Eighth Grade (2018)

Eighth_Grade-posterBo Burnham se hizo conocido a una corta edad, primero desarrollando una faceta como youtuber, haciendo canciones cómicas con las que alcanzó millones de visitas en su canal, y posteriormente como comediante de stand up, realizando especiales producidos por Comedy Central y Netflix. Este año inició una nueva etapa en su carrera con el estreno de la película Eigth Grade, el primer largometraje que escribe y dirige, una obra que, si bien podría haber recurrido a ese fuerte interés por resultar irónico o irreverente que demostraba en sus incursiones previas, es en realidad un cinta sorprendentemente sensible, madura y sutil.

El guion toma como base un tipo de relato bastante conocido dentro del cine: la historia de crecimiento o maduración (conocidas como coming of age stories en inglés). Es decir, aquellas cintas que narran el paso de la niñez a la adultez, transitando ese tumultuoso periodo intermedio que conecta a ambas épocas. Dentro de estas películas es habitual que sus protagonistas sean varones, así que estamos ante un caso que escapa de esa norma, decisión que se transforma en un desafío aun mayor debido al género del director. Pese a esas dificultades, Burnham logra crear un retrato creíble de su personaje principal, demostrando un interés por evitar las suposiciones y los prejuicios acerca de lo que no conoce del todo, optando en cambio por un enfoque más prudente.

Como estas películas giran en torno a la niñez, no es inusual que los directores y guionistas miren a su propio pasado al momento de contarlas, decidiendo ambientar los relatos en una época anterior a la actual. Sin embargo, el director de Eighth Grade no está interesado en ejercicios de carácter nostálgico, por lo que su historia transcurre en el presente. Este elemento no es un detalle trivial en la obra; la manera en que los personajes se desenvuelven en el mundo está influenciado también por cuestiones como los adelantos tecnológicos que existen, algo que según se explica en una escena de la propia película, puede llegar a crear diferencias importantes entre personas de distintas edades, aun cuando los años que las separan no sean tantos.

Kayla Day (Elsie Fisher) es una adolescente de 13 años que vive con su padre, Mark (Josh Hamilton), y está a punto de graduarse de octavo grado y entrar a la escuela secundaria. Debido a su personalidad introvertida, su pasar por la escuela ha transcurrido de manera casi inadvertida para el resto de sus compañeros, quienes parecen llevar vidas más interesantes según lo que ella puede ver a través de redes sociales. Durante su tiempo libre Kayla sube videos a Youtube donde pretende tener una actitud más segura de sí misma, aconsejando a jóvenes tímidos acerca de cómo enfrentar las dificultades sociales a las que se ven expuestos. Consejos que ella intenta seguir por su propia cuenta, pero sin mucho éxito.

Si hubiese estado ambientada un par de décadas atrás, el recurso narrativo de estos videos podría haber sido reemplazado por un diario de vida, pero la película aprovecha el carácter público de Youtube para presentar estas dos caras de la protagonista. Las redes sociales son herramientas que permiten mostrar una realidad altamente retocada, donde las personas pueden seleccionar aquello que quieren transmitir de sus vidas, lo que en el caso de Kayla es la versión de si misma que aspira alcanzar. Aunque sus videos no son vistos por casi nadie, hay en ellos un deseo por transformarse en la imagen “oficial” de la adolescente, aquella personalidad que no puede replicar en la escuela.

Kayla se encuentra en aquella edad donde los jóvenes comienzan a ser conscientes de sí mismos, como su apariencia física y la imagen que proyectan al resto de la sociedad. Por eso son importantes las redes sociales, ya que permiten que los adolescentes desarrollen esos anhelos. Eighth Grade reconoce la influencia que la tecnología tiene en las vidas de sus personajes, pero no transforma su historia en un simple vehículo que hable sobre estos temas, sino que los integra de una manera tan efectiva en el relato que no se convierte en una película sermoneadora ni militante. No hay un gran “tema” subyacente a la cinta, sino que su principal interés está en su lado humano, en las emociones que quiere transmitir.

