The Lego Movie 2: The Second Part (2019)

The_Lego_Movie_2_The_Second_Part-posterHacer una película basada en unos bloques de juguete era un gran desafío, pero Phil Lord y Christopher Miller lograron superarlo de forma exitosa. The Lego Movie (2014) se transformó no solo en una obra entretenida, llena de chistes y guiños a la cultura popular, sino también en una historia sorprendentemente cálida. El objetivo iba más allá de ser solo un producto publicitario creado para vender más juguetes, ya que su guion apuntaba al espíritu mismo que esas piezas representan, como la capacidad que tienen para desarrollar la creatividad de sus usuarios. En el centro de la obra se encontraba además un relato familiar, que le otorgaba una importante cuota de humanidad.

La gran revelación presente al final de aquella cinta, y una de las razones de la carga emocional que transmite, es que el mundo donde transcurre la película no se limita solo al entorno de plástico creado por esos bloques, sino que es más grande. Las aventuras de sus protagonistas tienen lugar en el sótano de una casa, y el conflicto narrado es una representación del choque que se produce entre un padre y su hijo, y la forma en que cada uno decide utilizar a los juguetes. En esta nueva parte, The Lego Movies 2: The Second Part (La gran aventura Lego 2), dicha circunstancia es recordada a través de un flashback en sus primeros minutos, y la doble dimensión de la historia es utilizada a lo largo del metraje, esta vez para mostrar las diferencias entre Finn (Jadon Sand), el niño de la primera película, y Bianca (Brooklynn Prince), su hermana menor.

Los problemas entre ambos ya habían sido presentados al final de la entrega anterior, cuando los juguetes de Bianca llegan al mundo creado por Finn. A lo largo de cinco años, las creaciones de la niña invaden la ciudad donde viven Emmet Brickowski (Chris Pratt), su novia Lucy (Elizabeth Banks), y sus amigos Batman (Will Arnett), Unikitty (Alison Brie), Benny el astronauta (Charlie Day), y el pirata Barba Metálica (Nick Offerman). Estos constantes ataques transformaron el entorno en un mundo posapocalíptico, donde todos se han adaptado para sobrevivir, excepto Emmet, quien sigue teniendo la misma actitud relajada y optimista de siempre. El protagonista deberá embarcarse en un peligroso viaje para salvar a sus amigos, que fueron capturados por la reina SoyLoQue QuieraSer (Tiffany Haddish), monarca del universo creado por Bianca.

Como sabemos que las acciones realizadas en el mundo real tienen consecuencias en el universo habitado por los juguetes, la influencia que cada uno de los niños tiene sobre los protagonistas se va reflejando en la propia trama, a través de tonos diferentes. La visión de Finn es más oscura y violenta, mientras que la de Bianca opta por el colorido y lo tierno. Si en la primera película teníamos la canción “Everything Is Awesome”, interpretada por Tegan and Sara y The Lonely Island, en esta nueva entrega la música pasa a ocupar un rol más preponderante, lo que es también un reflejo de los intereses de la hermana menor de Finn. Los artistas involucrados también aumentan en número, extendiéndose desde Garfunkel & Oates hasta Beck.

Cuando Emmet se ve enfrentado al dilema de cambiar o seguir siendo el de siempre, se trata de una representación del choque que se produce entre ambos hermanos. En su travesía conoce a Rex Dangervest, una personificación del estilo más “maduro” que el protagonista aspira alcanzar, quien decide ayudarlo a rescatar a sus amigos y derrotar a la reina. El personaje también es interpretado por Chris Pratt, y la forma en que la película lo caracteriza es una combinación exagerada de los roles que el actor ha encarnado en su carrera, incluyendo a Owen Grady de Jurassic World (2015) y Star Lord de Guardians of the Galaxy (2014). Esa esfera metaficticia, a través de la cual la película reconoce su calidad de tal, es habitual en las obras de Lord y Miller, dependiendo buena parte de sus chistes en ese tipo de guiños.

La mano de este dúo se nota en toda la película, y si bien la dirección fue trasladada desde ellos a Mike Mitchell, Lord y Miller se encargaron de escribir el guion. Su sello está presente en algo tan fundamental de la historia como la determinación del villano de la película, modificando las expectativas y las impresiones de los espectadores. Que una obra sea tan consciente de sí misma puede ser peligroso, ya que los juegos donde explora su naturaleza ficticia corren el riesgo de resultar autoindulgentes. Hasta el momento las películas de Lord y Miller no han sufrido de ese problema, por lo menos no en un nivel desastroso, ya que manejan bien el equilibrio entre la irreverencia y la honestidad.

Al estar ante una secuela, hay elementos que la cinta debe construir encima de su antecesora, ocupando lo ya visto en la película anterior para crear cosas nuevas. Sin embargo, hay ocasiones en las que el efecto pasa a ser algo derivativo, haciendo que, en la inevitable comparación entre ambas obras, esta segunda parte no sea tan sobresaliente. La película, por ejemplo, no puede replicar esa chispa que provocó la revelación presente en la primera obra, ya que la novedad es por esencia algo finito. También se ven las dificultades del guion por utilizar ciertos personajes secundarios que fueron relevantes en la primera cinta, pero cuyos roles no encajan tan bien en esta nueva entrega, como Benny y Barba Metálica, quienes quedan limitados a participaciones muy acotadas.

Aunque nuestra capacidad de asombro ya no se ve tan potenciada por la historia que narra la película, la calidad de la animación sigue siendo cautivante. Las películas de Lego tienen la particularidad de ocupar de forma precisa las diferentes piezas que existen en la realidad para crear los mundos y personajes que vemos en la pantalla. Desde los efectos especiales como el fuego y el humo, que son recreados con piezas de plástico, hasta las texturas utilizadas para recrear los distintos tipos de materiales y los rastros del paso del tiempo en ellos, el nivel de detalle que ocupan estas obras es impresionante. Ver todo eso, sobre todo en el cine, provoca un efecto similar al de la animación cuadro por cuadro, donde la habilidad técnica y artística involucrada es por si misma algo atractivo.

Mientras en la película anterior la presencia del mundo real era limitada, ya que fue guardada para la sorpresa del final, en The Lego Movie 2 los cambios entre esa dimensión y la animada son más frecuentes. Este paralelo, que crea una conexión entre ambos universos, lleva a la obra a establecer explicaciones en el mundo real para lo que ocurre con los personajes de Lego, pero hay casos donde se omiten completamente e incluso no tienen mucha lógica. Así ocurre, por ejemplo, con un elemento central en la historia de Rex Dangervest. Lagunas narrativas como esa no tienen tanta trascendencia ya que el objetivo principal de la cinta es otra cosa: transmitir el elemento humano de la historia, materializado en la relación entre Finn y Bianca.

Al espíritu creativo que promovía la primera cinta se suma ahora el respeto por las diferentes formas de expresar esa creatividad, reconociendo el valor de la diversidad que puede surgir de la visión que tiene cada persona. Podemos encontrar algunos puntos bajos en esta secuela, pero es capaz de desarrollar aquellas ideas que presentó en la obra previa, no solo de repetirlas.

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