Den skyldige (2018)

Den_skyldige-posterPelículas como la cinta danesa Den skyldige (The Guilty; La culpa), que transcurren dentro de un entorno cerrado, con elementos mínimos, son capaces no solo de funcionar pese a esos límites, sino que los aprovechan para crear soluciones creativas. La obra tiene lugar exclusivamente dentro de una oficina, y las interacciones que el protagonista tiene con el resto de los personajes ocurren a través de llamadas telefónicas. Fueron esas restricciones autoimpuestas las que obligaron al director Gustav Möller y a su equipo a esforzarse más que si hubiesen decidido utilizar un enfoque común y corriente, demostrando que no es necesario contar con herramientas demasiado vistosas para dar forma a un relato intrigante.

La presencia del protagonista en una sola ubicación está justificada por su trabajo. Asger Holm (Jakob Cedergren) es un policía que trabaja en la central telefónica de la institución, atendiendo los llamados de emergencia de las personas y despachando a otros policías a los lugares donde los necesitan. Su labor, sin embargo, no es algo que él escogió, ya que desde los primeros minutos de la cinta se transmite la idea de que su trabajo como telefonista es una especie de degradación debido a algo en lo que estuvo involucrado. Se nota que su principal deseo es volver a sus funciones como policía en la calle, y la frustración que siente por su situación actual la expresa a través de su labor en el teléfono, desestimando las llamadas sobre aquellos casos que considera poco importantes.

Una noche, las llamadas rutinarias son interrumpidas por la voz de una mujer, Iben (Jessica Dinnage), quien primero parece haber confundido al destinatario, ya que habla con Asger como si se tratase de otra persona, pero el policía no tarda en notar que lo está haciendo a propósito, para que la persona que la acompaña no se de cuenta. A través de una serie de preguntas en las que solo puede responder “si” y “no”, Iben da a entender que fue secuestrada y que va a bordo de un vehículo hacia un destino que desconoce. Posteriormente se revela que la identidad del secuestrador es Michael, el exmarido de Iben, y que el hecho también involucra a los hijos pequeños de la pareja, que se encuentran en la casa de la mujer. Aunque Asger reporta la situación por los mecanismos respectivos, la falta de una respuesta satisfactoria lo lleva a asumir la responsabilidad del problema y a tratar de solucionarlo por sus propios medios.

Debido a la posición en la que se encuentra su protagonista, forzado a permanecer en un lugar mientras ocurre una situación compleja y ocupando un teléfono para comunicarse con el mundo exterior, Den skyldige se ubica en un punto medio entre Rear Window (1954) de Alfred Hitchcock y Locke (2013) de Steven Knight. La silla de ruedas de James Stewart es reemplazada por la obligación laboral de Asger, mientras que los problemas familiares y profesionales de Tom Hardy dan paso a una situación de vida o muerte para el policía. La obra también puede ser vinculada a otras películas donde los personajes están encerrados en un determinado lugar, con un teléfono que se transforma en su principal fuente de angustia, como Phone Booth (2002) y Buried (2010), pero todas estas conexiones no llegan a hacer que la cinta resulte demasiado derivativa gracias al talento con el que es desarrollada su historia.

Para mantener la atención del público, sin que el entorno limitado del relato resulte monótono, la forma en que es transmitida la información a los espectadores se convierte en algo esencial. El guion escrito por Gustav Möller y Emil Nygaard Albertsen maneja con precisión la cantidad de información que revela y la oportunidad en que lo hace, manteniendo una tensión constante que va agregando nuevos elementos a medida que los minutos avanzan. Un paso en falso o un arrebato al comunicar esa información podría haber perjudicado fácilmente a la obra, pero los guionistas controlan con cuidado la organización de la trama. A pesar de un par de piezas poco verosímiles, la cinta funciona de muy buena manera.

La información no solo es transmitida a través de los diálogos, sino también por medio del diseño de sonido, que en una obra como esta adquiere una gran importancia. Cuestiones como los limpiaparabrisas en una noche lluviosa, el tono de voz utilizado por los actores, o la presencia de otros sonidos ambiente, ayudan a otorgarle una mayor textura a las llamadas telefónicas. No era sencillo que las interpretaciones de aquellos actores que no podemos ver resultaran atractivas, pero la película logra entregarles el suficiente peso, pudiendo sugerir aspectos de sus vidas y de sus personalidades sin la necesidad de mencionarlos de forma directa.

Como la cinta transcurre en un único lugar, con la presencia casi exclusiva de un solo personaje en la pantalla, el elemento visual de la obra debía ser planeado con detención. La fotografía de Den skyldige recurre principalmente a primeros planos y planos medios de Asger, los que de vez en cuando se intercalan con imágenes de la pantalla de su computador. El tratamiento es sobrio, sin técnicas demasiado vistosas, privilegiando la precisión por sobre lo pirotécnico, y el resultado ayuda a enfatizar la atmósfera claustrofóbica del relato. Lo que en otras manos podría haber caído en lo aburrido, acá no pierde su capacidad intrigante gracias a una historia bien construida y a un protagonista complejo.

La manera en que es caracterizado el policía, sumado a la actuación de Jakob Cedergren, permite que la película sea más que un simple thriller. La cinta no se conforma solo con crear un relato agobiante, a través de las situaciones narradas, sino que nos permite también adentrarnos en el lado humano de su protagonista. A lo largo del metraje vamos conociendo las circunstancias que lo llevaron a estar en su actual puesto de trabajo, cómo se ha visto afectado su entorno más cercano por esta situación, y los aspectos de su personalidad que lo llevaron a asumir de forma tan personal este caso. Algunas de las ideas que atraviesan a la película son los prejuicios, la idea de justicia, el libro albedrío y la redención, todo lo cual da forma a una obra donde sus personajes actúan guiados por buenas intenciones que no siempre son las más apropiadas.

Den skyldige triunfa gracias a los riesgos que toma. En vez de mostrar aquello que ocurre al otro lado de la línea telefónica, mantiene la cámara pegada al protagonista, obligando a los espectadores a completar el relato a través de su imaginación, y la actitud de Asger, que en otro tipo de cinta habría sido retratado como un héroe que no permite que las reglas limiten su actuar, es representada con interesantes matices y dudas. Es la habilidad narrativa de la cinta la que nos cautiva al principio, pero son sus interrogantes humanas y éticas las que nos terminan fascinando.

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  1. Pingback: Serenity (2019) – sin sentido

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