Burnham elude varios clichés en lo que podría haber caído la historia, y en su lugar transita por un camino menos obvio, no tan efectista y más sincero. No ocurre, por ejemplo, que los videos de Kayla se vuelven famosos entre sus compañeros y la protagonista sufre las burlas de ellos. Tampoco la vemos envuelta en una desastrosa relación de pareja con el niño del cual está enamorada, ni es víctima de un constante hostigamiento de parte de la compañera más popular de la escuela. En vez de estar definida por grandes hitos, la obra se centra en los aspectos más simples de la vida de su personaje principal. El director ocupa a su favor el poder de los detalles para dar forma a una obra que se siente viva.

Relacionado con esto se encuentra el estilo visual utilizado por Burnham, quien recurre a una apariencia más ligada a lo naturalista, con una preferencia por la cámara al hombro y una iluminación sobria, logrando un resultado como de documental. El resultado que busca generar es cercano y verosímil, ubicando al espectador en una posición más íntima con los personajes. Este objetivo, sin embargo, no quiere decir que la película se conforme con una estética plana, ya que aún así es capaz de crear momentos donde demuestra gran inspiración artística, como la escena donde Kayla llega a un cumpleaños, en la que su nerviosismo y aislamiento son acentuados a través de un angustioso plano secuencia que la va siguiendo en cada paso que da.

La autenticidad a la que aspira la cinta también se ve reflejada en sus diálogos, que no esconden las muletillas y rodeos de los personajes. La obra no ve estos aspectos como imperfecciones, sino que como muestras de honestidad que no necesitan ser pulidas por el guion. Es difícil para un guionista capturar la esencia de cómo hablan los personajes que son más jóvenes, pero la capacidad de observación de Burnham le permite alcanzar ese objetivo. No se trata solo de conocer ciertas expresiones o términos, sino que apunta a algo más indeterminado, a ciertos matices que son difíciles de explicar, pero de los cuales depende que las líneas pronunciadas por los actores resulten naturales o artificiosas.

El director no es el único que puede manejar este tipo de detalles a la perfección, ya que Elsie Fisher, la otra gran revelación de la película, basa su interpretación en una serie de gestos que incluso actores más experimentados no podrían controlar del todo. Aunque Kayla es un personaje medio básico en términos de intelecto -algo natural si consideramos su corta edad-, es en la dimensión emocional donde demuestra una gran complejidad. Fisher tiene la difícil tarea de mostrar no solo la timidez de Kayla sino también su deseo por querer ser más sociable, algo que transmite a través de su mirada o la manera en que habla, entre otras cosas. Gran parte de esta información es entregada de forma indirecta, con su lenguaje corporal y con pequeñas inflexiones que le otorgan un toque real al personaje.

Debido al vínculo de Burnham con la comedia, Eighth Grade también posee una dimensión humorística, basada principalmente en las incómodas interacciones sociales de la protagonista. Si bien en esas escenas se apela a la risa del espectador, la cinta no llega al punto de burlarse de Kayla, sino que de lo absurdo de la situación. El director demuestra un profundo respeto por el personaje a lo largo del metraje, al que no trata de manera condescendiente ni lo ridiculiza. Sus dificultades son representadas con consideración por la película, recurriendo a una gran dosis de empatía. Esto también se extiende al personaje de su padre, el que pese a ser retratado como alguien torpe durante varias escenas, tiene un momento de gran peso emotivo hacia el final de la cinta, que recuerda al de Michael Stuhlbarg en Call Me by Your Name (2017).

Una de las cosas mágicas que puede lograr el cine es que veamos realidades distintas a las nuestras, que nos pongamos en los zapatos de otra persona, y que al hacer ese ejercicio nos demos cuenta de los aspectos que nos conectan con ese mundo que parecía tan diferente al de nosotros. Eighth Grade captura un determinado momento y lugar, la historia de una adolescente que está pasando por una particular época dentro de su vida, y lo hace de tal manera que no solo es capaz de transmitir aquellos elementos del relato que convierten en algo único, sino también esas cuestiones universales que nos permiten vernos reflejados en ella.

3 pensamientos en “Eighth Grade (2018)

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