The Ballad of Buster Scruggs (2018)

The_Ballad_of_Buster_Scruggs-posterEn el cine de los hermanos Coen, el destino de sus personajes está sujeto al caprichoso vaivén de una fuerza invisible, que en algunas de sus películas se asemeja a la inexorable voluntad de un ente superior, y en otras a la caótica energía del azar. Las consecuencias de este juego muchas veces son brutales en sus obras, así que no es inusual que la muerte alcance a los personajes de forma repentina o fugaz. Debido a esto, su forma de contar historias se acomoda muy bien a un género como el western, donde el peligro asecha de manera constante a las personas, quienes están insertas en un entorno violento y salvaje, donde cualquier cosa puede ocurrir.

Con The Ballad of Buster Scruggs estos directores pudieron hacer todo aquello que Seth MacFarlane se propuso y no logró en A Million Ways to Die in the West (2014). La película utiliza el contexto del lejano oeste para acentuar las situaciones absurdas que son posibles dentro de él, recurriendo al humor negro para abordar lo frágil que es la vida en un ambiente como ese. La obra está estructurada como una antología, compuesta de seis segmentos o cortometrajes, cada uno de los cuales explora diferentes tipos de historias dentro del western, desde duelos de pistolas hasta viajes en diligencias. Todo esto es presentado como si se tratase de un antiguo libro, que va pasando de capítulo en capítulo a medida que avanza el metraje.

La primera de las historias, que le da el título a esta película, gira en torno a un pistolero (Tim Blake Nelson) que recorre el oeste con una guitarra a bordo de su caballo. El tono utilizado durante este segmento se ubica en el terreno de la caricatura, debido a sus situaciones estrafalarias y a la particular forma en que funcionan las reglas de la lógica y la física dentro del mundo donde transcurre. Con una actitud confiada y una capacidad para hablar directamente a la audiencia, mirando a la cámara, el pistolero tiene algo de Bugs Bunny, aunque las cosas que ocurren llegan a tener unas consecuencias bastante reales y grotescas, a diferencia de los cortometrajes de Looney Tunes donde los personajes son indestructibles.

Se trata de un punto de partida bastante llamativo, que es incluso más delirante que otros trabajos caricaturescos de los Coen como Burn After Reading (2008). En sus más de treinta años de carrera, estos directores han cultvado diversos estilos y tonos, con historias que tienden a lo exagerado y otras que prefieren una atmósfera más aterrizada. The Ballad of Buster Scruggs funciona como un muestrario de estos diferentes enfoques, y si bien la mayoría de las historias fueron escritas por los Coen de forma independiente, sin pensar que formaría parte de una antología, se produce una transición más o menos fluida entre los planteamientos de cada segmento.

El segundo cortometraje, “Near Algodones”, enfatiza la ironía que debe enfrentar su protagonista, un ladrón de bancos (James Franco) que sale de una situación adversa para entrar en otra. El tono cómico de los dos primeros segmentos es reemplazado por un aire más trágico en “Meal Ticket”, acerca de un espectáculo itinerante administrado por un hombre (Liam Neeson) que viaja promocionando el talento de un joven artista (Harry Melling) sin piernas ni brazos, quien se dedica a recitar pasajes de diverso origen. La cuarta historia, titulada “All Gold Canyon”, está ambientada en un paisaje idílico donde un incansable buscador de oro (Tom Waits) sondea de forma meticulosa la ribera de un río esperando encontrar una valiosa veta.

“The Gal Who Got Rattled”, el penúltimo segmento de la película, es el que resulta más sustancial de todos, debido a la forma en que son retratados sus personajes, el pasado que se sugiere de ellos, las motivaciones que tienen, y sus planes a futuro. Narra el viaje de una tímida joven (Zoe Kazan) hacia Oregon, quien debe lidiar con la repentina muerte de su hermano y el incierto porvenir que le espera. Esta colección de historias es concluida con “The Mortal Remains”, un cortometraje sencillo en su ambientación -ya que transcurre dentro de una diligencia- pero rica en diálogos y caracterizaciones, mostrando a un variado grupo de personajes (Tyne Daly, Brendan Gleeson, Jonjo O’Neill, Saul Rubinek y Chelcie Ross) hablar sobre la vida, la muerte y lo que hay entremedio.

En esa última historia se exploran de forma más directa algunos de los temas que atraviesan a la película, así que funciona como un buen cierre para la obra. El tono con el que termina la película es sombrío, destacando la sensación de incertidumbre que rodea a la muerte, algo que le otorga un mayor peso al conjunto de relatos que acabamos de ver. Los Coen tenían la tarea de contar estas historias insertas en el mundo del western, conservando la identidad del género, pero variando lo suficiente las fórmulas utilizadas para crear segmentos que se diferencien entre si y no resulten monótonos. Es un equilibrio complejo, que los directores logran alcanzar, aunque no sin algunos problemas.

Uno de los riesgos que corre toda antología es que sus relatos tengan diferentes niveles de calidad, lo que de como resultado una obra irregular. Si bien esta situación también se da en The Ballad of Buster Scruggs, todas las historias se mantienen en una categoría destacada, así que aun las más débiles no llegan a desentonar tanto. Donde si se nota un poco más lo difícil que es hacer este tipo de colecciones es en el ritmo y duración de ciertos segmentos, los que a veces son más largos de lo que deberían y en otros casos no alcanzan a durar demasiado. Se trata de dificultades propias de estas obras, y hasta directores del talento de los Coen pueden llegar a complicarse por ellas, ya que no es lo mismo trabajar en el montaje de un largometraje que cuenta una sola historia y hacerlo respecto de un grupo de cortometrajes, algo que exige tanto una cohesión interna respecto de cada segmento como una más general sobre toda la obra.

Algo que ha sido destacado por los propios directores en varias entrevistas es la participación de Netflix en la creación y distribución de la película. Habría sido muy difícil que la cinta fuese producida por un estudio más tradicional, ya que no es un proyecto demasiado comerciable en el actual contexto cinematográfico, así que modelos de distribución como el streaming permiten que estas obras salgan a la luz. No todas las películas estrenadas en Netflix valen la pena, ya que muchas de ellas son totalmente prescindibles, pero de vez en cuando aparecen títulos como este que ponen de manifiesto el valor que esas plataformas tienen como complemento de la antigua forma de hacer cine.

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