Captain Marvel (2019)

Captain_Marvel-posterAunque lleva más de una década dominando el cine comercial estadounidense, Marvel Studios se ha demorado en incorporar perspectivas más diversas a sus películas. Una muestra de eso es que recién el año pasado estrenó Black Panther (2018), la primera de sus películas que fue protagonizada y dirigida por personas de raza negra. Otro aspecto que ha estado pendiente es la inclusión de protagonistas mujeres dentro de su universo cinematográfico, un área donde sus rivales directos, DC y Warner Bros., ya habían incursionado con Wonder Woman (2017), pese a que lleva menos tiempo construyendo su franquicia de superhéroes. Si bien en Ant-Man and the Wasp (2018) una de sus protagonistas es la actriz Evangeline Lilly, es solo con el estreno de Captain Marvel (Capitana Marvel) que el estudio ha creado una cinta protagonizada de forma exclusiva por una superheroína, y es además la primera dirigida por una mujer.

Que en los blockbusters hollywoodenses sea tan inusual la presencia femenina en roles determinantes provoca unas expectativas a veces desmedidas e injustas sobre los proyectos liderados por mujeres. El rendimiento de una superproducción protagonizada o dirigida por mujeres es visto casi como una manera de juzgar a estos proyectos en su conjunto, como un todo inseparable. De forma similar a lo que ocurre con las mujeres y el humor, el traspié de alguna de ellas provoca la errada idea de que todas las demás exponentes del género se encuentran en el mismo nivel. Este tipo de visión tan extrema, que separa los resultados entre la gloria y el fracaso, no permite considerar la posibilidad de que algo pueda ser simplemente bueno o incluso correcto.

Captain Marvel es una película buena, no extraordinaria ni demasiado sobresaliente, y no por eso se trata de un fracaso. Es el tipo de película que uno puede esperar de Marvel Studios, con un tono entretenido que mezcla acción y comedia, una trama sin muchos cabos sueltos ni aspectos ambiguos, una gran presencia de efectos especiales digitales, guiños a otras obras del universo cinematográfico, y personajes que cumplen con sus respectivos cometidos. Como ocurre con las demás películas del estudio, uno de los objetivos de la cinta es actuar en función del plan más general del cual forman parte, y en el caso de esta obra su estreno mira hacia lo que ocurrirá luego de los hechos narrados en Avengers: Infinity War (2018), en cuya escena post créditos se hizo una referencia a la protagonista.

La historia de esta cinta, sin embargo, no transcurre después de Infinity War, sino que a mediados de los años 90. En el planeta Hala, donde vive la raza de alienígenas Kree, vemos a Vers (Brie Larson), una guerrera que pertenece a la Fuerza Estelar de esa civilización, quien es la aprendiz de Yon-Rogg (Jude Law). Los Kree se encuentran en guerra contra los Skrull, una raza alienígena que tiene la capacidad de imitar la apariencia de otros organismos, siendo el equipo de la protagonista un componente importante dentro de esa lucha. Cuando está en su primera misión, Vers es capturada por los Skrull y termina llegando accidentalmente a la Tierra, donde intentará evitar que sus enemigos se apoderen de una poderosa fuente de energía, pero mientras está en nuestro planeta descubre que hay algo que la conecta con los humanos. Durante su estadía en la Tierra, Vers se enfrentará a los Skrull, quienes son liderados por Talos (Ben Mendelsohn), y colaborará con un joven Nick Fury (Samuel L. Jackson), agente de S.H.I.E.L.D. para detener esa amenaza.

Consciente de estar protagonizada por una mujer, la cinta presenta un claro mensaje de empoderamiento femenino, el que vemos desde sus primeros minutos. Una de las lecciones que Yon-Rogg intenta enseñar a Vers es la necesidad de controlar sus emociones para ser una mejor guerrera, defecto que generalmente es reprochado a las mujeres, quienes son tratadas como personas volátiles, inestables. El personaje además es subestimado de forma constante por los demás, siendo su vida una constante lucha cuesta arriba, en la que debe lidiar con numerosos obstáculos para probar su valor. La obra enarbola su bandera de lucha frente a la audiencia sin sutilezas ni pedir permiso, en una actitud que demuestra orgullo pero que a veces es medio forzada.

