Aquaman (2018)

Aquaman-posterCon el estreno de Wonder Woman (2017), el proyecto cinematográfico del estudio Warner Bros y la editorial DC Comics pareció corregir el rumbo, luego de las irregulares respuestas que recibieron sus anteriores películas. El enfoque se alejaba del tono más oscuro utilizado en títulos como Batman v Superman: Dawn of Justice (2016), prefiriendo una perspectiva quizás menos arriesgada, pero mejor conseguida. De esta manera, la llegada de Aquaman -basada en el famoso superhéroe capaz de respirar bajo el agua y comunicarse con los peces- se transforma en una oportunidad para ver si el cambio que experimentó el Universo Extendido de DC fue algo solo momentáneo o si estamos ante una nueva forma de pensar sus obras.

Es necesario partir diciendo que una película centrada en este personaje no tiene la misma significación que tuvo Wonder Woman, que representaba a un miembro de la denominada “trinidad” de DC, a y la superheroína por antonomasia de los cómics. Aquaman, si bien es conocido dentro de la cultura popular y ha tenido una larga trayectoria, ha estado ligado más bien a una imagen algo paródica, basada en su caracterización más clásica, aquella que se masificó gracias a la serie animada Super Friends. El superhéroe fue rediseñado en los cómics durante la década de los 90, en un intento por otorgarle una mayor respetabilidad, con una barba y cabello largo, además de un arpón en lugar de su mano amputada.

Jason Momoa interpreta a la versión cinematográfica de Aquaman, que ha sido diseñada para acercarse en espíritu a esa versión noventera, dejando de lado la apariencia más inocente de los primeros años y adoptando un look intimidante. Pero como ocurre con varios personajes de cómics de aquella década, no basta solo con un diseño llamativo para crear un superhéroe memorable, y después de una fugaz aparición en Batman v Superman y un acotado rol en Justice League (2017), llegaba el momento de ver esta encarnación del personaje en su propio largometraje. La estrategia utilizada por la película consiste en combinar las dos ideas de Aquaman: su imagen de héroe rudo, por un lado, y los elementos estrafalarios que caracterizan a su mundo, por el otro.

El protagonista nace producto de la relación entre Thomas (Temuera Morrison), el cuidador de un faro, y Atlanna (Nicole Kidman), la reina de la mítica ciudad sumergida de Atlántida. Bautizado como Arthur por sus padres, el personaje se encuentra en el límite entre esos dos mundos, viviendo entre los humanos pero ocupando sus poderes de manera esporádica, y con el constante peso de ser el heredero al trono de un reino donde nunca ha estado. Su vínculo con el mundo subacuático es aun más complejo debido a que años atrás su madre fue capturada y devuelta a la Atlántida luego de que se conociera su transgresión, no pudiendo verla desde entonces. Aquaman tendrá que asumir su rol como atlante debido a las ambiciones de poder de su medio hermano, Orm (Patrick Wilson), quien planea iniciar una guerra contra la humanidad, y para detenerlo contará con la ayuda de la princesa Mera (Amber Heard), y de Vulko (Willem Dafoe), su mentor.

La trama presenta algunos elementos en común con Thor (2011) y Black Panther (2018), de la competencia directa de DC y Warner, Marvel Studios, siendo una especie de combinación de ambas obras. Como en esas cintas, la historia gira en torno a disputas por el trono, conflictos entre medio hermanos, naciones de avanzada tecnología que están aisladas del resto del planeta, y el dilema que enfrentan sus protagonistas de definir su propio lugar en el mundo. Hay incluso un momento en el que coincide por casualidad con un aspecto bastante particular de Ant-Man and the Wasp (2018). El relato avanza de manera firme, cumpliendo con aquellos momentos a los que el cine de superhéroes nos ha acostumbrado a lo largo de los años. Los caminos que el guion escoge son los más esperables, sin arriesgarse demasiado y prefiriendo jugar a la segura.

