Pet Sematary (2019)

Pet_Sematary-posterPor alguna razón, los vehículos han servido como una fuente de terror en más de una ocasión para Stephen King, tanto en su vida como en su obra. Así, por ejemplo, ocurre en su novela Buick 8: Un coche perverso, que publicó unos años después del accidente automovilístico que sufrió en 1999, cuando fue atropellado por un auto. Pero incluso en obras anteriores a ese hecho podemos ver a los vehículos como una amenaza mortal, lo que ocurre en el único largometraje que ha dirigido, la infame Maximum Overdrive (1986), y con su novela Christine de 1983. Ese mismo año publicó Cementerio de animales, que se convirtió en uno de sus libros más famosos, y que fue adaptado al cine en 1989 y tres décadas después vuelve con una nueva película, Pet Sematary (Cementerio maldito), narrando una historia donde otra vez aparece este peligro recurrente.

El primer susto que provoca la película involucra a un vehículo, específicamente a un camión, y ocurre luego de que la familia compuesta por Louis (Jason Clarke) y Rachel Creed (Amy Seimetz), junto a sus hijos Ellie (Jeté Laurence) y Gage (Hugo y Lucas Lavoie), llegan a su nueva casa en Ludlow, Maine. Provenientes de Boston, este matrimonio decidió dejar atrás la agitada vida de las grandes ciudades para trasladarse a un ambiente más tranquilo, en una zona rural donde Louis no tendrá que enfrentar tantos casos macabros en su trabajo como doctor; o al menos eso es lo que pensaban. No pasa ni un minuto cuando llegan a su nuevo hogar que los protagonistas se ven sobresaltados por el repentino ruido de un camión que pasa a gran velocidad por la carretera que está frente a la casa.

No se trata de un hecho aislado, que solo ocurre y ya. La presencia de estos camiones que transitan a gran velocidad cerca de la casa es la causa de las dos muertes que dan forma a la trama, y debido a los temas que explora la obra, sirven además como un constante recordatorio de que la muerte puede golpear de manera imprevista a cualquiera. Por si eso fuera poco, la casa tiene otro vínculo con la muerte, el que es materializado a través del cementerio de mascotas que está en el bosque que forma parte de la propiedad, y que ha sido utilizado por varias generaciones de los alrededores para sepultar a sus compañeros. Estos acontecimientos son tratados con gran ceremoniosidad por los niños del pueblo, quienes realizan una especie de procesión con siniestras máscaras de animales.

La primera muerte provocada por los camiones es la de Church, el gato de la familia. Dado que Ellie siente un cariño especial por la mascota, y el hecho puede lastimarla emocionalmente, el vecino de los protagonistas, Jud Crandall (John Lithgow), le aconseja a Louis no enterrar a la mascota en el cementerio mismo, sino que en un alejado terreno dentro del bosque. No es necesario haber leído la novela ni haber visto la anterior adaptación cinematográfica para saber que el terreno posee cualidades sobrenaturales, ya que varias de las historias de King han sido capaces de transformar la cultura popular de las últimas décadas, formando parte de nuestro conocimiento aun cuando no estemos conscientes de ello. Los efectos del terreno consisten en devolver la vida a aquellos que fueron sepultados en él, aunque sus personalidades son más violentas que las que tenían anteriormente.

Como indica la lógica, la segunda muerte no es de una mascota, sino que de una persona muy cercana para Louis, situación que lo enfrenta al dilema de utilizar nuevamente el terreno para revivirla, con el riesgo de que regrese como algo más peligroso. King aprovechó muy bien la premisa de esta historia para incluir diferentes temas relacionados con la muerte, como la culpa que agobia a quienes se sienten responsables por el fallecimiento de alguien, que está representado por los recuerdos que Rachel tiene de su hermana mayor; las dificultades para aceptar la muerte de un ser querido, aferrándose al recuerdo de ellos; o las preguntas acerca de qué ocurre cuando dejamos de existir.

