Assassination Nation (2018)

Assassination_Nation-posterNo es exagerado decir que internet puede llegar a mostrar el peor lado de las personas. Cuestiones como el anonimato, la masificación de las voces involucradas, la inmediatez de la información y de sus reacciones, o los incentivos para expresar las opiniones de manera visceral, han permitido el surgimiento de un ambiente muchas veces hostil, donde las posturas de los usuarios llegan a ser tan polarizadas como apasionadas. En la película Assassination Nation de Sam Levinson se muestran las violentas consecuencias de esa forma de ver el mundo cuando los efectos de internet se multiplican y pasan a envolver a todo un pueblo.

El hecho que pone en movimiento a la trama es la filtración de los mensajes, historial de navegación y fotografías del alcalde de dicho pueblo. Esta filtración es la obra de un hacker y provoca una gran conmoción entre los habitantes del lugar, quienes aún no han logrado reponerse de la consternación cuando son testigos de una segunda filtración, esta vez sobre la información del director de un colegio. Aunque estas filtraciones afectan a figuras de autoridad, lo que puede provocar una reacción más intensa por parte de las demás personas, la situación se intensifica cuando el hacker libera datos privados de la mitad del pueblo, algo que provoca un generalizado estado de caos. En medio de ese torbellino se encuentra Lily Colson (Odessa Young), una joven que no solo se ve afectada colateralmente por la filtración, sino que además es apuntada como la principal responsable, una situación que la pondrá en peligro a ella y a sus amigas Bex (Hari Nef), Em (Abra) y Sarah (Suki Waterhouse).

Una de las preguntas que surgen cuando vemos los comportamientos más negativos de las personas en internet, es si esa cara siniestra de la humanidad siempre ha estado ahí, siendo solamente revelada por las nuevas tecnologías, o si es algo nuevo que surgió con ese particular entorno. La cinta sostiene la idea de que estamos ante algo muy ligado a la historia de la humanidad, siendo manifestaciones de una actitud que ya se había expresado de manera salvaje por las personas siglos atrás. El pueblo donde transcurre la obra se llama Salem, al igual que el lugar que se hizo famoso por las cacerías de brujas que se llevaron a cabo a finales del siglo XVII. El mito de la bruja, además de demostrar el miedo hacia lo desconocido, presentaba prejuicios contra las mujeres y su autonomía. La protagonista y sus amigas son jóvenes seguras de si mismas, sexualmente liberadas y transgresoras de normas sociales, así que se convierten en el blanco perfecto de la rabia desmedida que inunda al pueblo.

Así como ocurre con la elección del nombre del pueblo, la película a veces deja de lado la sutileza cuando intenta desarrollar sus ideas. Ya en el inicio del metraje notamos el enfoque explícito de la obra, que recurre a una advertencia (trigger warning) para adelantar los momentos más controversiales que veremos durante el resto de la cinta y que pueden herir sensibilidades. Algo similar vemos en los diálogos de los personajes y en la narración que hace la protagonista, en cuyas reflexiones se abordan de forma directa temas como la violencia, la misoginia o el ansia por condenar a los demás. La falta de delicadeza en su manera de tratar las ideas llega a ser poco convincente en ocasiones, pero esa ferocidad resulta coherente con los complicados elementos que atraviesan la obra.

Ese enfoque coincide también con el lenguaje cinematográfico utilizado por la película, que recurre a un estilo sobrecargado e hiperactivo. Además de la voz de Lily que sirve como narración en off durante algunas secuencias, la cinta ocupa música pop y una paleta de colores vibrante para resaltar lo que ocurre en la pantalla. Levinson no quiere que la dirección pase desapercibida, así que cada decisión estética busca llamar la atención de los espectadores hacia si mismas. Ese afán autorreferencial se expresa adicionalmente en momentos metaficticios, donde la película reconoce su propia calidad de tal, tratando así de crear un vínculo de complicidad con la audiencia.

La habilidad técnica del director se nota especialmente en un complejo plano secuencia filmado fuera de una casa, a través de una grúa que va mostrando las diferentes habitaciones por medio de sus ventanas, siguiendo a los personajes que están repartidos dentro del lugar. Menos impresionante pero igual de efectiva es otra escena donde una discusión entre dos personajes es intercalada con los pensamientos que va expresando la protagonista, lo que provoca un contraste entre las duras palabras que recibe y la importancia que la otra persona tiene para ella. En ambos momentos el lenguaje cinematográfico es ocupado como una herramienta para potenciar las sensaciones que quiere provocar.

El guion es claro al condenar la hipocresía y la misoginia que alimentan los ataques que sufre la protagonista y sus amigas, pero no sigue el camino fácil de retratar a Lily como una joven intachable y unidimensional, con la que sea fácil empatizar. En la película se muestra que además de su novio Mark (Bill Skarsgård), ella mantiene contacto con un hombre mayor, a quien envía fotografías y comentarios sugerentes a través de mensajes de texto. Es precisamente ese aspecto moral cuestionable de la protagonista lo que permite que el rechazo a los ataques que sufre tenga una mayor repercusión, ya que no es muy difícil ponerse del lado de alguien que no ha cometido errores de ningún tipo. En este caso, la obra sostiene que esa postura debe extenderse también a aquellas situaciones donde los afectados no estén “libres de culpa”, ya que tampoco se puede justificar por ese lado.

De su grupo de amigas, solo Bex llega a tener una caracterización sustancial, resultando también afectada de manera colateral por las filtraciones. Se trata de una joven transgénero que recibe el trato abusivo de sus compañeros de clase luego de que se revela su relación con uno de los atletas más conocidos del colegio. En el caso de Bex se nota aún más la falta de justificación de los ataques sufridos, ya que no están inspirados por algo que haya hecho sino por quién es como persona. La violencia presente en la película es caótica e intensa, explotando de manera repentina, con la mínima provocación. Basta un pequeño empujón para que todo se salga de control y esas personas que parecían tan comunes y corrientes muestren su verdadera cara.

Cuando eso ocurre, la cinta se acerca al terreno de una saga como The Purge, incluyendo además muestras de la compleja situación que Estados Unidos tiene con las armas de fuego. El peligro al que se ven expuestos los personajes se siente real, y las señales de sátira y humor negro que controlaron los primeros dos tercios del metraje dan paso a una palpable tensión. Pero ese tono más irreverente no es abandonado del todo, lo que queda claro sobre todo en su final, que busca encapsular el carácter absurdo de lo que puso en movimiento todos estos problemas.

Debido a los temas que trata de explorar, y su particular forma de abordarlos, Assassination Nation entrega un resultado algo irregular, siendo una obra que a veces se toma demasiado en serio a si misma y en otras ocasiones no demuestra la seriedad que las circunstancias exigen. Sin embargo, ese enredo llega incluso a encajar con el espíritu sanguinario de la película y en términos generales construye un relato con más virtudes que defectos.

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