BlacKkKlansman (2018)

BlacKkKlansman-posterCon el tenso clima político que existe actualmente en Estados Unidos, resultaba inevitable que el cine de aquel país decidiera explorar algunas de las situaciones que se están viviendo dentro de su territorio. Mientras Steven Spielberg prefirió destacar el rol de la prensa como una de las herramientas capaces de vigilar el desempeño de los gobernantes con su cinta The Post (2017), cuya creación estuvo inspirada en parte por los roces entre el presidente Donald Trump y los periodistas, ahora es Spike Lee quien con el estreno de BlacKkKlansman (El infiltrado del KKKlan) pone de manifiesto otra de las preocupaciones que han surgido durante ese gobierno, la revitalización mediática de grupos supremacistas blancos.

Aunque las dos películas están ambientadas varias décadas en el pasado, basadas en hechos reales, ambas ocupan sus respectivas historias para crear un paralelo con la situación actual del país norteamericano. En el caso de BlacKkKlansman, su inspiración es el caso de Ron Stallworth (John David Washington), el primer policía afroamericano de la localidad de Colorado Springs, quien, tras trabajar como agente encubierto dentro de reuniones supuestamente subversivas del movimiento negro, decidió investigar la actividad del Ku Klux Klan.

Su primer acercamiento es a través de un aviso en el periódico, a partir del cual puede contactarse con la organización y crear una impresión lo suficientemente buena para que lo inviten a unirse.  Sin embargo, surgen dos problemas para su plan: el primero es que ocupó su verdadero nombre para identificarse con ellos, y el segundo es que su color de piel le impide reunirse cara a cara con los miembros del Klan sin ser descubierto. Debido a esto, necesitará la ayuda de Flip Zimmerman (Adam Driver), un compañero detective blanco que se hará pasar por él cuando se junte con ellos, mientras Stallworth se encarga de continuar con las conversaciones por teléfono. Aunque Zimmerman se gana la confianza de Walter (Ryan Eggold), el líder del capítulo local del KKK, su subalterno Felix (Jasper Pääkkönen) seguirá de cerca sus movimientos.

La premisa de esta película, que un afroamericano sea capaz de engañar a una organización racista para poder inscribirse en ella, puede resultar poco creíble a priori, asemejándose más a un sketch cómico de programas como Chappelle’s Show o Key & Peele, que a algo que realmente ocurrió. Spike Lee es consciente del carácter absurdo de la situación, acercando varias de las escenas a un tono humorístico, en las que hay elementos satíricos y también de humor negro. Uno de los aspectos que la cinta ridiculiza es la manera en que muestra a los miembros del Ku Klux Klan, quienes en su mayoría son caracterizados como personas ignorantes y violentas, siendo el caso más extremo el de Ivanhoe (Paul Walter Hauser).

Para pasar desapercibido como alguien blanco mientras habla por teléfono, Stallworth no solo debe recurrir a expresiones racistas, sino también cambiar el tono de su voz y la forma en que pronuncia ciertas palabras. La diferencia entre sonar blanco o negro según la manera en que habla es utilizada también como elemento cómico, y el protagonista es tan bueno para esto que llega incluso a engañar al propio David Duke (Topher Grace), líder del KKK en ese entonces. La película enfatiza el deseo que tenía Duke de hacer que la organización tuviese un atractivo más amplio entre la población, por lo cual trata de proyectar una imagen menos violenta y más afable ante los medios de comunicación. Esta estrategia, que ha sido cultivada en la actualidad por la alt-right en Estados Unidos, no es el único paralelo que la cinta crea entre pasado y presente, haciendo alusiones claras a términos como “America First” o “Make America Great Again” y al hecho de que alguien como Donald Trump llegue a la presidencia.

Pero que BlacKkKlansman recurra a la comedia para retratar ciertos elementos no significa que le quite cualquier tipo de peligro a la situación que deben enfrentar sus protagonistas. Junto con el humor hay unas efectivas dosis de suspenso a lo largo del relato, las que se basan en el riesgo que Stallworth y Zimmerman corren de ser descubiertos por el Ku Klux Klan. La figura de Felix, siempre atento a lo que hace el detective, funciona como una constante amenaza a la investigación. Que Zimmerman lleve un micrófono oculto y además sea judío dificulta aún más las cosas, lo que se puede ver en un par de escenas donde está a punto de ser desenmascarado. El equilibrio que logra la obra entre ambos tonos no era sencillo, pero su director logra salir airoso gracias a la manera en que maneja las herramientas que están a su alcance.

El trabajo encubierto que deben hacer los protagonistas de la película permite además la exploración de un tema bastante interesante como el de la identidad. Respecto de Stallworth, esto implica su rol como policía y como ciudadano afroamericano, dos dimensiones que tienden a chocar entre si en un país como Estados Unidos. Este ejercicio de proyectar una imagen que se acomode a diferentes contextos se nota en su relación con Patrice (Laura Harrier), una activista universitaria que conoció mientras estaba infiltrado en un acto político que ella organizó. Zimmerman, por su parte, llega a examinar su propio origen judío a raíz de la investigación en la que participa, ya que hasta ese entonces solo la había visto como una noción algo distante de sí mismo.

BlacKkKlansman ataca con ferocidad a los supremacistas blancos, pero la forma en que desarrolla algunos de sus temas no la han eximido de críticas desde la propia comunidad afroamericana, algunas de las cuales son bastante razonables. Boots Riley, por ejemplo, director de Sorry to Bother You (2018), señaló que la cinta de Lee no se hace cargo del trabajo que el verdadero Stallworth hizo como agente encubierto dentro de agrupaciones que defendían los derechos de los afroamericanos, trabajo que iba destinado a desarticular a esos grupos. Critica, además, la manera en que la película retrata a la policía estadounidense, omitiendo o restándole importancia al racismo sistemático que existe dentro de aquella organización, mostrando en cambio una especie de falso optimismo que no refleja lo que ocurre en la realidad.

La validez de estas críticas no daña de manera irremediable el resultado final, el que pese a sus imperfecciones llega a alcanzar unos potentes y emotivos momentos. Un claro ejemplo de esto es la secuencia en la que participa Harry Belafonte, interpretando a uno de los testigos del brutal linchamiento de Jesse Washington que ocurrió en 1916. Mientras narra lo sucedido a un grupo de jóvenes que escuchan la historia horrorizados, las imágenes de la escena son alternadas con otra que está ambientada en una ceremonia del Ku Klux Klan, donde sus miembros están viendo y celebrando la película The Birth of a Nation (1915) de D. W. Griffith. El montaje paralelo de ambas realidades logra un efecto demoledor, e instala una de las ideas de la obra que consiste en cómo el cine puede llegar a promover diferentes maneras de ver el mundo (ya sea reforzando o denunciando injusticias).

Spike Lee aterriza un golpe aún más fuerte en el espectador durante los últimos minutos del metraje, ya que utilizando imágenes de lo ocurrido el año pasado en Charlottesville, Virginia, durante la marcha de grupos de extrema derecha, muestra de forma elocuente que el peligro al que se enfrentaron los protagonistas sigue en pie. A pesar de las ridiculizaciones a las que son sometidos los miembros del KKK en esta cinta, estas secuencias finales dejan en claro que el odio cultivado por esos grupos no debe ser visto solo a la ligera, o se puede arriesgar que un asunto como este se trivialice. El director no quiere caer en ese error, así que recurre a este tipo de estrategia para transmitir su mensaje, sacrificando sutileza pero creando un gran impacto.

2 pensamientos en “BlacKkKlansman (2018)

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