Zimna wojna (2018)

zimna_wojna-posterTras desarrollar la primera parte de su carrera cinematográfica en el Reino Unido, donde llegó a vivir junto a su madre siendo solo un adolescente, el director Pawel Pawlikowski adquirió mayor renombre mundial cuando regresó a sus raíces, a Polonia, su país natal. La cinta Ida (2013), con la que ganó un premio Óscar en la categoría de mejor película extranjera, estaba ambientada en aquel país, durante los años 60, y unía la historia de su protagonista con el contexto sociopolítico de aquella nación. Con su nuevo largometraje, Zimna wojna (Cold War), vuelve a explorar la situación que Polonia vivió en la postguerra, con un relato incluso más personal que el anterior debido a la conexión que tiene con su propia familia.

Pawlikowski se basa en la complicada relación que tuvieron sus padres para dar forma al errático romance de la pareja protagonista, llegando a ocupar sus propios nombres para bautizar a esos personajes. Aunque cambió varios de los elementos al momento de llevarlos al guion, como el ambiente musical en el que transcurre la historia, que fue creado para la película, fue ese ir y venir de los protagonistas, a través de varios años y países, lo que el director utilizó como principal fuente de inspiración para su película. El título de la obra hace referencia a la extensa disputa ideológica que existió durante la segunda mitad del siglo XX, y si bien hay aspectos de la trama relacionados con el carácter político de esa época, su principal foco son las emociones de los protagonistas.

Wiktor (Tomasz Kot) es un musicólogo y pianista que viaja por las zonas rurales de Polonia registrando diferentes canciones folklóricas. Se trata del primer paso de un proyecto promovido por el gobierno, que busca destacar la música tradicional de aquel país a través de presentaciones artísticas a cargo de cantantes y bailarines, que permitan exaltar la identidad cultural de su pueblo. Entre las personas que el hombre selecciona para formar parte de esta agrupación folklórica se encuentra Zula (Joanna Kulig), una joven de fuerte carácter que tiene un complejo pasado. Ambos personajes se sienten fuertemente atraídos, pero su pasión da paso también a los conflictos, creando una dinámica que los lleva a separarse y a coincidir en diferentes lugares de Europa, dentro y fuera de la Cortina de Hierro.

La dualidad que presenta un enfrentamiento como la Guerra Fría podría haber dado lugar a una típica historia de amor donde sus personajes deben luchar contra una barrera ideológica, socioeconómica, o de algún otro tipo, pero el guion prefiere un enfoque más matizado, no tan simplista. Con la misma fuerza que son atraídos entre sí, Wiktor y Zula se ven distanciados de forma constante, debido a una combinación de elementos internos -como el carácter o personalidad de cada uno- y externos. Su relación no se desenvuelve como una línea recta, sino que va zigzagueando, con muchos altibajos. Y así como sus momentos juntos se convierten eventualmente en algo difícil de soportar para ellos mismos, cuando están separados existe una poderosa ansia por reencontrarse.

Aunque la trama avanza de forma cronológica, la cinta emplea un interesante recurso narrativo que acentúa el paso del tiempo. De vez en cuando ocurren unas elipsis, es decir, unos saltos temporales que nos transportan algunos meses o años en el futuro, a través de fundidos a negro que dan paso a una nueva época y situación de los protagonistas. La película se extiende a lo largo de quince años, y este transcurso temporal se nota a medida que avanza el metraje, gracias a una combinación tanto del maquillaje y peinados como de la actuación de Kot y Kulig. Ya en las últimas escenas de la obra se siente el peso de los años que ha ido transformando a los personajes, y le entrega a su viaje personal una mayor trascendencia.

Al igual que en Ida, la fotografía está nuevamente a cargo de Lukasz Zal, quien vuelve a ocupar la imagen en blanco y negro y una relación de aspecto de 4:3, lo que acerca la estética de la cinta a aquellas películas de mediados del siglo pasado. Cada plano está pensado de manera meticulosa, escogiendo con cuidado la ubicación de la cámara y la forma en que los elementos dentro de la toma aparecen en la pantalla. Otra de las técnicas que volvemos a ver es la decisión de ubicar a los personajes en la parte inferior del plano, dejando una buena parte del cuadro vacío, algo que en Ida permitía representar la relación entre lo espiritual y lo terrenal, y que acá da cuenta de la soledad de los protagonistas. La pulcritud que busca Zal no tiene un fin simplemente técnico, ya que a través de este estilo crea un resultado evocador, que contribuye a la atmósfera melancólica del relato.

La música también se convierte en una herramienta importante para lograr ese objetivo, sobre todo con la utilización de una canción en específico que opera como leitmotiv durante el metraje. La melodía es interpretada de varias maneras durante la película, reflejando el estado en el que se encuentra la historia, partiendo primero como una humilde canción que suena a capela, luego como uno de los temas que forma parte del repertorio del grupo folklórico, y posteriormente incorporando elementos del jazz cuando los protagonistas llevan una vida bohemia en París. Las secuencias musicales le entregan dinamismo a la cinta, que avanza de forma fluida, sin momentos prescindibles.

Joanna Kulig, que había tenido unos papeles pequeños en dos largometrajes anteriores de Pawlikowski, ocupa su gran talento como cantante en las escenas musicales de Zimna wojna, pero es también capaz de entregar una actuación de calidad en el resto de las secuencias. Su personaje es un torbellino de emociones, una mujer impulsiva y directa que llena cada escena en la que participa. Sus interacciones con Tomasz Kot son el corazón de la obra, que sin estas interpretaciones podría haber sido una gran muestra de estilo, pero nada más. El director no pierde de vista la importancia de los sentimientos en este tipo de historia, los que son representados de forma sincera, con sus complicaciones y contradicciones.

2 pensamientos en “Zimna wojna (2018)

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