The Old Man & the Gun (2018)

The_Old_Man_&_the_Gun-posterLa película The Old Man & the Gun (Un ladrón con estilo) comienza con el robo de un banco y con la posterior persecución del protagonista por parte de la policía. Estos hechos, que pueden sonar intensos, y que en manos de otro director habrían sido representados privilegiando la tensión y el peligro del momento, son mostrados de una manera distinta en esta obra. La cinta dirigida por David Lowery se aleja de las convenciones que caracterizan a las historias sobre delincuentes, que utilizan la violencia para entretener al espectador, y en su lugar opta por un estilo más pausado y relajado, como el de su propio protagonista.

El guion está basado en la historia de un ladrón de bancos real, Forrest Tucker (Robert Redford), quien a lo largo de su vida se dedicó a cometer robos, actividad que comenzó cuando era solo un adolescente. Estos crímenes los continuó realizando incluso durante su vejez, y además de esta larga carrera también fue conocido por las múltiples fugas que hizo cuando era encarcelado. La película transcurre en 1981, cuando el protagonista ya tiene una edad avanzada, y lo seguimos en una serie de robos que lleva a cabo en varias ciudades del oeste de Estados Unidos. Sus métodos, sin embargo, no recurrían a una violencia excesiva, sino que a una simple amenaza y sobre todo a su capacidad de convencimiento, que logra gracias a una impecable forma de vestir y a un trato caballeroso.

Esa cortesía que demuestra el personaje se traspasa a la misma película, que avanza de manera afable, sin grandes complicaciones. La cinta parece querer evitar los conflictos, mostrando indirectamente los elementos más problemáticos de la trama. Así, la pistola del protagonista solo aparece un par de veces en la pantalla, y no cuando amenaza a algún cajero o gerente de banco, ocasiones en la que el arma se encuentra fuera de campo. Por su parte, uno de los robos que sale mal y termina en un tiroteo es referenciado solo a través de sus consecuencias, pero no es mostrado en el momento preciso cuando ocurre. No estamos ante una película como Heat (1995) de Michael Mann y su director así lo deja en claro.

Su interés se encuentra sobre otros elementos, más indeterminados, pero no por eso menos importantes. Las motivaciones de Tucker para hacer lo que hace no están ligadas al deseo de obtener dinero, ya que sus robos son por sumas no demasiado altas, sino que a un anhelo más abstracto, a algo que lo hace sentir feliz. The Old Man & the Gun también aspira a un objetivo difícil de definir como ese, buscando alcanzar un cierto estado de ánimo, una atmósfera que conquiste a los espectadores. No es casualidad, por lo tanto, que la banda sonora de Daniel Hart ocupe melodías ligadas al jazz para crear ese efecto, un estilo musical que depende mucho de las sensaciones y de otros factores difíciles de definir.

La dos principales relaciones que Tucker desarrolla a lo largo de la película descansan sobre la idea de prescindir de los elementos innecesarios y apelar a la esencia de las cosas. No es mucho lo que conocemos acerca del protagonista como persona, pero eso no impide que el vínculo que forma con estos dos personajes tenga peso. Por un lado está Jewel (Sissy Spacek), una viuda que vive sola en una granja, y a quien conoce de forma circunstancial, mientras intentaba escapar de la policía, pero con quien entabla un fuerte vínculo. Es tal la confianza que siente con ella que incluso le confiesa su verdadera ocupación, aunque Jewel no le otorga mayor seriedad al asunto, creyendo que es solo una broma. Con la misma importancia que los elementos ligados al crimen, e incluso más, estos momentos entre Tucker y Jewel se convierten en uno de los principales pilares de la obra. David Lowery le otorga el espacio suficiente a sus actores para que se sientan cómodos en las escenas, y debido a la naturalidad que logran resulta sorprendente que esta sea la primera vez que Robert Reford y Sissy Spacek trabajan juntos.

El rastro que el protagonista va dejando con sus robos es seguido por un policía llamado John Hunt (Casey Affleck), cuya melancolía contrasta con la actitud despreocupada de Tucker. A diferencia del ladrón, que disfruta lo que hace en todo momento, el policía actúa en base al deber, algo que no siempre coincide con lo que quiere. Con algunas reflexiones algo clichés, como por ejemplo lo negativo que sería atrapar al protagonista ya que implicaría que la persecución se detendría, la cinta crea una conexión entre los dos hombres, la que da paso a un sentimiento de admiración y hasta afecto entre ellos.

Debido al ritmo que utiliza, y a los aspectos de la historia que prefiere destacar por sobre otros, la película funciona con sus propias reglas, nadando a contra corriente en el actual panorama cinematográfico, donde lo pirotécnico se ha convertido casi en una obligación. No es la primera vez que el director David Lowery demuestra esto, dado que en cintas como Ain’t Them Bodies Saints (2013) o A Ghost Story (2017) ya había desarrollado ese estilo pausado y meditabundo. La utilización de una película de 16 mm, así como de ciertas técnicas de montaje y fotografía, le dan a la obra un aire propio de la época en la que está ambientada, lo que refuerza la sensación de que estamos ante un trabajo distinto a los estrenados en la actualidad.

Muchas de las cosas que funcionan en The Old Man & the Gun se deben a Robert Redford, quien es capaz de entregarle una chispa especial a la obra con su carisma. Fue, de hecho, el propio Redford quien inició este proyecto y quien se lo propuso a Lowery, luego de leer acerca del verdadero Tucker en un artículo publicado en la revista The New Yorker. La compenetración del actor con su personaje permite crear algunas comparaciones entre ambos, como la manera en que han desarrollado sus respectivas ocupaciones a lo largo de sus vidas, sin que la edad sea un impedimento para continuar (Redford tenía más de 80 años cuando se estrenó esta película). Esto se encuentra relacionado también por el amor que los dos sienten por sus actividades, siendo esta cinta un buen homenaje al trabajo de Redford. En una secuencia que ilustra los múltiples escapes de Tucker de las diferentes prisiones en las que estuvo encerrado, se llega a ocupar una imagen de archivo del actor cuando era joven, lo que enfatiza el rol de la película como un recordatorio de su talento.

La obra adquiere una significación adicional si consideramos que el propio Redford anunció su retiro de la actuación con esta cinta. De esta manera, las reflexiones que entrega acerca de la pasión de hacer algo que uno ama, y la forma en que se ha vivido la vida, resultan más trascendentales que nunca. Sin embargo, habrá que esperar para ver si estamos definitivamente ante el último papel del actor, ya que, si el paralelo que existe con Tucker es cierto, no va a ser sencillo dejar atrás algo que forma parte tan importante de si mismo.

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