Mission: Impossible – Fallout (2018)

Mission_Impossible_Fallout-posterUno de los aspectos que ha caracterizado a la saga de Mission: Impossible es que cada una de sus películas ha sido dirigida por un director diferente, lo que genera algunas interesantes variaciones entre cada una de sus entregas. Esa costumbre recordaba a lo que ocurría con la franquicia de Alien, que también contó con la participación de diversos cineastas de renombre, pero al igual que en ese caso la tendencia llegó a su fin. Este año, con el estreno de su sexta cinta, Mission: Impossible – Fallout (Misión: Imposible – Repercusión), la saga repite al director Christopher McQuarrie, quien estuvo a cargo también de la quinta película. Aunque con esa decisión se pone término a una estrategia que permitía una diversidad de enfoques, su regreso nos entrega no solo una muy sólida obra de acción sino también una historia que se hace cargo de aquellos hechos que ocurrieron en las cintas previas.

Si bien la trama de Fallout también puede ser entendida por espectadores que no han visto las otras películas de la saga, un atributo que la franquicia ha repetido durante todos estos años, el guion de esta sexta cinta demuestra una fuerte conexión con los acontecimientos que Ethan Hunt (Tom Cruise) ha ido experimentando en todo este tiempo. Su título hace referencia a las consecuencias que debe enfrentar el protagonista, una de las cuales es la reaparición de Solomon Lane (Sean Harris), el villano antisistema que capturó en Rogue Nation (2015). Los seguidores del terrorista, conocidos ahora como Los Apóstoles, han logrado apropiarse de unos núcleos de plutonio que planean utilizar para construir bombas nucleares. El pensamiento de este grupo es que sin sufrimiento ni destrucción no puede existir paz. Para intentar detenerlos, Hunt contará con la ayuda de sus aliados recurrentes, Luther Stickell (Ving Rhames) y Benji Dunn (Simon Pegg).

Como es habitual en esta saga, la misión del protagonista está llena de identidades secretas, agentes dobles, traiciones, y personajes con motivaciones secretas. El propio Hunt es mirado con sospecha por la directora de la CIA Erica Sloane (Angela Bassett), quien envía al agente August Walker (Henry Cavill) a supervisar sus acciones ya que no confía en la lealtad del personaje principal. Este juego de suspicacias se vuelve más complejo con la participación de la Viuda Blanca (Vanessa Kirby), una traficante de armas que mantiene su verdadero objetivo entre las sombras, y el regreso de Ilsa Faust (Rebecca Ferguson), quien se mantiene rondando en la periferia de la acción, interviniendo de vez en cuando para ayudar o detener al protagonista, dependiendo de sus intereses particulares.

Con seis películas que se han extendido por más de dos décadas, es inevitable que una franquicia como Mission: Impossible adquiera una autoconciencia que la lleve a examinarse a sí misma. Uno de los temas recurrentes de estas obras es la amenaza interna que asecha a Ethan Hunt, quien en más de una ocasión ha debido luchar contra personas o instituciones que consideraba sus aliados. En Fallout, los elementos que son cuestionados son los métodos que utiliza el protagonista y su libre albedrío. El primero se refiere a aquello que está dispuesto a sacrificar con tal de alcanzar el bien común, es decir, si la pérdida de una vida es un precio necesario para salvar a cientos o miles de personas. Hunt no está de acuerdo con la idea de ponderar la vida de las personas en virtud de cuántas de ellas están involucradas. Esto le genera varios problemas a lo largo de la película, desde la pérdida del plutonio al intentar salvar a Luther, hasta un intrincado plan en París para evitar la muerte de un grupo de policías.

El protagonista es guiado por una fuerza invisible que lo lleva a realizar las más peligrosas hazañas, aún cuando las probabilidades de éxito sean casi nulas. Durante esta película un par de personajes hace referencia al carácter opcional de las misiones de su agencia (“tu misión, si decides aceptarla” dicen los mensajes grabados que escucha a lo largo de la franquicia), pero en el caso de Hunt esa opción parece ser simplemente nominal. Hay algo en el personaje que lo empuja a estar siempre en movimiento, sin pensar demasiado si va a intentar algo. Una de las imágenes típicas de Tom Cruise en esta saga es la de él corriendo, y es una buena manera de representar visualmente ese punto.

A pesar de que los avances tecnológicos han sido gigantescos desde el estreno de la primera cinta en 1996, las posteriores entregas no han abusado de los efectos especiales digitales para hacer que la acción resulte más impresionante. La franquicia de Mission: Impossible ha sido construida sobre un respeto por las acrobacias prácticas, por lo tangible, así que son este tipo de secuencias las que van adquiriendo un mayor perfeccionamiento con cada entrega. Ya es tradición que el estreno de estas cintas venga acompañado de noticias acerca de las peligrosas escenas que filmó Tom Cruise, un actor que pese a los millones de dólares que vale su imagen, no duda en poner en riesgo su integridad física para el entretenimiento de los espectadores.

