Hold the Dark (2018)

Hold_the_Dark-posterEn Hold the Dark, así como en los dos largometrajes previos del director Jeremy Saulnier, la historia transcurre en un entorno donde el estado de derecho es una noción lejana, que no tiene eficacia práctica. Los personajes prefieren solucionar sus conflictos con sus propias manos, lo que deriva en explosiones repentinas y brutales de violencia. Mientras en Blue Ruin (2013) y Green Room (2015) la presencia de la policía es limitada o nula, en esta nueva cinta uno de los personajes principales pertenece a dicha institución, pero eso no impide que las situaciones aún así se salgan de control y los uniformados sean incapaces de detenerla. En vez de que su participación en la trama funcione como una manera de desincentivar el caos, viene a reforzar la idea de su propia intrascendencia.

La obra es protagonizada por Russell Core (Jeffrey Wright), un escritor y naturalista retirado que viaja a una aldea en Alaska luego de recibir una carta de Medora Slone (Riley Keough), quien le ruega investigar la desaparición de su hijo, que según ella fue atacado por una manada de lobos. Se trata del tercer caso ocurrido en el lugar durante el último tiempo, y debido a los conocimientos de Core sobre ese tipo de animales, su labor consistiría en rastrear y eliminar a los lobos que cometieron esas muertes. El padre del niño, Vernon (Alexander Skarsgård), es un soldado que se encuentra en labores de combate en Medio Oriente, y a quien Meldora aún no le ha comunicado directamente las noticias sobre lo que ocurrió.

Aunque el punto de partida de Hold the Dark hace vaticinar un relato centrado en la lucha de Core con las inclemencias naturales de ese lugar, incluidos los lobos a los que deberá enfrentar, el guion que adapta la novela de William Giraldi opta por un camino distinto. No se trata, por lo tanto, de una historia como The Grey (2011), basada en la supervivencia y en la lucha entre el hombre y el animal, sino que de una cinta donde el conflicto se da entre los personajes humanos, debido a los actos cometidos por los mismos. Su trama es más compleja que lo que se deja ver a través de estos primeros minutos. El elemento salvaje sigue presente, pero no de manera literal por medio de los lobos, sino que como una cuestión interna que se esconde dentro de sus personajes.

Este es el primer largometraje de Saulnier que no fue escrito por él mismo, y es también el primero basado en una obra preexistente. La adaptación estuvo a cargo de su colaborador habitual, Macon Blair, protagonista de Blue Ruin que además actúa en esta película. Aunque se mantienen algunos rasgos del estilo del director, como ciertos temas que explora y la manera feroz en que es tratada la violencia, hay unos cuantos aspectos que presentan cambios importantes con lo que había hecho en sus anteriores películas. Uno de ellos es el vínculo que existe entre la historia y el espacio en el que transcurre, algo que no recibió demasiado desarrollo en sus obras previas.

Alaska no solo es tratada por la película como una zona que cuenta con un gran atractivo estético para la cámara, sino que presenta una serie de características que influyen en cómo los personajes se comportan y relacionan entre sí. El implacable clima frío, el aislamiento de las comunidades que viven ahí, la cultura y mitos de sus habitantes, son algunos de los factores que son referenciados a lo largo del metraje, y no solo como cuestiones superficiales, sino que como elementos que van dando forma a la vida de las personas. Debido a eso, el lugar donde está ambientada la cinta no se convierte en un punto circunstancial o intercambiable por cualquier otro; lo que ocurre en la obra ocurre, en parte, por la localización donde transcurre el relato.

La conexión entre espacio y persona hace recordar al trabajo de Taylor Sheridan, cuyas historias toman muy en cuenta este elemento para dar forma a la idiosincrasia de sus personajes y definir los hechos que serán narrados. Wind River (2017), específicamente, parece ser el punto en común más evidente, debido a su gélida ambientación y a la presencia de personas de raíces indígenas. Sin embargo, mientras el trabajo de Sheridan presenta un contexto que se siente multidimensional, capaz de tener diferentes matices, no se nota lo mismo con el de Hold the Dark, que, si bien aspira a un resultado como ese, no termina de cuajar. Uno de los principales puntos débiles del guion es su falta de concreción, de intentar abarcar muchas cosas, pero no saber muy bien cómo desarrollarlas.

Un enorme tiroteo que ocurre en la mitad del metraje, por ejemplo, parece querer plantear algunas ideas acerca de la vida de los indígenas en el Estados Unidos de hoy y del rol de la policía en aquel país, pero no es claro qué quiere decir, si es que verdaderamente existía un ánimo de decir algo. Esto no ocurría con los largometrajes anteriores de Saulnier, que delimitaban bien sus pretensiones y objetivos, lo que les permitía sobresalir dentro del desafío que se autoimponían. Con esta nueva película existe una ambición distinta, no solo por los temas que quiere explorar sino también por sus decisiones narrativas, al optar por un tipo de relato más difuso, que deambula por diversos caminos, prefiriendo la flexibilidad por sobre la rigidez.

Algo que refleja este punto es la incorporación de una dimensión más espiritual o psicológica al relato, que no estaba tan presente en los anteriores trabajos del director. Aunque Saulnier sigue empleando una atmósfera de corte realista, donde vemos lo que ocurre desde una perspectiva externa, sin adentrarnos en el área onírica o el fuero interno de los personajes, si hay referencias a algunos elementos más etéreos de las personas, que van más allá de lo simplemente tangible. Su ambigüedad, sin embargo, cae a veces en el terreno de la imprecisión, lo que afecta a aspectos como las motivaciones de los personajes o la racionalidad de algunos actos. Esto no hace que la obra sea mala, pero si que tenga ciertos altibajos.

Incluso aquellas películas que apelan a la ambigüedad deben contar con una visión predefinida acerca de lo que quieren provocar, y en Hold the Dark hay momentos en los que eso no parece tan claro. Aunque hay una interesante exhibición de nihilismo, violencia, pesimismo y hasta unos destellos de esperanza, no todos sus elementos se relacionan entre si de la manera más efectiva.

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