente derivar en una genérica película de acción con elementos de thriller, You Were Never Really Here toma las reglas de esos géneros para subvertirlas, creando algo diferente. Su enfoque más sutil e introspectivo recuerda a lo que Jeremy Saulnier hizo con los relatos sobre venganzas en Blue Ruin (2013). Los protagonistas de ambas películas se diferencian mucho de lo que uno esperaría de un héroe de acción, no solo en su apariencia física sino también en su manera de ver el mundo. Joe no es una máquina de guerra que ama la violencia, sino que está marcado de manera profunda por los horrores que ha experimentado, desarrollando incluso pensamientos suicidas que materializa a través de la autoasfixia.

Cómo se siente el personaje principal es uno de los aspectos centrales en esta obra, lo que permite entregar un relato subjetivo, un estudio del personaje que le da una perspectiva interesante a la cinta. Por eso, se le da una gran importancia al pasado de Joe y a la manera en que esas experiencias lo afectan, a través de un trastorno por estrés postraumático que se gatilla de forma repentina con diversos detalles que lo rodean. Joaquin Phoenix, uno de los mejores actores en la actualidad, transmite la vulnerabilidad que se esconde tras el personaje, cosa que logra mayoritariamente a través de lenguaje no verbal, debido a que el guion de Ramsay solo utiliza un número justo y necesario de diálogos. Todo esto es complementado por la transformación física a la que se sometió Phoenix, quien subió varios kilos, creando un resultado que refleja de manera visual aquella coraza con la que el protagonista se protege del resto del mundo.

Basada en la novela homónima de Jonathan Ames, este es el tercer largometraje de Lynne Ramsay adaptado a partir de un libro. En vez de realizar películas que se limitan a representar los hechos que ocurren en el material original, lo que la directora busca es crear es una atmósfera propia, donde son las sensaciones y los estados anímicos los factores que le van dando forma al relato. Esta idea se vuelve a replicar en You Were Never Really Here, donde la cineasta demuestra que incluso con historias más cercanas a los géneros de la acción y el thriller, es capaz de entregarles su impronta personal. Un elemento tan básico en este tipo de cintas, como la violencia, es representada de una manera especial por Ramsay, quien prefiere ubicarla fuera del plano y en otras ocasiones mostrarla desde lejos.

Para ayudarla a crear esta atmósfera tan particular, la directora cuenta con la colaboración del músico Jonny Greenwood, quien años atrás incursionó en el cine como compositor a través de las películas de Paul Thomas Anderson. Como es habitual con sus trabajos, la banda sonora que hizo para esta obra es poco convencional, logrando además un aire enigmático y recurriendo de vez en cuando a sonidos algo rudimentarios o crudos. Aunque la obra tiene una duración compacta de solo 90 minutos, Ramsay se toma el tiempo para construir momentos donde lo esencial no es que la trama avance, sino que generar una determinada impresión, por lo que la música sirve como un buen complemento para alcanzar ese fin.

Desde su estreno en el Festival de Cannes del año pasado, donde obtuvo los premios a mejor guion y mejor actor, las comparaciones con Taxi Driver (1976) han sido recurrentes. Ambas películas están ambientadas en Nueva York, sus protagonistas se mueven en el bajo mundo, y uno de los objetivos de los personajes es rescatar a una adolescente que está atrapada en el entorno del comercio sexual. Estas similitudes son claras, pero la cinta de Ramsay es capaz de entregar algo distintivo gracias al enfoque que ocupa. Esto se debe por un lado a la manera en que integra pasado y presente con los flashbacks del protagonista, y también a la manera en que va introduciendo algunos elementos que difuminan la línea que separa a la realidad de la ficción -una secuencia ambientada en un lago, por ejemplo, presenta tintes oníricos, mientras que el propio final de la película juega con esa idea-.

Mientras en su película previa Lynne Ramsay entregaba una obra que se sentía superior, de enorme trascendencia, su ambición en You Were Never Really Here parece estar más acotada. Estamos ante una película sólida, que incluso puede estar dentro de las mejores que he visto este año, pero no llega a tener esa envergadura que en We Need to Talk About Kevin demostraba desde sus primeros minutos. Esta comparación, sin embargo, no debe restarle méritos a su nueva cinta, ya que solo busca examinar dos trabajos de una cineasta de gran talento, y es algo casi inevitable cuando se trata de alguien que mantiene un nivel tan alto. Basta comparar esta película con la gran mayoría que se estrena cada año para reforzar el valor que tiene.

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