Mientras la acción creada con herramientas digitales es capaz de alcanzar una escala gigantesca, y representar situaciones imposiblemente complejas, no es raro que en películas donde se abusa de esos elementos las imágenes resultantes terminen siendo monótonas pese a su grandilocuencia. Eso no ocurre con las secuencias de acción de Fallout, cuyo carácter palpable les otorga un peso que las hace emocionantes, ya que los objetos que están involucrados en las escenas y el entorno donde transcurren resultan creíbles. La cinta no cae en esa liviandad que tienen los efectos digitales de mala calidad, donde uno nota la barrera que separa a los actores de carne y hueso con aquellos elementos creados con computadoras.

Christopher McQuarrie aprovecha su regreso a la franquicia para mejorar aquello que hizo en Rogue Nation y diseñar escenas de acción más efectivas. Son esos momentos los que se transforman en los puntos más destacables de la obra, mientras que las intrigas narradas en su trama pasan casi a ser una excusa que une estas secuencias entre sí. La acción adopta varias formas a lo largo del metraje, intercalando peleas con persecuciones y cambiando los escenarios de cada una de ellas. El compromiso que la producción demuestra por crear todo esto de la manera más auténtica posible hace que el proceso de filmación sea tan cautivante como las propias escenas, debido al nivel de planificación que implicaron y a lo complejo de su ejecución.

De todos los momentos que vemos en esta obra, dos son los que se vuelven más inolvidables. El primero consiste en una caída libre desde un avión, que es filmada creando la ilusión de un único plano secuencia, en la que participan Tom Cruise y Henry Cavill. El segundo es una pelea que transcurre dentro de un baño, donde a los dos actores ya mencionados se une un tercer participante, el doble de acrobacias Liang Yang. La geografía del lugar se convierte en un aspecto esencial del enfrentamiento, ya que los personajes utilizan constantemente el entorno durante la pelea, y pese a que se desplazan de un lugar a otro, el buen trabajo de cámara nos permite seguir la acción sin dificultad. Recurriendo a planos generales que nos muestran con claridad lo que hacen los personajes, y a un montaje que no corta lo que está ocurriendo en la pantalla, McQuarrie crea algo sobresaliente.

La claridad con la que el director maneja estas escenas hace que Fallout se eleve dentro de un género que de vez en cuando debe conformarse solo con un nivel correcto. Esta película no se conforma solo con cumplir, sino que pretende dar un paso más allá, y se nota. Hay detalles que demuestran esto, como las diferencias en el estilo que cada personaje utiliza durante la pelea en el baño, una cuestión que le entrega personalidad a algo que en otras manos podría haber sido un mero trámite. Algunos comentarios han señalado que esta obra es la mejor cinta de acción desde Mad Max: Fury Road (2015). Si bien se trata de una buena película, hay que señalar que McQuarrie no alcanza el nivel de maestría de George Miller, quien combina todos los elementos que el lenguaje cinematográfico le entrega para dar forma a una sinfonía de destrucción y caos. Quizás la comparación más adecuada sería con Baby Driver (2017), que sin llegar a ser tan trascendente como la película de Miller sigue siendo una destacada exponente del género.

Debido a la necesidad de crear situaciones llamativas, capaces de capturar la atención del espectador, las secuencias de acción en Mission: Impossible no tienen como rasgo característico la verosimilitud. A lo largo de estos 22 años, Ethan Hunt ha escapado constantemente de toda clase de peligros, muchas veces por razones que escapan de lo razonable. Desde aquella icónica imagen de la primera cinta, en la que el protagonista se detiene a milímetros de accionar una alarma mientras cuelga de un cable, el personaje de Tom Cruise parece estar protegido por un aura sobrenatural que le permite sobrevivir aún cuando todo está en su contra. Esto vuelve a ocurrir en la sexta película, donde el hecho es incluso objeto de bromas, ya que en más de una ocasión Hunt decide realizar algo sin un plan predefinido, casi improvisando en el momento, ya que intuye que algo lo ayudará en el camino.

Dentro del universo de esta saga, donde los ganchos se agarran de acantilados en el momento justo, y el protagonista escapa de la policía en el último segundo, la ayuda que recibe Hunt puede ser identificada de varias maneras, dependiendo de lo que el espectador quiera creer: una manifestación del destino, el accionar de un ser superior, o la simple buena suerte. Mirada desde afuera, como una obra de ficción, se trata de un recurso narrativo que permite que la franquicia haya durado tanto tiempo, y que mantiene al personaje en un constante movimiento. Es inverosímil, cierto, pero es una de esas convenciones que existen desde siempre entre la audiencia y las personas que hacen cine. A algunos les parecerá demasiado poco creíble, y por eso no lo disfrutarán, pero para los demás, si deciden aceptarlo, significará ser testigos de una de las mejores franquicias de acción de la actualidad.

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