First Man (2018)

First_Man-posterLa muerte se posa como una idea omnipresente sobre First Man (El primer hombre en la luna), la película de Damien Chazelle acerca de Neil Armstrong y su viaje en el Apolo 11. Su aparición ocurre temprano en el metraje, durante los primeros minutos de la cinta, cuando vemos el funeral de la hija pequeña de Armstrong (Ryan Gosling) producto de un tumor cerebral. Durante el resto de la película se manifiesta a través de los constantes peligros que generan los preparativos de este viaje espacial, algo que provoca la muerte accidental de varios compañeros del astronauta a lo largo de los años.

Si algo nos enseñó Gravity (2013) de Alfonso Cuarón, es que el espacio no es un lugar diseñado para la vida, mucho menos la vida humana. Llevar a una persona al espacio significa enfrentar una enorme cantidad de riesgos, debiendo cuidar hasta el más mínimo detalle, ya que cualquier desperfecto puede derivar en la muerte. Y eso es solo viéndolo desde el contexto actual. Para los primeros astronautas que se aventuraron en este desafío, los peligros eran aún mayores, ya que la tarea implicaba ir diseñando todo desde cero. Estos primeros viajes al espacio no se diferenciaban mucho de la noción de subir a un par de personas dentro de una cápsula metálica estrecha y sellada, encima de un enorme cohete, hacia un entorno altamente adverso, esperando lo mejor.

En su famoso discurso de 1962 donde anunciaba el viaje a la luna, el presidente de Estados Unidos, John F. Kennedy, hizo referencia precisamente a la dificultad de ese desafío como una de las razones para intentarlo. La exploración espacial fue descrita por él como una manifestación más de esa fuerza que lleva al ser humano a alcanzar lo inalcanzable, no siendo demasiado distinta de hazañas como los viajes transoceánicos o la escalada de enormes montañas. Debido a lo incierto del resultado y a los peligros a los que se ven expuestos, no cualquier persona decide convertirse en astronauta, y no todos los que postulan a ese puesto terminan siendo seleccionados. Su voluntad de exponerse a grandes riesgos es digna de estudio.

Neil Armstrong demuestra esa propensión, esa inquebrantable determinación por continuar pese a las altas probabilidades de que algo salga mal. La energía que mueve a los individuos a intentar cosas extraordinarias ya había sido explorada por Chazelle en mayor o menor medida en sus dos largometrajes anteriores, Whiplash (2014) y La La Land (2016), pero ahora en First Man hay un concepto más profundo que ocupa la mente del protagonista. El dolor que siente por la muerte de su hija llega a sobrepasar el heroísmo o grandeza que pueden existir en sus acciones, transformando la misión del personaje en una especie de tarea que debe realizar para estar en paz consigo mismo y lograr una sensación de cierre, algo que le torga al relato una potente atmósfera melancólica.

Aunque el viaje a la luna fue un enorme hito para el ser humano, convirtiéndose en uno de los hechos más famosos del siglo XX, el guion escrito por Josh Singer -que adaptó el libro de James R. Hansen- opta por un enfoque mucho más personal. Armstrong no es retratado en la cinta como un superhombre o un ídolo, sino que como alguien dolorosamente humano. Este relato es acerca del hombre que participó de esa hazaña, más que de la hazaña misma, así que son sus motivaciones y sentimientos los que ocupan el centro de la película. La perspectiva utilizada por la obra, que consiste en mostrar el lado más íntimo de un acontecimiento de grandes implicancias públicas, hace recordar a lo que Pablo Larraín hizo en Jackie (2016).

La película hace referencia en un par de ocasiones a la importancia que tiene la misión desde un punto de vista filosófico, permitiendo que la humanidad pueda apreciar su propio mundo desde una nueva perspectiva. También muestra unas breves críticas que recibió el viaje en aquel entonces, centradas principalmente en la utilización de recursos que podrían haber sido ocupados para solucionar algunos problemas terrestres en vez de viajar a otros mundos. Estas escenas, sin embargo, no demuestran una postura demasiado definida por parte de la cinta, y consisten más que nada en una forma de darle contexto a la historia.