Esta es de las pocas películas de Marvel Studios que está ambientada en el pasado, y a diferencia de Captain America: The First Avenger (2011) la época donde transcurre es lo suficientemente cercana en el tiempo para que gran parte de los espectadores tenga recuerdos personales de ella. Debido a eso, la cinta presenta varios elementos que resaltan la década de los 90, desde la música (con canciones de No Doubt, TLC, Salt-N-Pepa y Garbage) hasta la tecnología (beepers, internet lento, CDs) que vemos en pantalla, los que son utilizados de una manera entretenida, aunque no muy sutil. Esos componentes le entregan un aire distintivo a la película, que apela a la nostalgia de la audiencia.

Otra estrategia que la obra ocupa para intentar crear un relato llamativo es la manera en que transmite su información y estructura la historia de la protagonista. La película no muestra de inmediato cuál es la conexión que el personaje tiene con la Tierra, desarrollando esa pregunta a lo largo del metraje como un misterio que va siendo revelado de a poco. Como no puede recordar la vida que tenía antes de unirse a la Fuerza Estelar, Vers investiga su pasado y va descubriendo nuevos detalles acerca de quién era, lo que además aclara las intenciones de algunos personajes secundarios. Si el guion hubiese recurrido a un orden simplemente cronológico de los hechos, el resultado habría sido más plano, por lo que los flashbacks le otorgan algo más de interés a la cinta.

No obstante, esos esfuerzos no llegan a transformar a la película en algo muy destacado. La experiencia previa de los directores Anna Boden y Ryan Fleck se enmarca en el terreno de los dramas indies, con los largometrajes Sugar (2008), It’s Kind of a Funny Story (2010) y Mississippi Grind (2015); y pese a que hay algunas muestras de su trabajo con actores, como las escenas que Brie Larson comparte con Samuel L. Jackson, o el rol de la actriz Lashana Lynch, que interpreta a una persona muy importante para la protagonista, son momentos muy acotados y por lo general no llegan a alterar el tipo de obra que Marvel Studios acostumbra entregar. No se llega, por ejemplo, al tipo de historia que Shane Black creó para Iron Man 3 (2013), donde la importancia de los personajes se siente a lo largo de la película.

El éxito del Universo Cinematográfico de Marvel se debe a su capacidad para crear un tipo de obras reconocibles, que mantienen una identidad compartida, a través de la cual las podemos vincular entre si y reconocerlas como parte de la misma franquicia. Pero esa identidad o “fórmula” no impide completamente que puedan existir diferencias entre cada cinta, y en algunos casos hasta estilos propios, donde notamos la voz de sus respectivos directores. Además de Black y lo que hizo en Iron Man 3, se puede mencionar a James Gunn con Guardians of the Galaxy (2014) y a Taika Waititi con Thor: Ragnarok (2017). Lamentablemente, en Captain Marvel no se nota una impronta de esa envergadura, y si bien se trata de una buena película no logra desmarcarse mucho del estilo homogéneo que caracteriza al estudio.

Uno de los puntos más interesantes de la cinta consiste en su empeño por crear algo novedoso, innovando incluso sobre el material de los cómics con tal de crear una historia interesante, algo que la acerca a la mencionada Iron Man 3. Medidas como las que ambas cintas utilizan pueden molestar a los fanáticos acérrimos, que ven con desconfianza cualquier desviación de lo que aparece en las viñetas, pero estos cambios se justifican dentro de lo que cada adaptación quiere lograr. En el caso de Captain Marvel, la maniobra permite introducir reflexiones acerca de los conflictos bélicos, los bandos que se enfrentan en ellos, el imperialismo, y los refugiados, lo que permite ver desde una perspectiva distinta las luchas que se dan dentro del cine de superhéroes, las que tienden a ser excesivamente simplistas.

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