Hellboy (2019)

Hellboy-posterA lo largo de su carrera, Guillermo del Toro ha demostrado una afinidad por los monstruos, a los que ve como representaciones de lo marginal, contraponiéndose a la noción de lo “normal”. Por eso, cuando adaptó el universo de Hellboy al cine, personaje de cómic creado por Mike Mignola y publicado por la editorial Dark Horse Comics, tanto la película homónima de 2004 como su secuela de 2008 presentaban una cuota de humanidad que complementaba sus elementos más fantásticos. El director mexicano no se limitó solo a traspasar esas historias a un nuevo medio, sino que les agregó una impronta personal que convirtió a esas cintas en creaciones tan suyas como del autor de los respectivos cómics.

Aunque existía ánimo por crear una tercera película, tanto de parte del director como de su actor protagonista Ron Perlman, esos planes no se concretaron, y en vez de eso la productora Dark Horse Entertainment decidió estrenar una cinta que sirviera como reinicio para la franquicia cinematográfica. La llegada de esta nueva versión ocurre un año después de que del Toro ganase el premio Óscar al mejor director, así que su presencia es algo casi ineludible al momento de hablar de ella, lo que plantea además preguntas acerca de la necesidad de crear una película que omita las adaptaciones previas. Uno de los aspectos que han sido destacados durante la etapa promocional de la nueva obra es su fidelidad al material original, tanto en la historia que cuenta como en su tono, ya que las cintas de del Toro habían tratado de hacer algo que funcionase con sus propias reglas.

Mientras en las anteriores películas había algunos elementos ligados a los cuentos de hadas, y su protagonista presentaba un aire a veces melancólico, en la adaptación de 2019 se aprovecha la calificación R que tiene la obra, mostrando violencia gráfica y recurriendo a un lenguaje que no se podía ocupar en las obras de del Toro, que eran PG-13. El director Neil Marshall, que ha estado más ligado al cine de terror con películas como Dog Soldiers (2002) o The Descent (2005), y que también ha incursionado en la fantasía épica al dirigir dos episodios de la serie Game of Thrones, utiliza un enfoque más agresivo con esta nueva Hellboy, prefiriendo lo estruendoso y abarrotado por sobre lo meticuloso y delicado.

Como ya existen las dos películas anteriores, esta cinta no considera necesario presentar el mundo fantástico en el que transcurre de manera gradual, introduciendo sus aspectos más estrafalarios de a poco, sino que parte sin ataduras. Su prólogo está ambientado algunos siglos en el pasado, durante la época del rey Arturo, quien desmembró a una poderosa bruja llamada Nimue (Milla Jovovich), ocultando las partes de su cuerpo en varios rincones de Inglaterra. Sin embargo, la hechicera logra recuperar sus poderes y con la ayuda de Gruagach (Stephen Graham), un jabalí antropomórfico, buscará crear un apocalipsis en el planeta, a través del cual las oscuras criaturas que estaban escondidas se apoderarán del mundo. Hellboy (David Harbour), un demonio rojo que trabaja en la Agencia para la Investigación y Defensa Paranormal (AIDP), intentará detenerla junto a Alice Monaghan (Sasha Lane), una joven psíquica, y Ben Daimio (Daniel Dae Kim), un militar de misteriosos poderes.

La película está llena de elementos extravagantes, que incluyen gigantes, vampiros, nazis, brujas, profecías, la espada Excalibur y agrupaciones secretas. Marshall ocupa un tono estrepitoso, que recurre a la acción y al humor como principal motor del relato, sumergiéndose en el extraño entorno que habita el protagonista. Las salpicaduras de sangre y los excesos visuales son acompañados con algunas canciones de Muse y Alice Cooper, e incluso un cover en español de “Rock You Like a Hurricane”. Sus intentos por mezclar violencia extrema con humor demuestran un interés por acercarse al éxito de otras películas de superhéroes como Kick-Ass (2010) o Deadpool (2016), pero una cosa es lo que busca y otra lo que logra.

No es difícil identificar qué es lo que Hellboy quiere ser. Vemos, por ejemplo, sus intentos por crear una dinámica desenvuelta entre el protagonista y sus dos acompañantes; también la intención de crear diálogos ingeniosos, que den cuenta de un ambiente chispeante; el carácter sardónico con el que busca ser modelado el personaje principal; el deseo del guion por crear un sutil coqueteo entre Alice y Ben; o incluso una rara incursión en el terreno de la metaficción, con una torpe referencia directa a una secuela de la película. Pero ninguno de estos esfuerzos se siente natural ni eficaz, cayendo en cambio en una nota plana, sin mayor brillo. Algo similar ocurre con los grandes temas que el relato busca instalar, como el vínculo filial que existe entre Hellboy y Trevor Bruttenholm (Ian McShane), su padre adoptivo, o el dilema al que se ve enfrentado el protagonista cuando debe luchar contra otros monstruos. Son buenas ideas en el papel, pero insípidas en su desarrollo.

Los aspectos más llamativos de la obra se alejan de la trama misma y de la manera en que son caracterizados los personajes, acercándose más el diseño de producción y a la dirección artística. Hay una escena dentro de la película que no tiene mucha razón de ser en relación con el resto del relato, pero nos permite ver a Baba Yaga, el antiguo personaje del folklore eslavo, que es representada como una bruja con un diseño imaginativo y tétrico. Esa creatividad visual también se ve hacia el final de la película, cuando comienzan a surgir unas figuras demoniacas desde las entrañas de la tierra, con unos cuerpos creados especialmente para producir sufrimiento en quienes se atraviesen por su camino.

Son destellos aislados que le dan algo de valor a una obra irregular, donde queda demostrado que ser fiel a la obra original no es de por si algo positivo. Marshall no es un mal director, como se puede ver en algunos de sus trabajos anteriores, pero en esta cinta son pocas las cosas que terminan de funcionar. La película tiene una sobreabundancia de elementos, varios de los cuales no llegan a ser desarrollados con el tiempo que merecen, transmitiendo la sensación de que el objetivo consistía más en agregar el mayor número de cosas en vez de preocuparse por crear un relato coherente. Creando un paralelo con otros personajes de cómic, el Hellboy de Guillermo del Toro -tanto las películas como su protagonista- se asemejan a La Mole, debido a la bondad y melancolía que demuestran, mientras que esta nueva versión se acerca a la bronca desmedida de Hulk.

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