Chazelle no está interesado en mostrar una recreación “oficial” de lo ocurrido con el Apolo 11, mostrando todos los momentos claves del viaje. Contar una historia implica adoptar un determinado punto de vista, un enfoque que necesariamente tendrá que ser selectivo, dejando algunas cosas de lado. Quienes pretenden que las películas basadas en hechos históricos se asemejen a un texto escolar no conciben que una cinta prefiera centrarse en los aspectos más privados de estos sucesos. Algo tan sencillo como no incluir una escena donde los astronautas plantan la bandera de Estados Unidos en la luna, fue criticado por el propio presidente de ese país, Donald Trump, por una supuesta falta de patriotismo.

First Man no necesita complacer exigencias superficiales como esa, y su valor como obra artística obedece precisamente a ese tipo de decisiones. En vez de ocupar un tono grandilocuente, la película recurre a la introspección de su protagonista, quien al estar abstraído en sus pensamientos llega a tener un aire casi inescrutable. Ryan Gosling se ha caracterizado por interpretar personajes reservados, que esconden sus emociones, y esa imagen enigmática funciona al momento de caracterizar a Armstrong. No se trata de una actuación monótona ni inexpresiva, como podrían señalar algunas personas, sino que más sutil de lo normal, que opta por sugerir algo en vez de decirlo en voz alta.

Además de la dimensión emotiva de la historia, representada por la conexión entre el personaje principal y el recuerdo de su hija, la cinta también aborda las cuestiones más técnicas del Apolo 11. El viaje a la luna no solo implicaba contar con la tecnología que llevara a los astronautas a un determinado lugar, sino también poder aterrizar en el destino y posteriormente ser capaces de volver a la Tierra. Una parte importante de la película consiste los esfuerzos por perfeccionar dichos elementos, a través de un proceso largo, que tomó varios años, y el trabajo de un gran número de personas. Es por este aspecto también que la formación de Armstrong como ingeniero aeronáutico es subrayada por el guion.

Para transmitir el peligro de los viajes que realizan los astronautas, el director cuenta con la ayuda de varias personas: Tom Cross, que había ganado un Óscar gracias al montaje de Whiplash, vuelve a demostrar su talento combinando diferentes planos a través de una sucesión rápida y efectiva de estos; el director de fotografía Linus Sandgren utiliza las diversas texturas que aparecen en la pantalla para crear imágenes que parecen tangibles, reales; y el diseño de producción de Nathan Crowley, que resalta los elementos analógicos de las máquinas y naves, da cuenta de una tecnología que aún estaba en sus primeros pasos. La combinación de estos y otros aspectos crea un resultado visceral, en los que cada despegue está cargado de tensión por lo que puede ocurrir.

El punto culminante de la cinta, la llegada de Armstrong a la luna, es presentado con la magnitud que se merece dicho acontecimiento. Justin Hurwitz, antiguo colaborador de Chazelle desde su tiempo en la universidad, compuso una banda sonora distinta a las que había hecho en sus anteriores largometrajes, la que potencia la fascinante atmósfera creada por la obra. Las melodías resultan tan evocadoras como envolventes, potenciando la experiencia sensorial que significa ver la cinta, sobre todo la secuencia donde el Apolo 11 llega a su destino. El instante más memorable, sin embargo, prescinde de la música y de cualquier otro tipo de sonido, utilizando en cambio un ensordecedor silencio que combinado con las imágenes de la superficie lunar se acerca a ese enigmático efecto que Stanley Kubrick logró en 2001: A Space Odyssey (1968).

Cuando se anunció que Damien Chazelle haría una película sobre el viaje de Armstrong a la luna, casi se podía asegurar que los elementos técnicos de la obra serían impecables, tal como lo había demostrado con sus trabajos anteriores. First Man es efectivamente un gran logro desde ese punto de vista, pero además lo combina con una enorme dimensión humana, que no teme transitar por terrenos complejos. El viaje personal que emprende el protagonista se convierte en el núcleo del relato, y su desarrollo no pretende simplificar las emociones que siente el personaje, sino que mostrarlas de una manera honesta, incluidas las dificultades asociadas a ellas.

2 pensamientos en “First Man (2018)

  1. Pingback: Las mejores películas de 2018 – sin sentido

  2. Pingback: Ad Astra (2019) – sin sentido

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s