How to Train Your Dragon: The Hidden World (2019)

How_to_Train_Your_Dragon_3-posterEl estreno de How to Train Your Dragon 2 (2014) logró desmarcarse de la simple idea de ganar dinero con la secuela de una película animada. Si bien obtener utilidades económicas es algo necesario en una industria como el cine, sobre todo para proyectos que tienen presupuestos tan elevados, la cinta lograba justificar su existencia a través de una historia que expandía el mundo y los personajes presentados en su predecesora. La obra incluso transmitía la noción de que estábamos ante una historia más grande, de la cual esa película solo constituía el segundo acto. Eso ocurrió dado que la producción de aquella cinta tenía la mirada ya puesta en una tercera entrega, existiendo así una visión general respecto del relato que contaban.

Una de las razones por la que funciona ese plan a largo plazo, que se extiende por cerca de una década, y la identidad que comparten las tres películas, es la presencia de Dean DeBlois, quien ha trabajado como guionista y director en todas ellas. El paso del tiempo no solo se ve reflejado en la producción misma de las cintas, sino también en sus respectivas historias, permitiendo que los personajes se vean enfrentados a diferentes tipos de desafíos. En esta nueva entrega, How to Train Your Dragon: The Hidden World (Cómo entregar a tu dragón 3), se nota una sensación de cierre, de conclusión, con dilemas que apuntan a consecuencias más definitivas para los involucrados, los cuales están relacionados con la idea de maduración.

La historia de esta película transcurre un año después de los hechos narrados en la segunda cinta. Tras la muerte de su padre, Hipo (Jay Baruchel) asume el rol de líder de su aldea, y se dedica a rescatar dragones que han sido capturados con la ayuda de su novia Astrid (America Ferrera), su madre Valka (Cate Blanchett), y sus amigos Patán (Jonah Hill), Brutacio (Justin Rupple), Brutilda (Kristen Wiig) y Patapez (Christopher Mintz-Plasse). Los dragones rescatados son llevados a la aldea, donde conviven junto a los humanos, pero no es sencillo mantener la armonía en aquel sitio. El gran número de dragones y el peligro de ser atacados por invasores llevan al protagonista a embarcarse junto a su pueblo en un viaje rumbo al Mundo Escondido, un lugar mitológico donde se dice que surgieron los dragones. En esta travesía los personajes son perseguidos por Grimmel (F. Murray Abraham), un peligroso cazador que está interesado en capturar a Chimuelo, el dragón de Hipo, a quien pretende atraer utilizando como señuelo a una dragona blanca de su especie, la que es apodada “Furia Luminosa”.

Si en la cinta anterior el protagonista debía lidiar con las expectativas de su padre, que lo veía como su sucesor, en esta nueva entrega tiene que afrontar los desafíos de ser el líder de su pueblo. La decisión de ambientar la historia solo un año después de la anterior, a diferencia del salto de cinco años que se produjo entre la primera y la segunda parte, permite que veamos a Hipo todavía acostumbrándose a este nuevo rol. Somos testigos, por ejemplo, de la presión de tomar decisiones que pueden afectar las vidas de un gran número de personas, el riesgo de tomar un camino cuyo destino no está del todo asegurado, y la necesidad de contar con la ayuda de terceros ya que no todo se puede hacer de manera individual.

Al ver la historia que se desenvuelve entre estas tres películas, se nota una progresión en el viaje personal de su protagonista. Mientras el obstáculo en la primera cinta consistía en vencer los prejuicios y reconocer las similitudes entre las personas y los dragones, convenciendo de paso a su pueblo de esta idea, ahora Hipo tiene que enfrentar amenazas externas que buscan terminar con el equilibrio que intentó crear. La escala del relato aumenta, y junto con ello también los peligros que se encuentran más allá de la aldea. Una cosa, nos dice la película, es transmitir el respeto por estas criaturas dentro de un grupo de cientos de personas, y otra es tratar de persuadir al resto del mundo. Las amenazas no se terminan con la derrota de los villanos de turno, sino que se convierten en un flujo constante, que no puede ser detenido.

Sagas como esta, que tienen tres o más películas, son proclives a crear algunos lugares comunes y fórmulas que se van repitiendo entre ellas. The Hidden World presenta similitudes sobre todo con la segunda película de la franquicia, como el problema que el protagonista tiene para encontrar su lugar en el mundo, la amenaza de un despiadado cazador de dragones, o la existencia de un santuario o refugio secreto de estas criaturas. A pesar de esos elementos que se repiten, la cinta no se siente demasiado derivativa, debido a que la trama no se queda estancada en los mismos conflictos de las películas previas, sino que los hace evolucionar.