La película también va desarrollando esas ideas, especialmente durante los dos primeros tercios del metraje, a través de escenas donde se abordan los temas de forma directa, como una conversación que Ellie tiene con sus padres, o con el subtexto de lo que vemos en la pantalla. Sin embargo, el buen trabajo de la cinta se ve perjudicado por la manera en que va elaborando los sustos, ya que recurre de forma repetitiva a los jump scares, una técnica facilista, que depende de simples sobresaltos en vez de construir una atmósfera tensa, inquietante. La primera aparición del camión afuera de la casa de los protagonistas, que funciona como el susto inaugural de la cinta, es un adelanto de esta estrategia, debido al estruendo repentino que ocupa.

Prefiero no insinuar el verbo “elevar”, dado que hace recordar el cuestionable término elevated horror (“terror elevado”) que es ocupado de vez en cuando para crear una división arbitraria entre exponentes del género que son considerados más respetables que otros, pero a riesgo de hacerlo existen películas de terror que son capaces de complementar los sustos bien hechos con un relato que se siente trascendente. Son obras como The Witch (2015), Get Out (2017) o Hereditary (2018), que no solo presentan historias sustanciosas, sino que las dotan de una narración y un lenguaje cinematográfico que está a la altura, lo que no ocurre con Pet Sematary. Aunque las ideas presentes en la cinta son muy llamativas, y a veces hay destellos de agudeza al momento de desarrollarlas, por lo general la manera en que va construyendo los elementos de género se siente como ese mínimo común denominador que caracteriza a tantas otras películas de terror regulares.

En lugar de potenciar esa corriente lúgubre que atraviesa el relato de King, la que descansa sobre una de las principales preocupaciones que ha abrumado a la humanidad, un misterio que nació cuando alcanzamos la consciencia de nuestra propia naturaleza, los directores Kevin Kölsch y Dennis Widmyer llenan a la obra de recursos superficiales y simplistas. Es difícil plasmar en las páginas de un libro algo tan conceto como un jump scare, y si bien no he leído la novela en la que esta cinta se basó, si he leído otras obras de Stephen King y el miedo que provocan se basa en un planteamiento cuidadoso de las situaciones para crear la tensión que finalmente es transmitida al lector. Es difícil ver sutilezas en una adaptación como esta, donde la labor de los directores está preocupada de cosas más efectistas. Aquella porción de la cinta que funciona lo hace no gracias a ese tipo de decisiones, sino que a pesar de ellas.

Las actuaciones son de buena calidad, lo que contribuye q que las ideas exploradas por la obra tengan repercusión en el lado humano del relato y no se sientan vacías. Es uno de los elementos de Pet Sematary que le dan a la obra méritos para ser reivindicada, al menos de forma parcial. Sin embargo, hay algunas escenas que poseen una carga emocional mayor, donde los personajes se ven superados por las circunstancias que los rodean, donde no pude evitar pensar cómo habrían resultado con actores de mayor presencia, como por ejemplo Toni Collette o Emily Blunt en el rol de Rachel.

Durante el último tercio de la obra el tono ocupado pasa a ser más exagerado, algo que también ocurrió con el anterior largometraje de los directores, Starry Eyes (2014). Las sutilezas son dejadas de lado en el clímax de la trama, que transforma los dilemas e interrogantes existenciales planteados durante las secuencias previas en un simple enfrentamiento entre fuerzas opuestas. Para desgracia de la cinta, en estas escenas finales hay un par de momentos que llegan incluso a ser involuntariamente cómicos, lo que distrae a los espectadores de lo que está ocurriendo en la pantalla.

Estos defectos de la cinta no son del mismo carácter que los presentes en la anterior adaptación de la novela, que en retrospectiva pueden incluso tener un cierto encanto por la época a la que pertenece. Esas diferencias permiten que la canción “Pet Sematary” que la banda de punk rock Ramones compuso para la película de 1989 resulte coherente con el espíritu de dicha obra, pero su presencia en esta nueva película a través de un cover de Starcrawler se sienta como algo fuera de lugar.

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