Green Book (2018)

Green_Book-posterLa imagen llama bastante la atención: A bordo de un Cadillac de último modelo, viaja un refinado hombre de raza negra, impecablemente vestido, quien demuestra tener no solo una posición socioeconómica privilegiada sino también un intelecto más desarrollado que el común de las personas; el vehículo es conducido por un hombre blanco, más desaliñado y “básico” que el primero, ocupando una clara posición de subordinación respecto de este. La situación es aún más extravagante si consideramos la época en la que transcurre (comienzos de los años 60) y el lugar donde se encuentran (el “sur profundo” de Estados Unidos).

El primer hombre es Don Shirley (Mahershala Ali), un exitoso pianista que lidera un trio musical, cuyo talento le ha permitido tocar incluso en la Casa Blanca. Aunque vive en Nueva York, se ha embarcado en una gira por diversos lugares del sur del país, en una época marcada por el movimiento por los derechos civiles, recorriendo lugares que todavía están sujetos a una fuerte segregación racial. Debido a esto, decide contratar como chofer a alguien que no tenga problemas en enfrentar situaciones complejas, escogiendo para esa labor a Tony “Lip” Vallelonga (Viggo Mortensen), un tosco hombre de raíces italianas que trabaja como guardia en el club Copacabana. La relación entre ambos no comienza de la mejor manera, debido a los prejuicios de Tony, pero a medida que pasan tiempo juntos van adquiriendo un mayor entendimiento el uno del otro.

Green Book (Green Book: Una amistad sin fronteras) fue titulada así como referencia a una especie de guía turística de esos años dirigida a los viajeros afroamericanos que se iban a internar en el sur de Estados Unidos, con datos y recomendaciones sobre lugares donde no tendrían problemas debido a su raza. Aunque el libro aparece solo en un par de ocasiones durante el metraje, su elección para el título de la obra resulta adecuado, ya que representa el racismo presente en aquel país, sobre todo en una zona que hasta el día de hoy exhibe algunas muestras de ese pensamiento.

El director de la película es Peter Farrelly, quien se hizo conocido junto a su hermano Bobby por crear comedias como Dumb and Dumber (1994), There’s Something About Mary (1998) y Me, Myself & Irene (2000). Con esta cinta se aleja del humor “grosero” al que estábamos habituados de su parte, narrando una historia más dramática, y, pese a tener también elementos cómicos, no llegan al particular tono de sus anteriores trabajos. Aún así, Green Book mantiene una curiosa tendencia de sus películas, que consiste en mostrar a sus protagonistas a un viaje por la carretera, algo que también estaba presente de forma habitual en sus comedias más livianas. Mientras en aquellas cintas el viaje permite crear situaciones absurdas, ideales para las risas, en esta ocasión funciona como un reflejo de la travesía más subjetiva de sus personajes.

Pero si bien la situación mostrada en la película resulta inusual para el contexto social y cultural en el que está inserta la obra, y el tono de la cinta implica un cambio para la carrera del director, el tipo de historia y la forma en que es narrada descansan sobre fórmulas más familiares. Green Book es lo que se conoce en inglés como una buddy film (“película de amigos”), es decir, una cinta donde los protagonistas tienen personalidades y estilos de vida muy diferentes, que generan algunos roces iniciales entre ellos, pero a medida que van interactuando descubren unas similitudes entre ellos que desconocían. La película tiene como columna vertebral el vínculo que se forma entre los personajes, quienes son capaces de ver más allá de sus diferencias para encontrar unos puntos en común, algo que ocurre a través de una travesía bastante predecible.

Esta película podría ser ocupada como ejemplo en clases sobre escritura de guion, y no por ser una obra extraordinaria, sino porque cumple con todos los requisitos estructurales y de forma que se esperan en ese tipo de textos; funciona casi como un caso de manual. De esta manera, en la cinta hay una introducción del protagonista y un vistazo al entorno en el que se desenvuelve, se presentan los rasgos de su personalidad que influirán en el conflicto de la película, se muestran los defectos que superará durante su travesía, se ve expuesto a una circunstancia que lo obliga a lidiar directamente con sus prejuicios, conoce lugares y personas nuevas que expanden su entendimiento del mundo, y a través de las interacciones que tiene con el músico aprende a desarrollar su capacidad de empatía.