Otro elemento que comparte con la segunda película es lamentablemente el villano poco llamativo. Sus motivaciones y acciones no son demasiado memorables, así que el personaje existe más como un requisito autoimpuesto por la cinta que como algo esencial. Ni siquiera su plan parece muy claro, ya que, si bien señala que ocupará a la Furia Luminosa como carnada para atraer a Chimuelo, no se entiende cómo planea concretar ese objetivo simplemente liberando a la dragona. Hay muchos factores que pueden entrar en juego y hacer que su plan fracase, pero una combinación de circunstancias que ocurren de forma demasiado conveniente lo llevan a convertirse en una amenaza para los demás personajes. A pesar de que sus actos buscan ser inquietantes, ni Grimmel ni Drago alcanzan el impacto personal del conflicto mostrado en la primera cinta, donde Hipo se debe enfrentar a las ideas de su propio padre.

Estos puntos bajos de la obra son suplidos en parte por su esplendor visual, una virtud que ha caracterizado a la saga. Las secuencias de vuelo vuelven a transformarse en uno de los aspectos más destacados de la cinta, y los avances tecnológicos más el talento de los artistas involucrados permiten que los diferentes elementos presentes en la pantalla -la arena, el agua, el fuego, las texturas de la ropa- se transformen en un verdadero espectáculo. Ese anhelo de alcanzar el fotorrealismo se complementa con el diseño más caricaturesco de los personajes, cuyos rasgos físicos exagerados les permite lograr una mayor expresividad.

La gran calidad estética de la obra, sobre todo en su uso de la iluminación, se debe en parte a la labor del reconocido director de fotografía Roger Deakins, que trabajó como consultor visual en esta película, repitiendo su labor de las dos entregas anteriores. No es habitual que en el cine animado se recurra a artistas de tanto renombre como él, que ha colaborado con directores como los hermanos Coen o Denis Villeneuve, dado que aspectos como la fotografía quedan generalmente a cargo de los propios animadores. Sin embargo, Deakins ha tenido una interesante colaboración con este tipo de cintas durante la última década, habiendo participado también en Wall-E (2008) de Pixar y Rango (2011) de Nickelodeon Movies. Se agradece y se nota su mano en las escenas de esta cinta, donde la composición de los planos y el uso de luces y sombras alcanzan un nivel sobresaliente.

Siendo Chimuelo uno de los personajes principales de la franquicia, y dado que no puede hablar, los animadores deben desarrollar su lenguaje físico para otorgarle una personalidad determinada y que sea capaz de transmitir lo que siente. Sus movimientos, que están inspirados en los de un gato, se extienden por un amplio rango de emociones, adquiriendo así una gran cuota de humanidad pese a no decir ninguna palabra y pertenecer a una especie ficticia. Dentro de las mejores escenas en esta película se encuentran aquellas donde interactúa con Furia Luminosa, en momentos que a veces tienen una eficaz cualidad cómica y que en otras llegan a ser genuinamente enternecedores.

Como película que cierra esta trilogía, The Hidden World representa un interesante desenlace de esta historia que se ha venido contando desde el año 2010. Esta franquicia partió como un relato acerca de un joven que es capaz de ver las similitudes que tiene con criaturas incomprendidas, destacando así valores como la empatía y la integración. Y si bien esa idea de acoger a otros no ha sido desechada, si fue adquiriendo una mayor complejidad, y en esta tercera entrega se introduce la noción de que el respeto hacia los demás también implica reconocer su autonomía. Dentro de las lecciones que Hipo aprende en esta travesía personal, que es finalmente una historia de maduración (una coming of age story, en inglés), se encuentra la capacidad de comprender las necesidades de los demás y hacer sacrificios por ellos para lograr su felicidad.

El final de esta película hace recordar al de Toy Story 3 (2010), otra saga que parecía haber terminado con su tercera entrega pero que este año estrena una cuarta parte. En el caso de How to Train Your Dragon, no parecen existir planes para una cuarta película, e incluso DeBlois ha indicado que planea trabajar en otro tipo de proyectos, aunque como se puede ver con la saga de Pixar uno nunca puede descartar esa posibilidad. Sea como sea, ojalá que si llegan a estrenar una nueva parte la decisión esté realmente justificada, porque con esta obra se logró crear un buen cierre de la historia.

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