Es algo que ocurre también respeto de los enemigos que debe enfrentar el protagonista, cuyas motivaciones y planes no se esfuerzan demasiado para sorprender al espectador. Además de su medio hermano Orm, Aquaman tiene que lidiar con David Kane/Black Manta (Yahya Abdul-Mateen II), un pirata que lo culpa de la muerte de su padre. Si bien estamos ante el enemigo más tradicional del superhéroe en los cómics, y aunque el guion le trata de entregar un cierto peso a sus acciones a través del recuerdo de su padre, su rol dentro de la película es funcional a lo más. Está ahí porque la cinta necesita un villano.

El rol de Momoa es limitado a lo estrictamente necesario, privilegiando más su capacidad como héroe de acción que el carisma natural que refleja en sus entrevistas, lo que parece una oportunidad desaprovechada. Quizás en el futuro le permitan desarrollar ese tipo de papel que Chris Hemsworth ha cultivado con Thor, mezclando humor y músculos de una manera efectiva. De momento, tiene que conformarse con unas one liners bastante forzadas. Amber Heard no se caracteriza por una capacidad actoral demasiado sobresaliente, así que su papel también es acotado, pero de vez en cuando, al interactuar con Momoa, se logran algunas de las escenas más entretenidas de la película. Se trata de momentos donde ambos personajes tienen que embarcarse en una especie de búsqueda del tesoro, teniendo unas cuantas pausas que les permiten un trato más distendido, como ocurría con Gal Gadot y Chris Pine en Wonder Woman.

Además de esto, el gran atractivo de la película es su diseño de producción, que tenía la compleja tarea de dar forma al mundo donde transcurre la historia. El diseño de las ciudades submarinas, la vestimenta de los personajes, las criaturas que aparecen, todo eso nos da una idea de cómo funcionan estas civilizaciones, otorgándole también una gran escala al relato. Es durante estas secuencias que la cinta asume su lado más extravagante, con buenas muestras de creatividad. No es solo una cuestión de presupuesto, sino que de dedicación, y el resultado creado es un verdadero espectáculo. Son pocas las películas capaces de mostrar un mundo que parece creíble dentro de su contexto fantástico, y Aquaman es una de ellas.

Para lograr ese resultado los efectos especiales juegan un rol especial, ayudando a materializar desde los elementos más descomunales, como una enorme criatura que el protagonista debe enfrentar en una escena, hasta detalles como el movimiento de la ropa y el cabello cuando los personajes están bajo el agua. Paradójicamente, son las escenas ambientadas en la superficie las que terminan siendo las menos logradas, sobre todo aquellas que involucran la superposición de los actores sobre algún fondo determinado a través de una pantalla verde. En esas ocasiones, se nota claramente que los actores no estuvieron en ese lugar cuando las escenas fueron filmadas, haciendo que las secuencias ambientadas en el mundo submarino sean más aceptables para nuestro cerebro.

La dirección estuvo a cargo de James Wan, quien ha desarrollado su carrera casi exclusivamente en el género del terror. Parece un cambio algo brusco en términos de estilo y tono, pero el director ya había probado el desafío de los blockbusters con Furious 7 (2015), donde ya demostró su manejo con las secuencias de acción. En esta obra, Wan cuenta con el espacio para crear algunos momentos más vistosos en términos de estilo, como la pelea que ocurre al comienzo del metraje, donde el personaje de Nicole Kidman se enfrenta a varios enemigos en una coreografía que es mostrada como un complejo plano secuencia. Hay incluso algunos guiños al cine de terror que el director desarrolló durante gran parte de su carrera, no solo en el breve cameo de la muñeca Annabelle, sino también en las escenas donde Aquaman y Mera deben huir de unas tétricas criaturas marinas.

Habría sido difícil que una película sobre Aquaman hubiese sido estrenada años atrás, debido a los retos técnicos que implicaba el mundo donde transcurre. Los avances tecnológicos han permitido que recién ahora podamos ver este entorno subacuático con tanto esplendor, algo que aprovecha la película a lo largo de sus secuencias. La construcción de ese universo puede llegar a emparentar a esta obra con grandes sagas como Star Wars o The Lord of the Rings, debido a su atención por los detalles. Sin embargo, esta espera desde un punto de vista técnico no implicaba que la historia y personajes no pudiesen ser mejor pulidos, ya que mientras los efectos demuestran el potencial que esa área ha logrado durante los últimos años, el guion sigue funcionando con las mismas reglas que hemos visto desde hace un par de décadas por lo menos.

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