Minding the Gap (2018)

minding_the_gap-posterEl primer acercamiento de Bing Liu con el cine fue en su adolescencia, a través del skate. Armado con una cámara, empezó a registrar los trucos que él y sus amigos hacían, aprendiendo a ocupar las herramientas que estaban a su alcance a medida que filmaba. Este ambiente, donde el ensayo y el error constituyen el principal método de estudio, y la perseverancia es una enorme virtud, se convirtió en una importante escuela para él. Por eso, cuando decidió dirigir su primer largometraje, el documental Minding the Gap, el punto de partida fue precisamente el skate.

Las secuencias iniciales de la cinta tienen una calidad sobresaliente, diferenciándose incluso del estilo ocupado por la mayoría de los videos de skate más tradicionales. Liu, que además desempeñó parte de las labores de montaje y fotografía de la película, logra una gran fluidez en estos primeros minutos, así como unas imágenes de indudable belleza. Es durante estas escenas que conocemos a los protagonistas del documental, los amigos Zack Mulligan y Keire Johnson, que están entrando a la adultez cada uno a su manera. Mientras Keire consiguió su primer trabajo y tiene como plan a futuro mudarse de Rockford, Illinois, la ciudad donde vive, Zack se acaba de convertir en padre junto a su novia Nina y adquiere de forma repentina una gran cantidad de responsabilidades nuevas.

Minding the Gap podría haberse centrado solo en esta idea, en las dificultades que sus protagonistas enfrentan al momento de convertirse en adultos, complementado ese enfoque con aquellas razones que los llevan a practicar el skate, como el sentimiento de camaradería que genera. Sin embargo, el documental va revelando su verdadero interés a medida que avanza, el que consiste en las situaciones abusivas que debieron resistir estos jóvenes dentro de sus hogares, específicamente los maltratos físicos y psicológicos que sufrieron a mano de sus padres o padrastros. No se trata, por lo tanto, de una cinta que opta por una visión genérica de las situaciones que registra, donde cualquier hecho vale la pena de ser mostrado, sino que una obra que tiene una meta muy precisa y que escoge con detención sus componentes.

Debido al tema que explora la cinta, Liu decide además mostrar su propia historia, ya que al igual que Zack y Keire, él también sufrió violencia dentro de su familia. Es una vez que se revela el verdadero núcleo del documental que su director pasa a ocupar un rol más protagónico. Hasta ese momento sus participaciones estaban limitadas a filmar lo que ocurría con los otros dos jóvenes, haciéndoles cada cierto tiempo algunas preguntas, pero a medida que el documental avanza vamos conociendo su historia personal. Esta participación resulta efectiva, ya que vemos a Liu asumiendo un compromiso íntimamente personal con su obra, lo que demuestra vulnerabilidad y honestidad de su parte.

Una de las cosas que el director hace para confrontar lo que ocurrió en su pasado es entrevistar a su madre, quien también debió aguantar el trato abusivo del padrastro de Liu. La escena está conformada por una potente mezcla de emociones, desde el deseo de entender las razones que tuvo su madre para mantener un matrimonio violento durante tanto tiempo, hasta la frustración que siente por no haber tenido una mayor presencia de ella en el hogar debido a las exigencias de su trabajo, todo lo cual transforma esta interacción entre ambos en algo genuino. Aunque la madre de Liu apoya el deseo de su hijo por explorar estas ideas como una manera de sanar las heridas psicológicas que experimentó, no esconde tampoco una cierta aprehensión a escarbar los hechos más dolorosos del pasado.

Recordar el pasado no es un ejercicio inútil, dado que permite evaluar las cosas desde una perspectiva distinta, como Keire aclarando en una entrevista que la “disciplina” que recibía de parte de su padre ahora puede ser considerada abuso infantil, y también sirve para poder entender aquello que ocurre en el presente. En el documental descubrimos que Zack no solo tiene problemas acomodándose a sus nuevas responsabilidades de adulto, sino que la relación que tiene con su novia ha derivado en una de carácter violento. El director de Minding the Gap intenta comprender esta situación a través del ambiente violento que existía en el hogar de dicho personaje, circunstancia que podría dar lugar a un ciclo de abuso impulsado tanto por factores psicológicos como socioculturales.

De vez en cuando aparecen algunas imágenes de la ciudad y audios extraídos de las noticias, que dan cuenta de ciertas estadísticas como el número de crímenes violentos que se cometen en Rockford o los salarios promedio que ganan sus habitantes. Tales elementos sirven para conectar la dimensión más íntima del relato, centrada en estos tres personajes, con el contexto en el que se han desenvuelto sus vidas. Es una forma de entender la violencia a la que alude la cinta desde un punto de vista más general, el que incluye además una dimensión ligada al género, sobre todo a esa masculinidad tóxica que se encuentra tan inserta en nuestra sociedad.

La conexión personal que Liu tiene con la película lo lleva también a enfrentar algunos dilemas éticos como director. Cuando la novia de Zack le revela que ha sido víctima de maltratos, le pide a Liu que no le diga a su pareja que ella se lo contó. Como documentalista, su inclinación va dirigida a explorar este hecho nuevo y relevante, pero al mismo tiempo tiene un deber de lealtad con Nina y no puede traicionar su confianza. Este dilema también habría afectado a un director que no tuviese un vínculo tan personal con la historia narrada, pero debido a la experiencia que Liu tiene con situaciones de violencia intrafamiliar, se trata de un aspecto que adquiere una mayor fuerza.

Gracias a la manera cercana con la que representa los hechos narrados, Minding the Gap alcanza un gran nivel de intimidad, logrando esa tan ansiada autenticidad a la que aspiran algunos documentales. Pese a lo que se desprende de la propia obra, el director no es amigo de la infancia de Zack ni Keire. Aunque Liu conoció a Zack cuando eran adolescentes, el vínculo que existía entre ambos era más casual, fortaleciéndose solo cuando decidió incluirlo en el largometraje, y en el caso de Keire dicha conexión tuvo como origen precisamente esta cinta. El mérito de crear esta ilusión es, por lo tanto, del director, de su forma de contar la historia, y del montaje que desarrolló junto con Joshua Altman, que combina escenas actuales con imágenes de archivo de los protagonistas.

Debido a su capacidad para crear un relato que se siente íntimo y al mismo tiempo épico (desde una escala humana), la cinta hace recordar a Hoop Dreams (1994) de Steve James, quien además participó como productor ejecutivo en esta película. Vemos esa conexión en los años que abarcan ambas cintas, lo que les permite utilizar el paso del tiempo como una importante herramienta narrativa, y en la forma en que combinan la dimensión personal de sus historias con el entorno social y cultural en el que se desenvuelven. La obra de Liu no llega a los niveles de grandeza de esa otra cinta, sufriendo con algunos defectos propios de un largometraje debut -como insistir demasiado en la idea que se quiere transmitir o recalcar ciertas cosas que no necesitaban ser tan subrayadas-, pero ya el hecho de que haga recordar a una película de ese calibre demuestra sus méritos.

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