A Star Is Born (2018)

A_Star_is_Born-posterSi la premisa de A Star Is Born (Nace una estrella) suena algo familiar, es porque se trata de una historia casi arquetípica del cine hollywoodense, la que tiene sus orígenes hace más de ochenta años. Esta película dirigida por Bradley Cooper es la cuarta versión de una idea que fue implementada inicialmente en una cinta homónima de 1937. Las posteriores películas fueron protagonizadas por Judy Garland y James Mason en 1954, y por Barbra Streisand y Kris Kristofferson en 1976, y si bien algunos elementos de la trama cambiaron con los años, como el entorno donde transcurre la historia, la base se mantiene constante, al mostrar el romance entre una joven estrella naciente y un experimentado artista que está pasando por un periodo de adversidad.

En esta nueva versión, la joven se llama Ally (Lady Gaga), y trabaja como mesera. Su sueño es convertirse en cantante, pero pese a su innegable talento no ha podido encontrar la oportunidad de saltar al estrellato. Esto cambia cuando conoce a Jackson Maine (Bradley Cooper), un músico de country rock que queda maravillado por sus habilidades como compositora e intérprete. Su amor por la música los lleva a crear una fuerte conexión personal desde el comienzo, y el deseo de Jackson por dar a conocer el talento de Ally permite que la joven reciba la atención que tanto anhelaba. Sin embargo, mientras ella empieza a consolidar su carrera, el alcoholismo y drogadicción del músico de country lo embarcan en una espiral descendente.

Aunque está ambientada en la actualidad, la historia transmite un claro aire clásico debido a la forma en que es desarrollada la trama. La manera en que los personajes se conocen, cómo se va desenvolviendo su relación, los conflictos que surgen entre ambos, todos esos elementos parecen seguir una fórmula con la que ya estamos acostumbrados. El guion prefiere lo convencional por sobre lo subversivo, evocando un tipo de cine más tradicional, uno que no se ve con tanta frecuencia en el día de hoy. No hay, por ejemplo, un giro que nos haga ver la historia desde una perspectiva nueva, como ocurría con el final de La La Land (2016), sino que un estricto compromiso por perseverar en un determinado tipo de relato.

Bradley Cooper debuta como director en este largometraje, y el estilo que utiliza apunta hacia la inmediatez, buscando crear un estrecho vínculo entre el espectador y los personajes. Recurriendo a cámara al hombro y una estética realista, los planos creados en A Star Is Born tratan de prescindir de elementos innecesarios, poniendo énfasis en las actuaciones y en el elemento humano de la cinta. Es habitual que cuando un actor asume el rol de director, uno de los aspectos que quiera acentuar en sus películas sea el trabajo de su elenco, ya que es el área que más conoce. La decisión funciona en una obra como esta, donde su núcleo es precisamente la relación entre los dos protagonistas, que termina siendo creíble gracias a la química que existe entre sus intérpretes.

Uno de los aspectos llamativos de la película fue la contratación de Lady Gaga como protagonista, siendo este su mayor papel cinematográfico a la fecha. Si bien ha sido indicado en algunas partes como su debut en la actuación, la verdad es que ella ya había tenido un rol importante en la serie de televisión American Horror Story: Hotel, por el que llegó incluso a ganar un Globo de Oro. Su carisma la entrega un gran magnetismo a Ally, y a pesar de que su carrera musical se ha caracterizado por lo extravagante, su interpretación es lo suficientemente contenida para ajustarse al estilo que el director quiere lograr. Cooper, por su parte, confirma la consolidación que ha logrado su carrera durante los últimos años, entregando el peso y experiencia que requiere un personaje como Jackson Maine.

Como estamos ante una obra que transcurre dentro de la industria de la música, las canciones son casi tan importantes como las actuaciones. Los protagonistas le otorgan una gran importancia a la composición como una manera de transmitir sus emociones, así que, en vez de interrumpir el desarrollo de la trama, los momentos musicales de A Star Is Born refuerzan esa tarea. Una de las canciones más promocionadas ha sido “Shallow”, un dueto cantado por Gaga y Cooper que aparece en varios de los trailers, la que tiene esa capacidad de convertirse en clásica desde la primera vez que uno la escucha. El resto de la banda sonora posee temas de gran calidad, destacando sobre todo “Maybe It’s Time”, que encapsula la melancolía de Maine, y “Always Remember Us This Way”, “Look What I Found” e “Is That Alright?”, interpretadas por Ally. “I’ll Never Love Again” es otra de las canciones esenciales de la película, la que suena en una potente secuencia final.

Las canciones bajan su calidad durante el segundo tercio de la película, cuando Ally se adentra en el mundo de la música pop de la mano de un mánager que comienza a controlar varios aspectos de su carrera. Este declive es intencional, ya que la cinta adopta una clara posición en contra de ese tipo de música, sosteniendo que privilegia el artificio por sobre la sustancia. Es extraño que siendo esta la visión del guion, el rol de la protagonista haya sido interpretado por Lady Gaga, una cantante que ha demostrado cómo incluso dentro del pop más comercial existe la posibilidad de decir cosas más trascendentes. Eso parece no interesar demasiado a la película, que prefiere utilizar generalizaciones para defender su postura, enfrentando el éxito comercial con la integridad artística.

A lo largo del metraje, el guion ocupa a Jackson Maine como portavoz de esta lucha, repitiendo de varias formas que lo importante en la música es ser fiel a uno mismo y componer canciones sinceras. Mientras su personaje es representado como alguien más ligado a la era análoga, tocando conciertos junto a una banda y coleccionando vinilos, la fase pop de Ally está acompañada de una estética sobrecargada, de sonidos electrónicos y hasta de coreografías y bailarines, elementos que son presentados como algo innecesario por la cinta. Las escenas que muestran estos momentos son las menos logradas de la película y hacen echar de menos el aire despreocupado de aquellas ambientadas en el mundo del country.

El purismo de Maine se acerca a veces a lo pedante cuando le reprocha a la joven la dirección que ha tomado su carrera. De hecho, la cinta le otorga a él un mayor protagonismo que a Ally, y la mayoría de los elementos de la trama terminan girando en torno al cantante de country. En más de una ocasión el crecimiento de la joven como artista es eclipsado por la imagen afligida de su pareja. La figura sufriente Maine adopta tintes de mártir, especialmente hacia el final, cuando uno de los hechos que ocurre es presentado no solo como una tragedia, sino casi como un sacrificio. A Star Is Born no dice muchas cosas nuevas, y algunas de las cosas que dice son formuladas de manera algo simplista, pero su fuerte médula emocional, materializada sobre todo a través de sus dos protagonistas, la convierten en un relato bien logrado.

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