La película, que está inspirada en hechos reales, es contada desde la perspectiva de Tony, ya que uno de los guionistas es su hijo, Nick Vallelonga. La vida de Don, por lo tanto, es menos explorada, siendo retratado como una persona solitaria, que se encuentra distanciado hace años de su hermano. La manera en que el pianista fue caracterizado generó duras críticas de sus familiares, incluido su propio hermano, Maurice, quienes tras el estreno de la película señalaron que los responsables de esta no se contactaron con ellos antes de que comenzara la producción, y llegaron incluso a negar que entre Don y Tony hubiese existido una amistad, limitando el vínculo que tenían solo a una relación de empleador y trabajador.

Más allá de las controversias casi inevitables que pueden surgir de las películas basadas en hechos reales, la decisión de centrar la obra en el personaje de Tony y no en Don parece una oportunidad desaprovechada. En una época donde han surgido cintas como Dear White People (2014) o Moonlight (2016), que a su manera exploran la situación racial en Estados Unidos desde perspectivas interesantes, parece algo anacrónico volver a contar una historia tan conocida como la del personaje intolerante que termina redimido una vez que adquiere una nueva visión del mundo. En vez de arriesgarse y tantear terrenos más complejos, la cinta prefiere ocupar un enfoque conocido, seguro.

A diferencia del ya familiar arco que experimenta el personaje de Tony, Don se encuentra en una posición menos clara, habitando un área intermedia que lo deja en un eterno dilema. A pesar de su gran talento musical, no ha podido desarrollar una carrera como pianista de música clásica debido al color de su piel, que lo desplazó hacia un estilo igual de ecléctico que él, combinando música de cámara con melodías más populares. Su actividad le permite ser invitado por importantes personas blancas a sus eventos y veladas, pero siempre manteniendo una distancia tal que le impide realizar cosas tan básicas como ocupar el mismo baño que ellos. El personaje tampoco encaja del todo dentro de la comunidad afroamericana, ya que su estilo de vida lo ha llevado a frecuentar aquellos círculos donde se desenvuelve la elite, mientras la gran mayoría de los estadounidenses de color se encuentra en sectores socioeconómicos menos privilegiados.

Hay momentos en los que Green Book aborda este aspecto de la vida de Don, con escenas que incluso se permiten algunas sutilezas, pero se trata de momentos excepcionales, ya que la obra prefiere centrarse en la experiencia de Tony. Por lo general, cuando explora estos u otros temas, la cinta opta por recursos más simplistas, que restringen las probabilidades de encontrar matices en lo que muestra. Entre esos recursos hay hasta estereotipos, como ocurre con la escena donde Tony convence a Don de probar por primera vez el pollo frito, una comida que ha sido tradicionalmente asociada a los afroamericanos. La extraña idea de que es gracias al chofer que el pianista se va a cercando a la cultura negra también queda reforzada por una ocasión en la que le presenta la música de artistas como Aretha Franklin o Little Richard mientras viajan en el auto.

Si no fuese por las actuaciones de Viggo Mortensen y Mahershala Ali, y por la química que logran entre ellos, la película contaría con pocos aspectos que elogiar. Son sus interpretaciones las que les otorgan detalles a dos personajes que en el papel parecen bastante planos. Esto se nota sobre todo en Don, quien debe crear una máscara para poder interactuar en los círculos más elitistas del país, transmitiendo gratitud y felicidad en vez de rabia e impotencia cuando experimenta los efectos del racismo sistemático que opera en esos lugares. Aunque se trata de una historia que no tiene grandes sorpresas, y que transita por caminos poco arriesgados, las interacciones entre los protagonistas le dan al relato una chispa de la cual nos podemos agarrar, sin que sea una cinta totalmente desechable.

De manera similar a la película francesa Intouchables (2011), que muestra la improbable amistad que surge entre dos personas que pertenecen a mundos totalmente distintos, Green Book recurre a lugares comunes y a fórmulas conocidas para entregar algo que va a la segura. Farrelly se asemeja más a un pintor de brocha gorda que a un verdadero artista, y por lo mismo el resultado de esta obra es un trabajo eficiente, que cumple con sus modestos objetivos, aunque es algo exagerado que haya recibido tantos reconocimientos durante esta temporada de premios.

2 pensamientos en “Green Book (2018)

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